Tender la mano a los que más necesitan
Se celebra hoy la IV Jornada Mundial por los Pobres, una iniciativa impulsada por el Papa Francisco para promover la reflexión y mover a la acción solidaria en favor de los más necesitados del planeta.
Según el Programa de las Naciones para el Desarrollo, cerca de 1.300 millones de personas en todo el mundo viven sumergidas en la pobreza; y la mitad de quienes sufren la persistente desigualdad social son niños.
Este año la jornada se lleva a cabo bajo el lema “Tiende tu mano al pobre”, como una forma de recordar la necesidad de construir un mundo más justo, más humano. “Las graves crisis económicas, financieras y políticas no cesarán mientras permitamos que la responsabilidad que cada uno debe sentir hacia al prójimo y hacia cada persona permanezca aletargada”, expresó el Papa en el mensaje que brindó en la presentación de esta IV Jornada Mundial.
“Tender la mano es un signo: un signo que recuerda inmediatamente la proximidad, la solidaridad, el amor. En estos meses, en los que el mundo entero ha estado abrumado por un virus que ha traído dolor y muerte, desaliento y desconcierto, ¡cuántas manos tendidas hemos podido ver! La mano tendida del médico que se preocupa por cada paciente tratando de encontrar el remedio adecuado. La mano tendida de la enfermera y del enfermero que, mucho más allá de sus horas de trabajo, permanecen para cuidar a los enfermos”, reflexionó el jefe de la Iglesia Católica, tras señalar que la crisis sanitaria global puso de relieve la necesidad de alentar “una nueva fraternidad, capaz de ayuda recíproca y estima mutua”.
La Jornada Mundial de los Pobres se celebró por primera vez en noviembre de 2017. En esa oportunidad, el Sumo Pontífice pidió que se repita todos los años con el fin de invitar a la reflexión sobre cómo se puede ayudar a los más necesitados. En Argentina, Cáritas —la organización de la Iglesia Católica que trabaja para dar respuesta a las problemáticas sociales de las comunidades excluidas y ayudar a personas en situaciones de pobreza que viven en todos los rincones del país— se sumó a esta iniciativa mundial con una campaña para generar conciencia y dar visibilidad a los millones de argentinos que sufren la pobreza.
Según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, el índice de pobreza llegó al 40,9 por ciento de la población en el primer semestre de este año, con un 10,5 por ciento en nivel de indigencia. Por su parte, datos del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), confirmaban ya el año pasado que más de la mitad de los niños, niñas y adolescentes de la Argentina vivían en una situación de pobreza. La irrupción de la pandemia no hizo más que agravar el cuadro social de estos chicos que viven en hogares que no tienen agua potable, que ingresan en el sistema educativo en forma tardía o que directamente no asisten a la escuela, que no cuentan con ningún tipo de protección social ni tienen acceso a los servicios de salud, por citar solo unas pocas privaciones de la larga lista de carencias que sufren muchos niños y niñas en todo el país. Las cifras del Indec señalan que un 56,3 por ciento de los argentinos que tienen entre 0 y 14 años son pobres. Son cifras muy altas de niños y adolescentes que tienen hipotecado su futuro y, por lo tanto, el futuro del conjunto de la sociedad, si la comunidad no asume el compromiso de revertir esta situación, de manera tal que las familias más vulnerables del país tengan ingresos suficientes para llevar una vida digna.
Merece destacarse la labor que realizan en todo el país los más de 32.000 voluntarios de Cáritas —la organización de la Iglesia Católica que trabaja para dar respuesta a las problemáticas sociales de las comunidades excluidas y ayudar a personas en situaciones de pobreza que viven en todos los rincones del país—, que conforman 3.500 equipos de trabajo preparados para acompañar a las personas en situación de vulnerabilidad, generando vínculos fraternos, favoreciendo la cultura del trabajo, la solidaridad y el bien común. La misión de estos voluntarios es acompañar y promover a las personas en situación de pobreza para lograr su inclusión social. El desafío, por supuesto, es enorme. Por eso es de esperar un mayor compromiso de toda la comunidad, para trabajar por el bien común a fin de superar todas las formas de pobreza.










