¿A quiénes incomoda el poder de las mujeres?
La vicepresidenta electa de los Estados Unidos, Kamala Harris, dijo en el primer discurso que pronunció tras los resultados de los comicios que puede ser que ella sea la primera mujer en ocupar ese cargo, pero no será la última. Acostumbrada a enfrentar las barreras de acceso a lugares de poder impuestas por varones blancos en la sociedad norteamericana, esta abogada hija de inmigrantes que sufrió en carne propia la discriminación racial, tiene en sus manos el enorme desafío de escribir un nuevo capítulo en la histórica lucha por la igualdad en el país más poderoso del mundo.
Hija de madre india y padre jamaicano, Harris fue la primera mujer de tez oscura en acceder al cargo de fiscal general de California. Años más tarde, en 2017, en su rol como senadora se destacó y llamó la atención de la opinión pública norteamericana por las demoledoras e incómodas preguntas que formuló al magistrado del Tribunal Supremo Brett Kavanaugh durante las audiencias para su confirmación en ese alto cargo, lo que le valió las críticas del presidente Donald Trump, quien -fiel a su estilo misógino- lanzó una serie de mensajes contra ella, calificándola de “la más mala, horrible e irrespetuosa del Senado”. Cualquier similitud con los mensajes que comunicadores de grandes medios porteños repiten como un mantra en nuestro país contra la vice presidenta, Cristina Fernández, es -claro- pura coincidencia.
¿Quien teme el poder de las mujeres?, se pregunta la especialista en comunicación política y liderazgo con perspectiva de género y consultora de ONU Mujeres, Virginia García Beaudoux, en su libro que lleva ese mismo título y que es, sin dudas, un texto imprescindible para comprender la situación de las mujeres en relación a los nuevos liderazgos que necesita el siglo XXI. La autora observa que, en todo el mundo, las mujeres que se atreven a disputar espacios de poder a los hombres deben hacerlo en condiciones más desfavorables y luchar contra reglas no escritas y prejuicios sutiles que muchas veces son difíciles de visibilizar. ¿Qué significa ser una mujer ambiciosa en una sociedad todavía dominada por hombres? ¿Por qué se acepta como normal que a una mujer candidata a ocupar una posición de poder los periodistas le pregunten si está capacitada para la tarea, cómo hace para conciliar la vida profesional y la personal, si tiene hijos y cuántos, cómo afecta a su pareja y familia su actividad laboral, qué dietas hace, cuántos kilos ha adelgazado, si se haría la cirugía estética o si su marido es romántico?, son otros de los interrogantes que plantea García Beaudoux.
Es muy probable que el anacrónico mensaje sexista de Trump haya jugado un papel clave en el rechazo a su controversial figura en los comicios de la semana pasada en Estados Unidos. Como contracara del discurso del magnate, Kamala Harris hizo campaña con una posición que la diferenció claramente de la particular visión que tiene del mundo el actual inquilino de la Casa Blanca. “No soy perfecta. Pero siempre hablaré con decencia y con una claridad moral. Voy a tratar a todos con dignidad y respeto”, dijo ante una multitud de seguidores (en su mayoría mujeres, negros y blancos de bajos ingresos) que participaron de un acto que se realizó en California. En otras ocasiones, también en campaña, dedicó emotivas palabras para todas las mujeres que la precedieron en las luchas por la igualdad que, de alguna manera, allanaron el camino para que ella pudiera acceder a lugares donde se toman decisiones y estar hoy a un paso de la Casa Blanca. Se asegura, incluso, que el traje blanco que utilizó la noche que dio su primer discurso tras las elecciones fue un homenaje a las sufragistas que lucharon por el derecho al voto de las mujeres en Estados Unidos. Pero no fue el único guiño de la próxima vicepresidenta. También eligió el día del nacimiento de Martin Luther King para lanzar su campaña en la carrera hacia la Casa Blanca, y convenció a los diseñadores de su equipo electoral que el logo elegido debía recordar el que usó en 1972 Shirley Chisholm, la primera mujer afroamericana en buscar la nominación a la presidencia en EEUU, a quien se le atribuye la frase “si no te dan un lugar en la mesa, trae una silla plegable.”
Kamala Harris está llamada a convertirse en una líder global. Tiene por delante la tarea de ayudar a transformar al mundo en un lugar que incluya, en todos los ámbitos, a todas las mujeres.










