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Refugio San José, lugar de contención contra las adicciones

La Fundación Camino, Verdad y Vida Gerardo Vogt nuclea todas las situaciones de marginación y de necesidad social. El refugio San José es la casa de contención para jóvenes y adultos con problemas de adicción.

Sergio Odria
Por: Sergio Odria
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El padre Juan José Crippa dirige el refugio y otras propuestas de acompañamientos a sectores vulnerables de la sociedad. Foto: Fabián Maldonado.

Así lo explica el padre Juan José Crippa, referente de la Fundación que tiene su oficina central en Calle 3 y Vernet, Puerto Tirol, frente al polideportivo. Crippa menciona que el proceso comienza con un ambulatorio “donde nos encontramos con los jóvenes que están con este problema”. Agrega que hoy también realizan con las familias encuentros semanales hasta ver la necesidad (o no) de internación. “En casos no hace falta y en otros nosotros no lo podemos contener por la situación particular que tiene. En otros casos vemos en qué podemos acompañar”, comenta.

LABORTERAPIA Y LOGOTERAPIA

“Luego se hace el ingreso a la granja en Puerto Tirol. Hacemos laborterapia, que es aprender a trabajar con otros, a asumir responsabilidades llevando adelante una vida de granja”, dice Crippa. “También hacemos logoterapia, que es aprender a decir las cosas que siento, aprender a ponerle nombre a lo que siento, a lo que digo, a lo que experimento, para no terminar solamente en acto, sino aprender a reflexionar y a ordenar las ideas con los demás”. La fundación tiene propuestas de asistencia y acompañamiento, y en la granja hay varias actividades.

“Herrerías, carpinterías, labores de campo, tareas de limpieza. En definitiva, todo lo que pueda hacer a la convivencia. Nuestro tiempo está lleno allá (Refugio San José) porque vamos tratando de utilizar el tiempo y también asumiendo la responsabilidad”, agrega.

“Desde las 6.30 nos levantamos, tomamos mates, charlamos, hacemos nuestra oración. Vamos a la granja a atender animales, desayunamos y después tenemos actividades como arreglar un alambrado, emparejar un camino, regar las plantas. Después por la tarde continuamos con otras actividades”, comenta.

ASISTENCIA A COMEDORES

La Fundación está en permanente actividad y la labor solidaria, presente en acompañamiento y asistencia a cuatro comedores de asentamientos. “Asistimos a comedores con lo que nos ayudan y con lo que producimos en la granja”, dice Crippa. “Tenemos un convenio con el mercado frutihortícola de sacar la verdura que ellos no comercializan. Entonces nosotros seleccionamos lo necesario”, agrega.

TIEMPOS DE PANDEMIA

“Dentro de nuestra casa seguimos con las mismas actividades, recibimos hasta 25 nada más y después con los coordinadores llegamos a unos 30”, señala al mencionar la actividad en tiempo de pandemia. “Tenemos el uso de protocolo para los que salen hacer actividad, sea porque hace un trabajo afuera o porque salimos para ir al mercado o panaderías. El grupo que sale es el que tiene que tener todos los recaudos a la salida y a la entrada”, expresa.

Un Día de la Madre muy especial

“Tres motivos nos mueven para compartir con la comunidad. Queremos compartir con familiares y amigos de la Fundación la gran alegría de que cuatro jóvenes en la misa del Día de la Madre en el Refugio tendrán el alta en su proceso, para ir haciendo su reinserción. Ellos son Mauro Exequiel Bistman, de Resistencia; Roberto Javier Gómez, de El Sauzalito; Cristian Nicolás Maidana, de Barranqueras; y Gonzalo Fabián Louka, de Charata”, señala el padre Crippa.

“Otros cuatro en este tiempo de pandemia están ya próximos a la última etapa del proceso, cuando se deben trabajar más de cerca valores como el hacerse cargo de sí y de sus actos, ser referente en la obediencia a las normas de convivencia para los que van ingresando en el proceso, y aceptar lo que debe ser y no lo que les gustaría”, comenta.

“Aflora el pechito duro ( yo no voy a aguantar que este se me burle, o yo hice todo bien y porque agarre algo ajeno, no voy a aceptar que me dejen sin la llamada de mi familia, etc), salen buscando excusas, mintiendo, victimizándose con tan de que lo acepten afuera; aquí la familia es fundamental para hacer reflexionar: ¿para qué entraste? Para cambiar. ¿Y por qué entraste? Porque no obedecía ni respetaba las normas de casa, porque terminaba haciendo lo que yo quería. Y ahora, ¿no estás haciendo lo mismo?.

Dijimos que terminamos bien y saliendo por la puerta. No puede ser que nosotros como familia tiremos la toalla, ahora de un día para otro ya no te quieran y se ensañen con vos para hacerte sufrir. El ego, como el cebollín de jardín, todavía sigue retoñando, habrá que cortarlo para decir que aquí esas actitudes y justificaciones no queremos.

“Para los que asumimos la responsabilidad de aceptarlos, contenerlos y acompañarlos, siempre con el compromiso de su familia, es todo un desafío que nos exige madurez y crecimiento, siendo capaces de relacionarnos con cada uno de los jóvenes y adultos con los que convivimos muchas horas, tratando de no dejarnos manipular afectiva ni emocionalmente; aprender a quererlos sin sobreprotegerlos, ayudarlos a madurar y a enfrentar y resolver los conflictos personales como adultos y poniendo nombre a sentimientos y emociones, sin echar la culpa de sus fracasos a los demás y sin hacerse las víctimas de las circunstancias, la familia o la realidad social”, dice Crippa.

“El segundo motivo de compartir esta nota con la comunidad es poder dar gracias a tantas personas que en estos 20 años nos acompañaron y ayudaron, espiritual y materialmente. No queremos nombrarlos, porque las ayudas que nos han hecho han sido de corazón, sin necesidad de salir en portadas de noticias. La verdad, le damos gracias a Dios cada día por contar con amigos así; han tocado nuestros corazones. Si tuviéramos que hacer una acción de gracias que contenga a todos, sería en la persona, el amor y generosidad del padre Gerardo Vogt, mentor y piedra fundamental de lo que hacemos y vivimos hoy. No solo nos dejó su ejemplo, se dio por entero buscando a los más frágiles y postergados. Y como él hay personas que nos dieron todo, como lo hizo la viuda del Evangelio. Familias que nos compartieron su techo y su pan, congregaciones religiosas, empresarios que aportaron para las obras que hoy usamos para la promoción humana, en el bello arte de construir personas. Agradecer a los que nos acompañaron con su presencia y su amor incondicional: ustedes son nuestra ofrenda en cada eucaristía”, comenta.

“Y en tercer término queremos agradecer a todos los integrantes del movimiento Alegría (jóvenes que realizan apostolado, hoy disminuido por los tiempos que estamos pasando, pero presentes), también a los integrantes del movimiento Siloista (mayores de 25 años), que junto a los jóvenes y amigos de la Fundación llevan adelante el oratorio en el salón Divino Niño, cada sábado; también la contención de las abuelas y abuelos, a través del 0800 Abuelos. Por otro lado, tenemos el vivero San José como propuesta de reinserción social y laboral para jóvenes que están haciendo el proceso en la granja, otro tanto hacemos con el ropero”, concluye.