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La lucha contra el hambre, un compromiso universal

Erradicar el hambre y la desnutrición es uno de los principales desafíos que enfrenta la humanidad en estos tiempos. Así lo señala el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que acaba de recibir el Premio Nobel de la Paz en reconocimiento a la enorme tarea que realiza para asistir a millones de personas de las regiones más necesitadas del planeta.

Tras conocerse la decisión del Comité Noruego del Nobel de otorgar el galardón, la organización humanitaria recordó que una de cada diez personas sigue sin tener suficiente alimento en un mundo que, paradójicamente, descarta cada año cerca de 1300 millones de toneladas de comida producida para el consumo humano.
Se sabe, además, que una alimentación insuficiente no solo predispone a las personas a sufrir más enfermedades, sino que también impacta en forma negativa en la educación y el acceso al empleo de amplias franjas de la población.

Según los expertos del Programa Mundial de Alimentos, la pandemia global de coronavirus con su impacto en las economías y comunidades agravó la situación en la mayoría de los países empujando a millones de personas a la pobreza y la exclusión.
El Comité Noruego del Nobel informó que otorgó el Premio Nobel de la Paz al Programa Mundial de Alimentos por “sus esfuerzos en la lucha contra el hambre, su contribución para mejorar las condiciones de paz en las zonas afectadas por los conflictos y por haber impulsado los esfuerzos para no convertir el hambre en un arma de guerra”.

La organización humanitaria brinda asistencia alimentaria a las víctimas de conflictos armados, sequías, inundaciones, terremotos, huracanes, pérdidas de cosecha y desastres naturales. Para obtener mejores resultados en las acciones que emprende trabaja en forma coordinada con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) y el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA).
¿Cuáles son las razones del hambre en un mundo en el que miles de organizaciones gubernamentales y no gubernamentales trabajan para ofrecer asistencia alimentaria a los más necesitados? Las políticas económicas que agravan la pobreza y la exclusión, los conflictos armados y los desplazamientos forzados, el cambio climático y la especulación financiera sobre los precios de los alimentos (los mercados financieros internacionales influyen cada vez más en el precio de las materias primas agrícolas), son algunas de las variables que se deben analizar a la hora de buscar respuestas.
En noviembre del año pasado, y por segundo año consecutivo, cuatro agencias de las Naciones Unidas -La Organización Panamericana de la Salud (OPS), la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) se unieron para publicar el informe “Panorama de la seguridad alimentaria y nutricional en América Latina y el Caribe”.

El documento alertaba ya en ese momento sobre el problema del aumento de la obesidad, el sobrepeso y el hambre en los países de la región; y a la vez destacaba la urgente necesidad de promover entornos alimentarios más saludables mediante impuestos e incentivos fiscales que favorezcan una alimentación adecuada, sistemas de protección social, programas de alimentación escolar y la regulación de la publicidad y de la comercialización de alimentos.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) afirma que en el mundo actual se dispone de una amplia variedad de herramientas y de los conocimientos suficientes para combatir el hambre.

Por eso considera que en un mundo caracterizado por la abundancia, la imposibilidad de acceder a un plato diario de comida no sólo es una vergüenza moral, sino que es también una violación del más fundamental de los derechos humanos: el derecho a una alimentación suficiente.

Se debe remarcar, por otra parte, que además de ser considerado moralmente inaceptable, el hambre debe ser combatido con el esfuerzo de todos, ya que una sociedad que no cuida de sus integrantes más vulnerables tarde o temprano deberá asumir los costos que esa omisión representa en términos de desarrollo, productividad, crecimiento y convivencia armónica en la comunidad.

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