El buen manejo de la tecnología en insumos y procesos clave para la rentabilidad
CHARATA (Agencia) Este 2020 será un año de fuertes cambios, aún es imposible evaluar el impacto que tendrá en la economía mundial, e incluso en las relaciones comerciales, claves para el sector. Pero, si es claro que la tecnología, el uso de las mismas, ha dado un salto importante, particularmente en los procesos. A esto hay que sumarle la sequía, los incendios rurales, y las políticas públicas que continúan debatiéndose, mientras el campo no para.
El 2020 ha sido un año con muchos factores determinantes para el mundo, pero en particular para el campo. Como principal productor de alimentos, el campo no pudo parar, pero al factor pandemia, se le sumaron los cambios en las políticas a nivel nacional, un exceso hídrico en febrero, y la sequía durante más de cinco meses, en momentos claves de las campañas.
Dentro de todo este combo, al igual que otros sectores, la tecnología adelantó procesos que se venían gestando, y obligó a tomarlos e ir conociéndolos, más rápidamente de lo esperado.
“En estos meses se dieron toda una combinación de factores los cuales, si bien algunos nos perjudicaron, en otros casos fue beneficioso”, reconoció el ingeniero Leonel Solé de la firma Agroinsumos Dionisi.

Menos girasol
Par Sole, la campaña de “fue buena y positiva”, pero el problema llegó después con la falta de lluvias. “Empezamos la campaña de girasol con un perfil de agua en los suelos muy escasa, la lluvia que esperábamos en mayo- junio no se dieron; ya prácticamente son 5 meses que no hubo una carga de perfil de agua. La decisión de siembra de girasol, la fecha óptima es entre el 15 de julio al 15 de agosto, estamos en septiembre y las proyecciones de siembra de girasol cayeron mucho”, indicó.
“La intención de siembra por datos del Ministerio de Producción eran de 280.000 hectáreas, aproximadamente y en la práctica, por los los números de retiro de bolsa de Agroinsumos Dionisi o las estimaciones por imágenes satelitales, estamos en 30 a 40% de la siembra de superficie sembrada”, agregó
El trigo ganó terreno
“El trigo empezó por mercado en sí a tener un buen valor y por memorias de años anteriores el productor se animó a hacerlo”, manifestó Solé, pero no escapa a las consecuencias de la sequía. “Empezó con un perfil bueno de agua pero se cortaron las lluvias. A eso hay que sumarle también que hubo un periodo de heladas, que no ocurría en años anteriores, y afectó en etapas importantes, como la formación de espigas”, señaló.
En los últimos días la humedad que se sumó, llegó a través de algunas lloviznas aisladas y la promesa de lluvia, se podría concretar a mediados del mes.
La tecnología
El productor de la región ha sido siempre muy predispuesto a adoptar tecnología, rápidamente. Ya sea para rentabilizar su producción como contrarrestar algunas complicaciones como es la lejanía de los puertos, pero la pandemia hizo que además, tuviera que pasar más tiempo entre pantallas y en teléfonos.
“La verdad es que el productor, a la fuerza, se fue adaptando desde el contexto de coronavirus en la parte de comunicación ya sea WhatsApp, mail para hacer los negocios”, reconoció Solé.
“La tecnología en los cultivos, sabemos que desde el mediano, chico y gran productor se adopta, o lo trata de adoptar; y este con el contexto coronavirus el cual nos aleja pero nos acerca a través de la tecnología, es un desafío importante y todo lo que viene hacia adelante será así. Este contexto nos hizo adelantarlo”, remarcó.
Los datos e información
La agricultura de precisión comenzó a tener un claro protagonista: los datos. Pero, ¿qué hacer con esos datos?, sigue siendo un camino a recorrer. Las empresas de insumos, maquinarias, continúan esa búsqueda por lograr que toda esa información se transforme en herramientas para el productor.
“Hoy es prácticamente todo digital, la parte de planillas, los semilleros se están adaptando a esto que es vía Zoom, y existe constantemente un seguimiento de datos lo cual nos acerca a los productores a través de las llamadas por teléfono, por citar ejemplos.
Pero, en el caso de Agroinsumos Dionisi, no es el único modo de aplicar la tecnología de datos. Hace unos años que la empresa decidió hacer una fuerte inversión en el tratamiento de semillas.

“Contamos con una máquina para todo tipo de tratamientos, y ahora que se viene la campaña de soja, lo que brindamos es el servicio de la inoculación y de tratamiento de fungicida e insecticida en nuestra planta. Si bien somos semillero, y el productor puede comprar las bolsas ya curadas, o ya tratadas, a su vez también el que tiene su propia semilla puede traerla a tratar. Para esta nueva campaña estaremos sumando la cámara de frio”, explicó Solé
Rentabilidad y manejo
El manejo sigue siendo clave, pero el manejo también es conocer la tecnología disponible y saberla utilizar para optimizar la rentabilidad. ¿Pero por dónde empezar a hacer bien los deberes?, bueno, por el principio.
“En todo sistema productivo lo importante es empezar bien con la siembra. Esto es ahorrar muchos costos dentro del campo, y darle este servicio del tratamiento de la semilla, llevarla tratada hace que el productor se olvide del costo logístico, manual, y empezar en la siembra con una buena inoculación, un buen tratamiento, una buena distribución del producto en la semilla desde el inicio no es lo mismo que hacerlo en el campo”, destacó.
Incendios rurales: impacto productivo
Una de las cuestiones que también dominaron la escena de este 2020, han sido los incendios rurales. Gran parte del sudoeste chaqueño, y el límite con Santiago del Ester, fueron epicentro de importantes focos. El impacto, no solo a la vida silvestre, al ecosistema y a la vida animal, va más allá, también es productivo.
“Un productor mediano, grande, chico, viene con un esquema de rotación, que está implementando la siembra directa hace varios años, en la cual vienen incorporando gramíneas para darle mejor sustento al sistema productivo; de repente un incendio ya sea intencional o no o un descuido, es una vuelta para atrás y tiene que empezar de nuevo en ese lote”, manifestó Solé. Las pérdidas de materia orgánica, el calentamiento del suelo, hace que la pérdida productiva pueda alcanzar hasta un 50 por ciento.
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