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ADRIANA PERRONI, INTENSIVISTA DEL PERRANDO

“Jóvenes no quieren la especialidad, se trabaja mucho y se gana poco”

La pandemia visibilizó la falta de profesionales en las terapias intensivas, que advirtieron sobre la posibilidad de un colapso del sistema.

Uno de los datos que más preocupa a las autoridades para analizar el avance de la pandemia es el nivel de ocupación en las unidades de cuidados intensivos, pero existe una variable relacionada que sistemáticamente estuvo olvidada pero que en tiempos de gestión de crisis adquiere relevancia y que los propios protagonistas piden que se analice como lo es el recurso humano.

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La pandemia expuso la falta de médicos especialistas en las terapias intensivas de todo el país.

El coronavirus desnudó el déficit que existe en intensivistas, y que quienes acumulan años de trabajo y sacrificio en las terapias entienden que en la actualidad la falta de especialistas se explica por la poca remuneración y también motivaciones por la profesión.

‘Los jóvenes no quieren enfocarse en esta especialidad porque saben que trabajarán mucho y ganarán poco‘, señala Adriana Perroni, intensivista del hospital Perrando quien fue de las dos profesionales que recibió el primer caso de coronavirus que ingresó al principal centro sanitario de la provincia antes de que se decretara el aislamiento.

En cifras, la profesional señala que se abona 250 pesos la hora un día hábil y 100 pesos más si es un fin de semana o feriado a quienes están 24 horas dentro de una guardia médica, números que explican por sí solos las razones de la falta de estos especialistas.

No obstante, Perroni señala que la poca paga no es una cuestión actual pero que otrora se observaba un deseo de médicos de abocarse a esta especialidad que ahora parece despertarse en unos pocos.

Con sus 63 años recordó que cuando le tocó efectuar su residencia, entre Chaco y Corrientes había cuatro cargos para 16 postulantes y hoy los lugares sobran por la falta de oferta especializada.

‘En todo el país quedan cargos vacantes, jamás se completan los cargos, los jóvenes no quieren una vida sacrificada cuando la remuneración es poca‘, señala.

‘El médico de terapia intensiva está en la trinchera hasta los últimos días de su vida‘, agrega para marcar que ante la escasez de quien los releve, la dificultad que se produce para que se dé el natural recambio generacional hace que se explique el problema.

Como anécdota recordó que cuando intervino con el primer paciente con coronavirus en el hospital Perrando solamente se encontraba con otra profesional en la guardia ambas dentro de lo que hoy podría considerarse grupo de riesgo y sin la presencia de residentes, que también son pocos y que habitualmente se desempeñan de lunes a viernes cuando el hecho ocurrió un domingo.

DÉFICIT

Se calcula que existen poco más de 1900 intensivistas en todo el país, un número muy bajo para la demanda que atiende y que se profundiza en el medio de una pandemia, en el Perrando naturalmente la situación es similar y lejos está de cumplirse lo aconsejable por la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva (SATI) de que un profesional no esté al control de más de ocho pacientes durante una guardia.

‘Tratamos de que estemos dos profesionales de planta con el respaldo de un residente, pero eso no siempre ocurre‘, se sincera Perroni por la unidad de medicina crítica polivalente del Perrando que tiene unas 24 plazas, lo que le lleva a inducir que se precisa la incorporación de este recurso humano calificado.

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