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Lobos marinos, acantilados y cabalgatas patagónicas se imponen en el sur argentino

Más de 6.500 lobos marinos, unos 75.000 loros barranqueros y numerosas especies continentales y marinas, con acantilados de cientos de metros de altura, restingas, playas y el faro más antiguo de la Patagonia, son algunos atractivos del Camino de la Costa de Río Negro en sus 200 kilómetros junto al mar, una de las ofertas más acordes al nuevo turismo pospandemia de esa provincia.

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El circuito transcurre sobre la ruta provincial 1, con el particular azul infinito del mar patagónico que se confunde con el cielo, del un lado, y un desierto de arena y médanos cada vez más verde, del otro, en un ambiente donde los sonidos predominantes son el canto de los loros, el bramido del mar y el permanente viento patagónico.

Es una zona todavía para descubrir, porque si bien en sus cabeceras, que son el balneario El Cóndor (Viedma) y San Antonio Este (municipio de San Antonio Oeste), hay servicios, en realidad toda la traza es una lugar natural‘, dijo a Télam Mariela Messina, subsecretaria de Desarrollo Turístico provincial.

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La funcionaria contó que ‘el objetivo es desarrollar un concepto de ruta escénica para el Camino de la Costa‘, en torno al cual hay ‘áreas protegidas, playas, acantilados, una diversidad de paisajes en esos 200 kilómetros, que permiten ir armando ofertas muy particulares y adaptadas a lo que va a ser el turismo poscovid‘.

Las características, siguió, son ideales: ‘poca gente, mucho espacio, actividades relacionadas directamente con la naturaleza, avistamiento de aves, caminatas, mountain bike, observación de fauna marina‘. Quien haya circulado por el Camino, en especial antes de su asfaltado total, podía dedicarle casi una jornada diurna al recorrido sin cruzarse con otro vehículo, y tener a los loros, martinetas copetonas, gaviotas, chimangos o alguna piara de jabalíes a lo lejos como única compañía.

Cualquier punto del trazado es ideal, si la geografía lo permite, para descender unos centenares de metros hasta el mar y disfrutar de playas protegidas de los fuertes vientos, con restingas que forman piletones de agua que se entibian en días de sol, y desde las cuales se puede también probar suerte con la pesca. Si el recorrido comienza en El Cóndor, quien disfrute de la observación de aves debe dedicarle un tiempo a los bosques y pastizales del lugar, que es una confluencia de regiones que combina especies fijas y migratorias.

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‘Tenemos una particularidad en esta zona -apuntó Messina-, formada por el Valle Inferior del Río Negro, que combina tres bioregiones, que son la zona marítima, la Patagonia y el sur de La Pampa. Tenemos en este lugar más de 120 especies de aves identificadas, entre marinas, costeras, patagónicas y pampeanas‘.

El siguiente atractivo, apenas iniciado el recorrido, es el Faro de Río Negro, una edificación blanca entre la ruta y el mar, de 43 metros de altura, inaugurado el 25 de mayo de 1887, que con sus 132 años es el más antiguo en funcionamiento de la Patagonia.

La playa Lobería es sólo un lugar de esparcimiento, ya que la colonia de lobos marinos de un pelo se encuentra más adelante, en Punta Bermeja, donde los más 6.500 ejemplares en temporada alta (invierno) sólo pueden ser observados desde las pasarelas armadas lo alto de los acantilados, donde también está el centro de interpretqción.

El lugar es ideal para también observar más aves de ese ecosistema, como la paloma antártica, cormoranes, gaviotas -cangrejeras y cocineras-, petreles, biguás, gaviotines, halconcito colorado, halcón peregrino, chimangos y los omnipresentes loros barranqueros.

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La jefa de Desarrollo Turístico aclaró que ‘en la colonia de Punta Bermeja, a diferencia de otras, los animales están todo el año‘ y acotó que en este apostadero, el más importante de Sudamérica, ‘también las orcas se pueden avistar en invierno, cuando vienen a alimentarse a esta lobería‘.

La piedra arenisca de los paredones de la meseta patagónica en su encuentro con el mar presenta infinidad de perforaciones, donde habita la mayor colonia de loros barranqueros del mundo, que en el último censo, ‘que no se hacen todos los años, se contabilizaron 35.000 nidos, con al menos dos loros por nido más las crías, por lo que tenemos para abastecer a toda la Patagonia‘, expresó Messina.

Caleta de Los Loros, Punta Mejillón, El Espigón, Bahía Rosas y Bahía Creek, son nombres de otras playas y reservas naturales del Camino de la Costa, que corre paralelo a las ruta nacional 3 (entre 30 y 60 kilómetros) hasta unírsele antes del acceso a San Antonio Oeste.

La funcionaria explicó que la propuesta para la pospandemia, que en principio será para el turismo local e incluirá a la bonaerense Carmen de Patagones -que conforma la comarca junto a Viedma- ‘no será con guías turísticos, porque lo primero que se va a habilitar será que las personas viajen en grupo familiar con su propio vehículo‘.

Luego puntualizó que el turista recibirá ‘una orientación específica desde las áreas de turismo de los municipios de Viedma y de San Antonio Oeste‘, para que pueda disfrutar del paseo a pleno. La idea es combinar el Camino con Las Grutas, donde se hace avistamiento de ballenas embarcados y está también la opción, en San Antonio Oeste, de tomar el tren que lleva a San Carlos de Bariloche.

CABALGATAS PATAGÓNICAS, LAS PROTAGONISTAS

Coloridos cerros que estriban en la cordillera, conforman el marco escenográfico perfecto para las cabalgatas que desde una chacra ubicada en la entrada de Esquel, parten hacia el Valle Chico y Nahuel Pan. Se trata de excursiones familiares, en las que el contacto natural se impone sobre el frenético ritmo de la rutina.

Desde hace una década y media, una familia sostiene esta iniciativa en la Chacra Los Álamos, a siete kilómetros de Esquel, en la entrada a la ciudad sobre la Ruta 259. Arriban cada año cientos de visitantes, motivados por recomendaciones que se transmiten de boca en boca.

El paraíso de diversidad de flora y fauna de esta zona de transición entre el bosque andino patagónico y la estepa, exulta ante el paso acompasado de los caballos. No hay edad límite para estos paseos, sólo el deseo y las ganas de aventurarse a una manera distinta de conocer Esquel y alrededores.

El caballo, animal compañero de la vida del hombre y la mujer de la región desde tiempos ancestrales, noble se entrega a servir de guía. El paisaje se vuelve cercano entre las conversaciones que se tejen a paso de caballo en los circuitos de una, dos horas, medio día, jornada completa. A la distancia, inmensa la cordillera se expande y con los colores de la mañana y de la tarde, cobra dimensiones inimaginables.