¿Por qué Vogue me ha servido para conocer y aprender sobre diversidad?
Ejerzo el periodismo hace más de 20 años, me especialicé en deportes, pero con el correr de los años he tenido que aprender sobre otros rubros de la profesión. Soy consumidora serial de lo gráfico desde mis 9 años, y desde este punto del Chaco, Argentina, encontré en Vogue, una revista surgida de una de las editoriales más importantes del mundo, una ventana para conocer sobre la industria gráfica y encontrar inspiración para mi profesión y la vida. Sí, así de extremo. Les cuento por qué.
Samuel Irving Newhouse Jr fue el hombre que erigió y dirigió Condé Nast durante medio siglo. Falleció en 2017, a los 89. SI (como lo conocían) fue “el padre y alma” de esta editorial, una de las más prestigiosas del mundo que cuenta con 128 publicaciones, a lo largo de 27 mercados en todo el mundo. Con una filosofía como director y empresario dejó una herencia, y una marca.

Solía llegar a su oficina a las 4 am, y leía cada una de las revistas de principio a fin. Fue presidente de la compañía desde 1975 a 2015. Entre las publicaciones de Condé Nast están nada menos que The New York Times, en 1985 adquirió The New Yorker (cuando el semanario estaba a punto de desaparecer), Glamour, Vanity Fair “la hermana inteligente” de Vogue, la protagonista de nuestra historia.
“La biblia de la moda y el estilo, que con el correr de los años (nació en 1892, pasó a Condé Nast en 1909), y a pesar de que muchos solo pueden relacionarla con el papel de Meryl Streep en “El Diablo viste de Prada”, una suerte de biografía no autorizada sobre Anna Wintour, la editora estrella/ malvada de Vogue, ha logrado sostenerse en la industria gráfica y seguir siendo el producto estrella de la poderosa editorial.
Con el correr de los años, Vogue no se ha quedado en su cómodo imperio de la moda y el estilo, y lejos de reivindicar estereotipos de revistas que eran llamadas “femeninas”, donde solo conocías el próximo modelo de cartera (bolso), zapatos, o perfume, se adentró a tratar temas polémicos: el ambiente, la sustentabilidad de la moda, el ambiente nocivo de las pasarelas, e incluso dio lugar a discusión sobre política y el rol de la mujer que fue cambiando ampliamente.
Lo hizo con una mirada muy diversa, principalmente en su edición española que fue rompiendo moldes, y además de artísticas editoriales con fotógrafos muy conocidos, logró traer, entre lo tradicional, nuevas conversaciones.
Su versión latinoamericana busca acercarse, pero aún está un poco más del lado de la “revista femenina”, y de “entretenimiento".
Comencé a coleccionar -sin darme cuenta- Vogue España, desde 2010. Amante de la industria gráfica, y el consumo de revistas pasando por Anteojito o Billiken a mis 9 años, por Tú en mi adolescencia, Gente, Noticias, y Para Ti, entre mis 16 y 20 años. También la revista El Gráfico, plenamente deportiva, de la cual tengo mi colección más grande (más de 300 ejemplares), y Basquet Plus, un poco más cerca de los 30.
Para Ti y Cosmopolitan estaban más cerca de los estereotipos que Vogue, y comprando y consumiendo es que lo descubrí. En tiempos complejos, Vogue le dio la tapa de su revista a Ashley Grahaman la modelo plus size, que a logrado romper cabezas, mitos y a la propia industria, siendo también portada de Sports Illustrated (“la revista de trajes de baños”), también combinó con modelos de color, famosas: actrices, deportistas, influencers, pero dentro de sus contenidos, contó historias de emprendedoras, mujeres que rompen moldes, desde diferentes lugares, inclusos aquellos “acorsetados”, como son la monarquía, la política, o la propia industria de la belleza y moda.
También contó cómo la industria de la moda cambió, rescató la artesanía y la belleza geográfica de diferentes países, también la madurez de modelos y actrices, que no pasaron al cubo de descarte, y logró cambiar estos estereotipos –si de nuevo esta palabra- como la inteligente, tonta, flaca, curvilínea, +30 +40, alta, baja, con los cuales antes describía o aconsejaba con sus editoriales.
En sus últimos números, decidió elegir en tapa a profesionales de la salud. Es que la pandemia no dejó indiferente a nadie, y contar historias de estas que nos han sacudido. Tuvo una pequeña crisis, porque el mundo está en crisis, pero la capacidad de leer la sociedad en la que se desarrolla y la mujer (su público objetivo), que la transita, hoy en día, se ha mantenido.
“Yo no soy editor...lo que intentamos es contratar gente inteligente y con energía…confiábamos en que, fuese como fuese, mientras no se tratara de una locura absoluta, cada revista habría de tomar la dirección que su editor decidiera”, decía SI.
Guardo el recorte con su historia en mi diario de ideas y motivación. Porque, con una mente abierta, no importa a qué edad, siempre se puede aprender más. Aun cuando Vogue, y demás revista de Condé Nast están digitalizadas, siguen vendiendo en el formato tradicional, ese que colecciono.
No soy parte del público estereotipado de Vogue: no consumo marcas de lujo, ni el lujo de sus recomendaciones turísticas o gastronómicas; sin embargo encontré una diversidad de conversación, y muchas mujeres –y hombres- que han logrado emprender y mostrar valor, desde tan variados espacios, que en otras publicaciones no encuentro, justamente porque no han logrado, sin cambiar su esencia, adaptarse a la sociedad que hoy se ha conformado.
La industria gráfica no está en la cuerda floja solo por el cambio medioambiental, sino por su contenido, el cual conforman las personas, que como SI necesitan conjugar la agudeza comercial, el instinto periodístico y editorial para desarrollar productos.
El desafío de quienes generamos contenido gráfico (no solo para el papel), es reconocernos como consumidores, y si algo no está funcionando con nosotros, evidentemente se trasladará al producto que queramos presentar. Tampoco descartar que lo digital no merece la calidad, porque, hermanos, es ahí hacia dónde vamos.
Como último eslabón de esta columna, Vogue me sirvió para no juzgar, dónde encontrar herramientas para aprender, y entretenerme. A mis 39 años (casi 40), es la publicación que más he visto evolucionar, y aún con sus errores, no dejar de crecer.










