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“Trabajamos con mujeres que nunca tuvieron la opción de un empleo formal o remunerado”

Una asociación civil que acaba de cumplir un año reabre varias discusiones sobre los derechos de las personas privadas de libertad.

“Cuando ingresamos en el centro de detención de villa Los Lirios la mayoría de las detenidas nunca habían tenido la posibilidad de encontrar un trabajo formal o remunerado”, explica Romina Duarte. Ella es abogada e integra Bandada – Feminismo Entre Rejas, una asociación civil que acaba de cumplir un año de trabajo por la inclusión social y laboral de las mujeres privadas de libertad.

El panorama de mediados de 2019 (y antes) continúa con una preocupación: muchas en Los Lirios estaban procesadas o con condena por infracción a la Ley de Estupefacientes. Y las “más grandes” que tenían  poco más de 20 años -había otras de 18 y de 19- recién salían al mundo y solo conocían el narcomenudeo o microtráfico.

Con otras trabajadoras de diversas especialidades como Majo Bogado, Ariana Israel, Ariela Álvarez y Laura López “empezamos a preguntarnos qué pasaba en el Chaco; si existía alguna cooperativa u organización de la sociedad civil que trabajara alternativas laborales para cuando salieran en libertad”, cuenta Romina.

Al ver que no había propusieron armar una cooperativa de trabajo y un esquema de producción a través del trabajo textil. En eso estaban antes de la declaración de aislamiento social por coronavirus.

“La pandemia vino a poner de relieve la desigualdad estructural en la cual vivimos. Son temas que militantes sociales, populares y feministas ya conocíamos algo que se ve en las personas libres. Por la pobreza y el trabajo informal son muchísimas las personas afectadas por la Covid-19 dentro de la economía popular y social”.

Como otras organizaciones de otros puntos del país intentan replicar la experiencia de organizar cooperativas en un trabajo autogestivo. “Buscamos acompañar una resocialización y una salida para las personas privadas de libertad, algo que el Estado no les da mientras cumplen su condena. Queremos darles herramientas para que no vuelva a caer en el delito”, explican.

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La asociación se define con una mirada feminista antipunitivista y en defensa de los derechos de las personas privadas de su libertad.

Hacia una cooperativa de producción textil

En el centro de detención de mujeres de Villa Los Lirios no existe un taller textil como el del establecimiento penitenciario del barrio Don Santiago. En el último tienen una sala con máquinas de coser y acceso a telas, lo que amplía las posibilidades.

Organizar un espacio propio se dificulta en una comisaría compuesta por tres celdas y un patio pequeño donde se concentra la mayor parte de la vida social, “desde recibir visitas hasta cocinar”, describen.

Otra de las integrantes, María José Bogado, cuenta que desde el principio les preocupa la imposibilidad de que tener visitas durante el aislamiento preventivo. “No solo para sostener sus vínculos, sino por el apoyo externo y vital que muchas veces asegura comida, medicamentos o acceso a materiales para trabajar”, cuenta.

“Los presos y las presas ya saben cómo se vive el encierro; es más: en forma unánime acordaron que las visitas deberían suspenderse antes de la imposición de la medida sanitaria”, contextualiza la operadora de psicología social. Además admite que después de alborotarse con tanto cambio y buscarle ‘mil vueltas’ para estar con las compañeras de adentro, hubo que bajar ansiedades, reacomodarse y pensar en cómo seguir.  

Donaciones de material  

Para que las mujeres privadas de libertad puedan seguir formándose en varios rubros que la asociación acompaña, hay varios materiales que pueden ser de gran ayuda.  

Desde un papel crepe o fantasía hasta una resma de hojas, o desde un pomo pequeño de adhesivo (tipo Unipox) hasta un pote grande de pegamento para papel, son de bienvenidos en una mesa de manualidades.

Lo mismo en elementos para bordado: hilos y bastidor.

Domiciliarias en clave de género  

En una tergiversación mediática sobre quiénes accederían a una domiciliaria, prevaleció la idea de que se beneficiaría a homicidas, femicidas o violadores. “Sabemos que no es así”-puntualiza Romina Duarte-“En el sistema penitenciario hay muchísimas personas con condena por atentar contra la propiedad privada (en algunos casos con una pena de muchos años de prisión por un robo o hurto) y por infracción a la Ley de Estupefacientes. Además de las personas inocentes atrapadas en procesos cuestionables. Y en el fuero de narcomenudeo o microtráfico falta la mayoría de las privadas de libertad tiene hijes o personas a su cargo. Son mujeres que toda su vida fueron violentadas o vulneradas, vienen de ambientes violentos o muy pobres, y el único momento en que el Estado logró alcanzarlas fue a través del sistema penal, procesándolas o sentenciándolas. Y esto no quiere decir que no merezcan un castigo si cometieron un delito pero son seres humanos y el Estado también debe garantizar derechos básicos, mínimos: a la salud, a la educación, a la comunicación con los familiares".    

Si bien se nombra a las mujeres en los habeas corpus por una domiciliaria, señala que faltó pedirlos “en clave de género de la misma forma que se invisibiliza a la población trans. Son situaciones que la pandemia pone de relieve y hay que seguir discutiendo siempre”, propone.

Por qué se elige ser parte de esta cruzada

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Facebook Bandada Entre Rejas.

NORTE: ¿Cómo te sumaste al proyecto? 

María José Bogado: -Hace un año nos reuníamos y poníamos una fecha para iniciar un camino juntas. Aunque desde antes vengo participando en espacios relacionados con el sistema carcelario por trabajo y por militancia: en Educación en Contextos de Encierro, en la Asociación Pensamiento Penal, en el Comité de Prevención de la Tortura. El paso por las cárceles de mujeres fue lo más impactante de los espacios que conocí.

Hay necesidades particulares sin atención, básicas, físicas y fisiológicas, la escasa o nula visita, la formas de vincularse con sus hijes, sus estrategias para sobrevivir.

Traté de plantear y discutir esos reclamos en muchos espacios en los que nadie más hablaba de las presas. Durante algunos años de hacer este recorrido casi solitario, no encontré espacio que se proponga dar respuestas. En las mesas de discusión intersectoriales no hubo espacio para mujeres privadas de libertad. Los ejes que me asignaban como opción para ellas eran derechos humanos (ampliamente, inabarcable y no específico) o violencia de género (seguramente estaban atravesadas por múltiples violencias) que tampoco hacía visible su realidad.

Bandada comienza gestarse cuando comenzamos a cuestionar todo, era nuevo para muches, la perspectiva de género. Encontramos conceptualizaciones clave para entender un poco más lo qué pasa con el encarcelamiento de mujeres y pude encontrar compañeras de militancia y trabajo interesadas en los mismos temas. Todas estábamos en procesos de revisión y transformación profunda. Fue muy bello coincidir y decir visibilicemos, hagamos el aguante a las compañeras privadas libertad.

Desde entonces somos compañeras, las de adentro y las de afuera. Hace un año nos pusimos un nombre como colectiva y arrancamos.

En pandemia, ¿qué efectos sociales ves en la cárcel y en 'el afuera'? 

-Los de afuera sufrimos y mucho porque extrañamos, sufrimos porque hubo un corte drástico en nuestra vida cotidiana, necesitamos nuestros espacios, rutinas y afectos. Estamos algunos más, otros menos, quedándonos en casa, con abrigo, cama, amores o como hayamos elegido o podido pasar esta cuarentena y a pesar del ASPO podemos salir a hacer alguna compra, llevar una vuelta al perro, sentarnos un poco al sol y sin embargo sufrimos. Estas dificultades vinculares se perciben como restricciones a la libertad y nos genera angustia. En algunos sectores para atravesar esa angustia incursionamos en actividades como la cocina, la jardinería, la huerta, la plástica, el reciclado, la lectura o el cine pendientes en tiempos de vorágine. En otros sectores la imposibilidad de salir a ganarme el mango para la comida diaria, nos genera desesperación porque lo más amenazante es que no sabemos hasta cuándo seguiremos de este modo. Ahí, como siempre indispensables, las redes comunitarias y también las feministas vienen trayendo algún alivio.

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