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Incertidumbre y apuesta estratégica en un mundo interdependiente

El mundo interdependiente y globalizado en que vivimos produjo y se benefició de numerosos regímenes de cooperación y de organismos multilaterales, mundiales y regionales, creados para manejar colectivamente los desafíos que ha generado esa interdependencia global y que la humanidad enfrenta diariamente.

Los desafíos son  “intermésticos” (parcialmente internacionales y parcialmente domésticos), y requieren inevitablemente una respuesta colaborativa y colectiva.  La pandemia del coronavirus es el ejemplo del momento; pero los retos persistentes son los desastres naturales, el terrorismo, el narcotráfico y trata de personas, la corrupción, el lavado de dinero, los ataques cibernéticos, la desinformación, la proliferación nuclear, las tiranías que producen refugiados y exilados,  entre otros. 

Este orden interdependiente se originó tras la Segunda Guerra Mundial, y se intensificó después de la Guerra Fría con el liderazgo de EEUU y la primacía del mundo liberal; o sea con el predomino de la alianza de países comprometidos con la democracia, el estado de derecho, la libertad, el capitalismo y el libre comercio. Hoy ese mundo está mutando.


Mundo Multipolar. Insólitamente, en una generación pasamos de un orden mundial bipolar de la Guerra Fría (1945-1990), a uno unipolar durante la hegemonía del mundo liberal liderado por EEUU (1990-2020), y a partir allí a uno crecientemente multipolar y de bloques competitivos (2020-?).  Un mundo compuesto de varias potencias globales y regionales y sus aliados, con capacidad y voluntad de proyectar su  poderío e influencia, vía presencia militar o vía soft o sharp power. Entre las primeras, más allá de EEUU y la Unión Europea, se vislumbra el creciente protagonismo de dos poderes autoritarios/autocráticos con economías capitalistas:  la China, que ha surgido a ese status con un crecimiento económico espectacular en los últimos años que le permite proyectarse militar y geopolíticamente, y Rusia con su renacimiento geopolítico y militar, pero con menos peso económico. Turquía, India, Israel e Irán  aparecen como poderes regionales.     

La nueva realidad geopolítica emergente se asemeja al sistema multipolar competitivo, de rivalidad y balance de poder entre grandes potencias, que prevaleció en las relaciones internacionales del siglo XVIII o XIX. En este sistema internacional, cada Estado se ocupa primero  de su propio interés nacional y busca avanzarlo con políticas unilaterales y nacionalistas que aumentan su poderío nacional económico y militar y su influencia mundial.  


Trump el disruptivo.  En medio del surgimiento de este  mundo multipolar llega Donald Trump a la presidencia de EEUU (2017) con su lema “América First.”  Su política exterior (y doméstica), errática, disruptiva y desconcertante,  erosiona sus alianzas estratégicas y el multilateralismo, los pilares del orden liberal que el propio EEUU construyó y lideró  desde la Segunda Guerra Mundial pasando por la Guerra Fría, que terminó con el colapso de la Unión Soviética en 1991. Sorpresivamente, Trump ha alejado a EEUU de liderazgo en el sistema internacional y de sus tradicionales aliados. El desconcertado sino avergonzado “establishment” de política exterior (académicos, exfuncionarios, militares, congresistas), percibe  su comportamiento internacional como una retirada no-forzada del escenario mundial, como un ensimismamiento y abandono de poder, de protagonismo y de sus responsabilidades (The Withdrawal Doctrine).

Entre sus acciones más llamativas se encuentran sus altercados pueriles  y distanciamiento de sus aliados canadienses, europeos y asiáticos (Corea del Sur, Japón, Australia); su disconformidad con el multilateralismo (NATO, TPP, Acuerdo de París, OMS, Tratado nuclear con Irán); su proyectada retirada militar de Afganistán, Iraq y Siria, cediendo protagonismo y espacio a China, Irán y Rusia; su creciente conflictividad con China (su principal socio comercial) sobre aranceles, los orígenes del Covid-19 y la autonomía de Hong Kong; más su erráticas negociaciones con el dictador norcoreano Kim Jon-un y su insólita amistad con Vladimir Putin -a pesar de las sanciones del Congreso por su injerencia en las elecciones de 2016, su anexión de Crimea y asesinato de opositores.  La abdicación de liderazgo de Trump ha quedado clara durante la presente pandemia: ni siquiera intentó liderar una respuesta colectiva y colaborativa


El debilitamiento institucional de EEUU.   En su respuesta al Covid-19 y a las protestas sociales por el asesinato de George Floyd, Trump evidenció nuevamente un comportamiento inepto, caótico, insensible y confrontacional. Tiende a dividir la ciudadanía, a vilificar los medios y sus opositores, a irrespetar las instituciones republicanas y las libertades fundamentales, a abusar del poder presidencial y usar modos autoritarios y autocráticos de gobernanza. La nación está polarizada, convulsionada y desorientada; se deteriora y debilita la institucionalidad republicana/democrática; la gobernanza se complica y se paraliza, poniendo en dudas la fortaleza de la democracia norteamericana y su capacidad de liderazgo mundial. Muchos analistas ven aquí precisamente la principal causa de la aparente erosión del orden liberal internacional y del desafío que le presentan las autocracias emergentes. 

El debilitamiento institucional y el crecimiento de la autocracia en Estados Unidos y en algunos miembros de la Unión Europea, los dos pilares de la hegemonía liberal en el mundo, socavan los fundamentos de la democracia liberal y su primacía en el mundo y contribuyen al surgimiento de un  sistema multipolar, de competencia geopolítica entre grandes poderes y sus bloques. 


Apuesta estratégica. La retirada de EEUU y el abandono de su liderazgo, el distanciamiento de sus alianzas y del multilateralismo, más el debilitamiento de sus instituciones republicanas, generan incertidumbre, desconcierto e interrogantes sobre el futuro de la gobernanza del sistema multipolar post-pandemia que se avecina, especialmente en torno a los insoslayable desafíos intermésticos. Hoy nos ocupa el Covid-19, pero los otros desafíos no desaparecerán por el paro existencial de la pandemia. Seguirán requiriendo respuestas colectivas, solidarias y coordinadas. 

En nuestro hemisferio, las respuestas a esos desafíos exigen fortalecer las alianzas y/o instancias multilaterales que faciliten la cooperación y la gobernanza colectiva. En este nuevo mundo multipolar y de bloques competitivos, la mejor apuesta es la alianza con el mundo liberal, con países comprometidos con la democracia liberal. Para avanzar en ese camino, ya contamos con instituciones interamericanas como la OEA, el BID, la OPS y la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

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