La importancia de la agricultura familiar
Más del 60 por ciento de los alimentos que se consumen en los hogares argentinos sale de pequeñas extensiones de tierra donde se llevan a cabo actividades agrícolas realizadas por familias que, por lo general, tienen dificultades para acceder a créditos para fines productivos. De ahí la importancia de la reciente decisión del Banco Nación de promover la inclusión financiera de este sector con medidas que faciliten las inversiones en capital de trabajo y la compra de insumos.
Casi un 70 por ciento de las empresas agrícolas y ganaderas productivas registradas en el Censo Agrícola y Ganadero que contiene datos de todo el país están constituidas por organizaciones familiares. Según la FAO, el mapa productivo argentino muestra una gran heterogeneidad en lo que hace a la agricultura familiar, aunque distintos economistas coinciden en señalar que uno de las características comunes de estos emprendimientos es la dificultad para el acceso a líneas de créditos.
Por eso merece destacarse la decisión de las nuevas autoridades del Banco Nación de impulsar una banca pública “que esté al lado de los que más necesitan”, como señaló el director de la entidad, Claudio Lozano, al anunciar esta semana la conformación de un Consejo Consultivo de la Economía Social y Popular para vincular a los actores de la producción de la agroecología con los distintos canales de financiamiento para ayudar al crecimiento. La decisión de avanzar en ese sentido no es menor, sobre todo si se tiene en cuenta que la entidad, durante la gestión macrista, se había orientado a beneficiar a los grupos más grandes. Según informó el Banco Nación el Consejo Consultivo está integrado por asociaciones que representan a los sectores de la agricultura familiar, a unidades productivas pequeñas, comunidades indígenas, y cooperativas, entre otros actores de las economías regionales. La idea es promover medidas que faciliten la bancarización del sector y promuevan la implementación de líneas de financiamiento e incentivos para programas de arraigo en zonas rurales. Sobre este último punto, debe recordarse que en las últimas décadas el país experimentó un fuerte éxodo rural de jóvenes que abandonaron los campos para ir a vivir en centros urbanos donde se registra un grave déficit habitacional. Ese proceso hizo que en la actualidad más del 90 por ciento de la población del país se concentre en los centros urbanos.
La ONU también hizo un llamado a los gobiernos a apoyar los emprendimientos de las familias rurales y por eso lanzó el decenio de la Agricultura Familiar que concluye en 2028. Por su parte, el Papa Francisco en varios de sus mensajes pastorales destacó el rol fundamental que tiene la familia en la tarea de avanzar hacia prácticas agrícolas más sustentables que garanticen alimentos para todos. Es que, a nivel global, más del 90 por ciento de todas las granjas del planeta producen el 80 por ciento de los alimentos del mundo, lo que revela la importancia que tiene este sector. En ese sentido, un informe de la FAO señala que, tanto en los países desarrollados como en las naciones en desarrollo, la agricultura familiar es la forma predominante de producción agrícola, así como una fuente primaria de alimentos. Para la FAO la denominación “agricultores familiares” abarca a campesinos, miembros de pueblos indígenas y de comunidades tradicionales, pescadores, agricultores de montaña, pastores y muchos otros colectivos que representan a todas las regiones del mundo.
Debe recordarse que la Argentina vivió entre 2015 y 2019 un ciclo con políticas desfavorables para las familias rurales. El desmantelamiento de la Secretaría de Agricultura Familiar, así como los recortes en planes rurales dispuestos en ese período por Trabajo de la Nación, y la desaparición del régimen del monotributo social agropecuario, fueron señales muy claras del desinterés por los sectores más vulnerables del campo.
La Agricultura Familiar es un modelo productivo de gran importancia para la Argentina. Por eso es necesario que se facilite el acceso al crédito a los pequeños productores para que tengan mayores oportunidades de generar empleo genuino en las zonas rurales. Es necesario apostar a los sectores que ayudarán a poner en marcha la producción. En ese sentido, la banca pública desempeña un rol clave en estos tiempos en los que el país necesita fomentar el trabajo y apuntalar la labor de los que aportan dinamismo a las economías regionales, donde la agricultura a pequeña escala cumple también una tarea valiosa en la larga lucha por la erradicación del hambre y la pobreza.










