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El Congreso de Tucumán

El primer rayo del sol del día 24 de marzo de 1816, al dorar las cumbres del Aconquija y antes de dilatarse iluminando los bosques y las llanuras, fue saludado con una salva de veintiún cañonazos.

En este día, el Congreso Soberano de las Provincias Unidas, “esperanza de los pueblos y objeto de la expectación común”, hacía por fin su instalación. Reunidos por primera vez los diputados, a las nueve de la mañana, en la sala de sus sesiones, determinaron la fórmula del juramento que debían prestar, eligiendo en seguida para su presidente provisional al Dr. D. Pedro Medrano, diputado por Buenos Aires, y que debía se uno de los miembros más activos e influyentes del Congreso.

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El presidente prestó juramento en manos del más anciano, y los diputados, contenidos con su actitud recogida las manifestaciones de la alegría popular, se dirigieron al templo para invocar las bendiciones de la Providencia sobre sus deliberaciones, con aquella fe sincera que santifica los actos humanos, asociando la política a la religión. Así pasó el día 24, severo y religioso, aislándose el Congreso del pueblo y permaneciendo en la sala de sus sesiones.

Al día siguiente, el Congreso determinó hacer pública su instalación. Un bando había convocado a las milicias, de la ciudad y de la campaña, y la novedad del espectáculo atrajo a los habitantes todos de las provincias, que inundaban las calles. Entre las aclamaciones del pueblo, presidido por el Gobernador-Intendente, y entre dos alas compactas formadas por la multitud, el Congreso se trasladó, desde el lugar de sus sesiones, al templo de San Francisco. Allí se cantó una misa en acción de gracias al Dios de la Patria, soberano autor de tanto bien, entonando luego los diputados, por una inspiración espontánea, el cántico del supremo regocijo: Te Deum laudamus. El alma de aquellos hombres se elevaba, sin esfuerzo, hacia Dios.

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Había subido entre tanto a la cátedra el Dr. Manuel Antonio Acevedo, diputado por Catamarca, a quienes encontraremos más tarde abriendo el debate sobre la forma de gobierno y proponiendo, el primero, la monarquía de los Incas, de los que se había constituido el más fervoroso apóstol, por un movimiento generoso de su corazón y en odio a las crueldades de la conquista española. Hase perdido para siempre el discurso que en ocasión tan solemne dijo el orador sagrado; pero su recuerdo ha vivido, unido a las escenas de aquel día, en la memoria de los que escucharon.

Habían pasado los años, sobreviniendo, con ellos, catástrofes inauditas, y un joven, ávido de conocer la historia de los firmantes del acta de la Independencia, preguntaba una vez al anciano Dr. Corro, diputado del Congreso por Córdoba: _ Y este Dr. Acevedo, ¿quién era? -¡Ah! –respondió con alegría el viejo-, ¡qué sentida oración nos pronunció en el día de la instalación del Congreso!

En las populosas ciudades, los murmullos de cada día sofocaban los recuerdos lejanos; pero la tradición oral repite hasta hoy en Tucumán, con fidelidad completa, la ceremonia de aquellos días, tal como se halla prolijamente descripta en el número primero de El Redactor del Congreso.

El viajero es llevado a la sala de sesiones. Se le muestra, sobre un estrado, el lugar desde donde se leyó el decreto de la instalación del Congreso y más tarde el acta de la Independencia… y, entre tanto, ha atravesado la plaza donde hasta hace poco se levantaba la pirámide de Oribe, sin encontrar quién le explique lo que simboliza aquel bárbaro monumento.

¡Pobres y santos pueblos! Se sienten felices porque han visto un rayo de luz entre dos tormentas.

NICOLÁS AVELLANEDA

Nicolás Avellaneda Estadista argentino, abogado y periodista (1837-1885). Nació en Tucumán el 1º de octubre de 1837, en una casa que aún se conserva Fue profesor de economía en la Universidad de Buenos Aires; durante la administración de Adolfo Alsina fue ministro de Gobierno de la provincia de Buenos Aires.

Bajo la presidencia de Domingo F. Sarmiento fue ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública ocupándose de la fundación de las primeras escuelas normales y la reorganización de la enseñanza primaria. Para propiciar su candidatura a la presidencia de la República organizó el Partido Nacional. Asumió la presidencia en 1874. Fomentó la inmigración.

Durante su gobierno, se inició la exportación de cereales y de carne congelada. Inauguró el ferrocarril a Tucumán y vio finalizada, bajo su presidencia, la total ocupación de los territorios dominados por los aborígenes, en 1879, por obra del general Roca, con lo cual quedó terminado el problema del indio y se incorporaron a la explotación grandes extensiones de tierra.