CARTA DE LECTORES
La periodista y el presidente
Señor director de NORTE:
El destrato exhibido por la entrevistadora hacia el presidente se repite cotidiano, como la expresión exasperada de una tensión que la pantalla realimenta. Si es cierto que al estar inmersos en una situación crítica esta se desvanece y solo queda la persona llevada al abismo del individualismo, la pandemia operó sobre el imaginario de sectores populares que ya venían consumiendo los argumentos de la hoja de ruta de la derecha, para ponerlos a masticar la bronca del resentimiento amasado en la frustración de la promesa macrista radical. La imagen amarilla del 2015 que seducía con aquello de “vamos a estar cada día un poco mejor”, pronunciada por Mauricio e inmolada a la vista de todos mientras la prensa miraba para otro lado, retorna en las voces y los gestos de los movilizados en los últimos días, que reclaman un liderazgo que canalice el odio en consignas digeribles.
Si esgrimir la inutilidad de la cuarentena puede ser odioso, intentarán discurrir sobre las penurias económicas (como si las mismas no tuvieran su origen en la catástrofe del gobierno anterior, hoy evidenciada por la pandemia), no faltarán las apelaciones al manejo sanitario del gobierno provincial y el nacional, cegados de cualquier referencia y análisis sobre deudas históricas con la salud pública, en la lid ideológica se uniformarán bajo la bandera de Vicentin y agitarán el cuco del ataque a la propiedad privada. La debacle de la dirigencia opositora y la implosión del radicalismo conservador los dejó a la deriva y solo los medios pueden, mientras tanto, funcionar como ordenadores del desparramo.
En una entrañable columna, Hemilce Isnardo, dolida como todos por los riesgos que corren los trabajadores de la salud, expresa: “El deceso del doctor Miguel Duré enluta mi alma e, imagino, entristece a los chaqueños; yo no lo conocí, no tuve ese privilegio, pero en él junto mucho de lo sublime y heroico que tiene el ser humano y que en este momento se encarna en el personal de salud. Son ellos los que visibilizan los puntos débiles del sistema, que hace tiempo puso en marcha sin detente la máquina de la indiferencia y la negación del otro. Los negocios se llevaron puestas nuestras instituciones educativas y de salud (¡ni hablar de las otras!)”.
La sensibilidad de la artista y del ser humano nos ayuda a profundizar, ahora sí, el drama que golpea a la sociedad. Su mirada no se nubla en el rechazo al otro, al diferente, ni profiere discursos virulentos de oportunismo mezquino cuando relata un hecho de violencia sobre una enfermera “que regresaba a su casa luego de cumplir su turno en la guardia —reflexiona Hemilce— más que vergüenza ajena o enojo, el hecho me produjo una desolación insondable. ¿Hasta qué punto de miseria moral se ha llevado a la gente, para que pase por sobre todo criterio y realice hechos de esta naturaleza, escudados en el miedo?”
¡Qué diferencia entre la exhalación de odio que desparraman algunos medios y panelistas, y una interpretación que se nutre en el dolor de la hora para buscar las respuestas en nuestros valores! Ella se pregunta: “¿Cómo permitimos que limen a este extremo nuestra nobleza y solidaridad humana?”
El neoliberalismo, que libera en sus tropelías al capital financiero y achica al Estado, condena con la meritocracia y el individualismo a que cada individuo mire al otro con desconfianza, lo sumerge en la mentira, como cuando dice que “vas a estar mejor” y aumenta mes a mes los servicios esenciales o reduce los salarios; o cuando ahoga a las pymes, pero entrega préstamos incobrables multimillonarios con los dineros de todos a Vicentin.
El virus saca a la superficie el empobrecimiento colectivo, el desahucio de provincias por el centralismo histórico, y ante la falta de certezas, muchas opiniones viran del menosprecio a la ciencia y al Estado, a la demanda imperiosa de respuestas, este último, tan execrado, al que mientras reclaman apelan a la magia que altera el sentido para distinguirse de los aborrecidos piqueteros. Ellos, la gente bien, los que lograron todo con su esfuerzo sin pedir nada a nadie, no permiten que se los asocie a la masa pedigüeña que vive de “sus” impuestos. Caldo de cultivo del virus discriminador y egoísta, la síntesis de su frustración se escucha hoy en el “son todos iguales”, que nos lleva a preguntarnos cuánta responsabilidad tendremos los educadores frente a tal estropicio del pensamiento.
Los gobernantes deben comprender que será gracias a ciudadanas como Hemilce y tantas otras que desde distintos espacios apelan a la mejor tradición solidaria, y ofrecen pasión, entrega y compromiso, que lograremos salir de esto en condiciones de ponernos de pie como pueblo y reconstruir provincia y nación devastadas. Es allí donde deberían mirar los gobernantes, donde las fuerzas sociales esperan ser convocadas para acompañar las mejores ideas y convertirlas en acción, todo esfuerzo por construir puentes y recuperar la confianza en las instituciones requiere que la dirigencia, como decía monseñor Angelelli, “ponga un oído en el pueblo y otro en el evangelio”.
CARLOS DAVEL QUIRÓS
DNI 13.033.376
Resistencia










