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ARIEL FABIÁN ES UNO DE LOS FUNDADORES DE LA ORGANIZACIÓN

La guardia ambiental Whasek está logrando la unificación que faltaba

Nuevos referentes hablan de una relación diferente con autoridades y Estado.

La preocupación ante el avance del narcotráfico, del alcoholismo, el desmonte son algunos de los delitos y problemas en territorios fronterizos sumada a la falta de presencia de seguridad dio pie a organizar una guardia ambiental.

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Como a tantos otros medios que lo entrevistaron, Ariel Fabián pide dejar de mirar los reclamos indígenas desde el prejuicio.

Ariel Fabián es un integrante de la guardia wichí Whasek que describió a NORTE cómo se concibió un espacio que recientemente trascendió en las noticias por tensiones y acuerdos con autoridades.

¿Se puede considerar que representan a una nueva generación de referentes? “Creo que sí. La guardia nace del seno del pueblo wichí; no en un 100% pero un 30 a 40% la integra. Se está viendo algo que estamos logrando la unificación de ancianos, jóvenes, mujeres. En este momento hay una división tremenda por el avance de algunos políticos o de la mala política”.

Fabián sostiene que mucho antes de que se conociera públicamente mantuvieron reuniones donde se debatió por “una referencia para que seguir apostando a la unidad que estaba faltando”.

Así uno de los puntos más consistentes fue construir un espacio en el que las generaciones más jóvenes accedan a más derechos y estén formadas para enfrentar el futuro.

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La organización busca mejorar las condiciones de vida actuales, especialmente para los más jóvenes.

“Ahora estamos sufriendo cuestionamientos y hostigamientos pero los venideros ya estarían más livianos, serán profesionales y estarán de igual a igual con un gobierno y la sociedad, que es lo que nos proponemos”, puntualiza.

“Dejamos de usar uniformes para que no haya cuestionamientos”

Ante las necesidades del pueblo wichí, propietario de unas 150.000 hectáreas, y la falta de presencia del Estado buscaron soluciones a problemas colectivos.

Sabíamos que las cuestiones legales eran lo primero a tener en cuenta. Después de varias reuniones con caciques, la jueza de paz y el propio intendente -a él y al presidente del Concejo se los invitó en varias oportunidades- las necesidades nos exigían armar algo que proteja a la comunidad”, resume Ariel Fabián.

La guardia había sido acusada de intervenir en varias situaciones conflictivas, arrogándose el poder de policía.

Hace menos de un mes una conciliación convocada por el juez federal Miguel Aranda permitió llegar a un acuerdo entre sus integrantes y la provincia. “La ministra de Seguridad propuso una nueva comisaría en El Sauzalito, más la de Fortín Belgrano, y nos comprometimos a no usar uniformes hasta que no haya un decreto y nueva indumentaria ambiental, para que no haya confusión ni cuestionamientos”, agregó.

Además, señala que sentarse a negociar “de alguna manera obligó a mirar al pueblo wichí y a la guardia comunitaria. Y en algunas cuestiones muy pequeñas estamos teniendo avances”, marca. Si bien entiende que hay plazos, la urgencia es empezar a producir: “Teniendo territorio, el río y personas de alguna manera el Estado debe revertir (la situación actual de) esta zona, que es fructífera; se puede sembrar, hacer huerta y generar fuentes de trabajo. Eso pedimos que se agilice”.

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