La búsqueda de nuevos paradigmas productivos
El paradigma de la bioeconomía comenzó a ocupar un espacio central en la agenda de políticas públicas de los países más avanzados debido a la urgente necesidad de lograr un crecimiento más sustentable. Para la Argentina, se presenta como una alternativa válida para mejorar su estructura productiva y recuperar la capacidad de generación de divisas y empleo.
La bioeconomía se basa en la producción de recursos biológicos renovables y la conversión de éstos en productos con valor agregado, como bioproductos, bioenergía y servicios. Si bien en distintas regiones del país algunas empresas ya vienen trabajando con este modelo, la cantidad de emprendimientos de ese tipo no alcanzan todavía a sumar un número significativo, de ahí la importancia de generar un debate sobre los beneficios que ofrece esta alternativa, que surge como respuesta a los desafíos que enfrentan las sociedades actuales, como son la necesidad de garantizar el acceso de la población a alimentos de calidad a un precio justo, reducir los efectos del cambio climático y disminuir todo lo posible la dependencia de los combustibles fósiles.
En opinión de distintos expertos, la bioeconomía puede aportar las bases de un nuevo crecimiento de la Argentina, que necesita triplicar las actuales exportaciones para poder resolver en los próximos años problemas estructurales que arrastra desde hace varias décadas, que impiden el crecimiento armónico de las distintas regiones y, por lo tanto, no permiten que amplios sectores de la población accedan a bienes y servicios de calidad.
Según un informe del Consejo Alemán para la Bioeconomía, son cerca de 50 los países que impulsan políticas de promoción de la bioeconomía, alentando a procesar la biomasa (materia orgánica procedente de plantas y desechos de animales que es susceptible de transformarse en energía) en el mismo lugar donde se produce y así evitar los traslados de grandes cargas y la alta emisión de gases de efecto invernadero que eso implica. Entre las naciones que avanzan en ese sentido, haciendo hincapié en estimular los desarrollos locales y en producir más con menos recursos, figuran Alemania, España, Estados Unidos Finlandia, Francia, Francia, Japón y Noruega, que han comprendido el enorme potencial que tienen los recursos naturales si se aprovechan de manera adecuada con la ayuda de las últimas innovaciones científicas y tecnológicas.
En ese sentido, las distintas regiones, entre ellas el nordeste argentino por supuesto, debe asumir el desafío que implica cambiar de paradigma para transformar en productos de alto valor agregado lo que algunos especialistas la enorme “capacidad fotosintética” que tiene un país tan extenso y diverso como la Argentina; que necesita multiplicar su oferta exportadora para generar divisas. Pero para eso es necesario explorar nuevas modalidades de la organización de la producción para que ésta sea más eficiente. A modo de ejemplo, se puede citar el caso de un establecimiento agropecuario del norte de la provincia de Córdoba que combinan agricultura, feedlot, granja de cerdos, cría extensiva de animales y una planta de bioetanol, para de esa manera articular la producción de alimentos y energía, generando empleo local con mayor valor agregado, con bajo impacto ambiental.
Dado la relevancia que tienen actualmente los desarrollos productivos tecnológicos en el agro en el contexto nacional e internacional, es necesario alentar a nivel local estas nuevas modalidades de organización de la producción, buscando una mayor expansión de las cadenas de valor. Argentina es un país que sigue exportando materias primas básicas, cuando lo ideal sería que coloque más y mejores productos alimenticios de consumo directo en los mercados más demandantes del mundo. De lo que se trata es de lograr consensos entre los distintos sectores de la economía para poner en marcha un proceso virtuoso que permita recuperar el protagonismo de la Argentina en el mercado global, que hoy es de apenas el 0,4 por ciento cuando en la década del 60 llegaba al 2 por ciento. Pero para eso es necesario darse cuenta que no se puede seguir exportando las dos terceras partes del maíz argentino como grano, y que no se lograrán resolver problemas estructurales de la economía si se sigue exportando más del 90 por ciento de la soja como harina, para que otros países como China, por ejemplo, agregue valor y transforme esa harina en proteínas animales.
Es necesario aprovechar al máximo las oportunidades que ofrece la bioeconomía y asumir el desafío de buscar nuevos caminos para el desarrollo económico de todas las regiones del país.










