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UNO DE LOS REFUERZOS DE FOR EVER, QUE SE METIÓ EN EL CORAZÓN DEL HINCHA

Mario Aimetta, el cordobés de la última generación de wings

Fuerza y habilidad fueron la impronta de aquél “wing” que con dominancia de sus dos perfiles desnivelaba por cualquiera de los extremos.

Mario es uno de los pocos cordobeses que no fue marcado  por algún apodo. Nació en Río Tercero y desde los dos años vivió en Santa Rosa de Calamuchita. De contextura robusta aún conserva  rasgos del futbolista que fue, aquel que en tantas tardes tenía a maltraer a sus marcadores.

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Toda la estampa del wing cordobés que se ganó el corazón de los hinchas Chaqueños.

Perteneció al  grupo de los últimos “wings” que lo resolvían todo jugando uno contra uno, casi siempre pegados a la banda. Su metro ochenta rompía el paradigma de los petisos escurridizos preferidos para el puesto, en sus últimos años su habilidad lo devino a  cuarto volante. Cuando jugó en su Racing de Córdoba le tocó ser el primer reemplazo de su ídolo; el histórico Luis “Araña” Amuchastegui, su arquetipo, el espejo para todas sus maniobras por la punta.

En aquel Racing cordobés, a pesar de sus condiciones, en su puesto no las tuvo fácil ya que en el otro extremo del ataque se paraba nada más ni nada menos que Víctor “El Gallo” Ferreyra, un ex San Lorenzo figura excluyente por ése entonces.

Cuando fichó para Chaco For Ever, por su entrega y personalidad enseguida se metió para siempre en el corazón de su hinchada que por ese entonces ansiaban la vuelta del club a Primera.

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Mario Aimetta (segundo en cuclillas) en una formación de Chaco For Ever en el torneo Nacional "B".

-¿Cómo era  la vida en tu querida Santa Rosa de Calamuchita?

-Una infancia hermosa casi igual que mi adolescencia donde a los 15 años debuté en el club Deportivo Italiano. Tenía dos años cuando mis viejos decidieron ir a vivir a ése hermoso lugar y llegué al fútbol de Córdoba capital casi de casualidad ya que un vicepresidente de Racing de Córdoba que estaba veraneando en mi pueblo fue a ver un partido donde estuve jugando y como fui la figura me ofreció probarme en su club. Ya tenía 18 años y Racing me prestaba para jugar los regionales para clubes como Estudiantes de Río Cuarto, Estudiantes de Marcos Juárez y Universitario de Córdoba.

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Gol de Chaco For Ever; el robusto “wing” con puño levantado corre al encuentro con su hinchada.

-No son tantos los jugadores de fútbol que llegaron a Resistencia y se quedaran aquí para continuar su vida.

-Llegué el 25 de Julio del 91, antes había estado en Deportivo Municipal de Lima (Perú) teniendo como técnico al argentino Ramón Quiroga (exarquero) que había jugado dos mundiales para Perú. Fue una experiencia fabulosa donde fui goleador de mi equipo en la primera divisional de ese país.  

A mi regreso al país Roberto Puppo (D.T.) me convocó a For Ever y jugué cuatro años y me quedé parra siempre ya que me casé con Analía, una chaqueña que me dio dos hijas; Luisina (25) y Renata (19). Era el Nacional “B” posterior al año en que For Ever descendió de la “A” y me tocó debutar con el club ya descendido. Muchos confunden mi participación jugando en la “A” para For Ever, en realidad en Primera División jugué para Racing de Córdoba. Pensar que antes de venir a Chaco Instituto me había pedido y si hubiera aceptado hoy no estaríamos hablando.

Las cosas se dan, a veces, de manera que no planeas, como tampoco había querido ser jugador profesional ya que siempre me había costado alejarme de mi familia. Me costó muchísimo adaptarme afuera, tal vez porque soy muy familiero.

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For Ever Nacional “B” 93 - Parados: José Fernández, Enrique Peña, Damián Timpani, Raúl Acosta, Julio Starópolis, Jorge Caballero y Santiago Albarenga. Hincados: Osvaldo Escudero, Mario Aimetta, Juan Areco y Víctor N. Godoy.

-¿Cuánto de lo vivido con Chaco For Ever te sigue acompañando?

-Todo lo vivido acá es inolvidable, de los cuatro años que acá jugué el primero fue el de mi mejor rendimiento en un club que ya comenzaba a declinar económicamente. Creo que fue ahí donde me he ganado el cariño de los hinchas, que en definitiva es lo que uno como jugador siempre busca.

Con la camiseta de For Ever hice buenos partidos; contra aquel Lanús de Russo (Miguel Angel) donde perdimos dos a uno y sobre la hora en el año que ellos ascendieron. Otro fue frente a Almirante Brown ganando cuatro a uno con dos goles míos. En mi primer año marqué 14 goles a pesar que mi fuerte era tirar los centros para que lo hagan los otros, de hecho, el Negrito Cruz Cruz (Jorge E.) convirtió varios y muy recordados.

A decir verdad en For Ever fueron cuatro años de sufrimiento… no tengo doble discurso, fue una historia conocida donde me tocó estar y no en el mejor momento del club. Si hubiera llegado antes estoy seguro que pudiera haber quedado en su mejor historia, porque era mi mejor momento.  

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Mario Aimetta y un grupo de chicos de su escuela Infantil donde invierte la mayor parte de su tiempo desde su retiro como futbolista.

Cuando descendimos del Nacional B (mediados del 94) fui unos meses a Central Córdoba de Rosario, de ahí regresé a For Ever para el Argentino A, tenía 30 años y con la motivación desvanecida puse punto final a mi carrera pudiendo estirarlo un poco más.

En algún momento estuve muy cerca de ser el D.T. del club ya que el grupo Fiduciario se reunió conmigo aunque no sé por qué cosas no pudo darse. Ser D.T no me quitó nunca el sueño. Pude haber elegido el camino de los Directores Técnicos aprovechando lo que me habían dejado  grandes entrenadores como Pedro Marchetta o el “Chamaco” Rodríguez, personajes inolvidables que conocían todos los secretos.   

-¿Cómo continuó tu vida una vez que se acabó el profesionalismo?

-Hoy dedico casi todo mi tiempo a la formación infantil de chicos que juegan para divertirse, algo bastante diferente a lo que se pregona en los clubes. Yo pretendo que el chico juegue sin presiones, y en la pelota solo encuentre divertimento.

En mi escuela no se compite, solo encuentros entre otras escuelas donde ninguno queda afuera. Todos los años los llevo de viaje, que es algo muy gratificante. También estudié abogacía, algo que me apasiona y había dejado hace unos años y hoy con esto de la pandemia retomé los libros motivado por mi hija Renatita que estudia lo mismo. Me propuse recibirme; es una promesa a mis hijas y debo cumplirla, además me quedan pocas materias. Siempre seré un agradecido del fútbol que me dejó todo, amigos, vínculos, la familia. Creo que con el fútbol estamos a mano, no me debe ni le debo…

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Familia futbolista: Mario Aimetta (der.) junto a su hija Renata y su hermano César (izq.) otrora goleador en la Liga de Río Tercero (Córdoba).

-Anécdota…

-En un octogonal cuando con For Ever visitamos a Atlético Tucumán viví algo que hoy es anecdótico pero como jugador jamás le desearía a nadie. Antes de ingresar al estadio la hinchada tucumana nos dio la “bienvenida” para ablandarnos; todo era con escupitajos, patadas y lo peor que alguien imagine. Comenzamos ganando pero cuando pudieron empatarnos pensaron que nos iban a ganar y se agrandaron. A diez minutos del final el Negro Cruz (Colombiano) les clava un gol que nos da el triunfo.

Los tucumanos se volvieron locos, nos querían matar y no nos dejaban salir del estadio, recién pudimos tres horas después de terminado el partido. Adentro temblábamos de miedo, más cuando nos dimos cuenta que los policías se hacían los otarios…  literalmente nos habían entregado.

Como jugador muchas veces habré estado en situaciones jodidas pero te puedo asegurar que esa fue la más brava de todas y se transformó en risueña cuando nos pasó el “cagazo”. Ahí comprobé que los Tucumanos son jodidos de verdad y que al fútbol lo viven con fanatismo extremo.

Mario el Bueno será siempre un amigo del fútbol, el tipo al que no se necesita frecuentarlo para así sentirlo, hoy como instructor de Infantiles en su escuelita “Off Side” es consecuente a los valores pregonados desde los inicios. El romance del cordobés con la pelota jamás terminó, sigue vigente, como en ésos tiempos en la bella Santa Rosa de Calamuchita.

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