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LA TIERRA, CURIOSO PLANETA

Medio ambiente: pandemia y entorno

El Día Mundial del Medio Ambiente se conmemora todos los años el 5 de junio y es la fecha más importante en la agenda de la ONU para promover la conciencia y la acción ambiental a nivel global.

A lo largo de los años, se ha convertido en la principal plataforma mundial de divulgación pública sobre medio ambiente y convoca a millones de personas en más de 150 países. El anfitrión de esta gesta ambiental -en 2020- es Colombia, con el apoyo de Alemania. Colombia está catalogada como uno de los países megadiversos del mundo, donde habita cerca del 10% de la biodiversidad del planeta. La nación suramericana ocupa el primer lugar en diversidad de especies de aves y orquídeas, y el segundo en plantas, mariposas, peces de agua dulce y anfibios.

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ORIGEN DE LA EFEMERIDE AMBIENTAL

En la década de 1950 la palabra “contaminación” se comenzó a escuchar con más frecuencia, comenzando de este modo, las investigaciones de los efectos negativos de impactos humanos sobre el medio ambiente. En los años 60 la preocupación pasó de los científicos a la gente común, que empezó a sufrir -en su vida cotidianalas consecuencias de dichas alteraciones. Aflicción y tremenda realidad que fueron incrementándose en las décadas subsiguientes. En efecto, según la Fundación Embajada Abierta, desde 1970 a 2017, la extracción anual global de materias primas se triplicó y sigue creciendo, pese a los riesgos para el planeta. Casi la mitad del total de emisiones de gases y más del 90% de la biodiversidad pérdida, incluyendo el estrés hídrico, provinieron de la extracción y procesamiento de recursos, combustibles y alimentos.

Avizorando esto, el 15 de junio de 1972, en Estocolmo, Suecia, la Asamblea General de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente, fijó el 5 de junio como el Día Mundial del Medio Ambiente”, a través de la Resolución N° 2994 (XXVII), con intenciones de promover y reforzar una conciencia mundial sobre la necesidad de cuidar y mejorar el entorno, buscando el interés y la acción política.

En dicha oportunidad los delegados aconsejaron 196 medidas que deberían tener en cuenta los gobiernos y organismos internacionales para frenar la contaminación del aire, de las aguas y del suelo, con miras a hacer más profunda la conciencia universal de la necesidad de proteger y mejorar el entorno.

Efeméride

Esta transcendental fecha tiene que ver contigo, conmigo y con todo nuestro entorno.

Este año 2020, la conmemoración tiene como tema central a la Biodiversidad, un gran asunto de cuidado en materia ambiental a nivel mundial. Hechos trágicos recientes como los incendios forestales a gran escala de Brasil, California y Australia, la invasión de langostas en el Cuerno de África y la pandemia de COVID-19 prueban que la Naturaleza nos está enviando un mensaje.

La biodiversidad es la variedad de seres vivos existentes en el planeta. Actualmente hay aproximadamente ocho millones de especies en la Tierra, habitando cada una en un ecosistema único. Cada miembro de esta biodiversidad juega un papel fundamental en el equilibro natural local, regional y global.

La biodiversidad es la base de toda la vida en la Tierra, y sin ella, la salud humana queda comprometida. Agua limpia, aire puro, alimentos nutritivos, todo ello depende absolutamente de la biodiversidad.

El anfitrión de esta gesta ambiental -en 2020- es Colombia, con el apoyo de Alemania. El anuncio fue hecho en la Conferencia de la ONU sobre Cambio Climático COP25, que se celebró en Madrid en 2019.

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COVID-19, PANDEMIA Y AMBIENTE

Pensemos cuán importante es conocer y valorizar la biodiversidad mundial, regional, local, tan sólo recordemos que justamente este año 2020, un organismo muy simple y microscópico puso en vilo al planeta y a la narcisista visión antropocentrista sobre la dinámica de la Biosfera y la estructura global de nuestra cultura postmoderna.

Desde hace cinco meses una pandemia tiene al planeta angustiado. A partir de diciembre de 2019 que surgió el coronavirus en Wuhan, China, la enfermedad no paró de propagarse y a partir de ese momento rige la inseguridad en todo el mundo, contabilizando unos 5 millones de infectados y alrededor de 340.000 muertos. Según Marcos Gil (2020) “Sólo sabemos que en realidad sabemos muy poco del Covid-19. Lo primero, ése no es su verdadero nombre: en realidad es SARS-CoV-2, pero su efecto ha provocado la Covid-19 (Coronavirus Disease 2019, en inglés). Aún estamos en la fase de contención en medio planeta, sin vacuna segura (al menos hasta 2021), sin tratamientos paliativos concretos que nos hagan ganar tiempo y salvar vidas, con multitud de líneas de investigación abiertas que al resonar todas a la vez crean aún más confusión.

Su nombre real es Orthocoronavirinae, de la familia Coronaviridae y subfamilia de virus “ARN monocatenario positivo”, (…). Su origen más probable es zoonótico (es decir, de animales a humanos, muy probablemente murciélagos ya que es del tipo betacoronavirus), y tiene un tamaño de entre 50 a 200 nanómetros (nm, millonésima parte de un milímetro). Hasta hoy se han catalogado un total de 39 especies divididas en cuatro géneros: Alpha, Beta (estos dos se han encontrado sobre todo en murciélagos, usados como huéspedes), Gamma (aves) y Delta. Su forma es similar: un nucleocápside con envoltura terminada en puntas que son en realidad parte del envoltorio proteínico que les ayuda a infectar a las células, como una corona, de ahí su nombre. Pueden infectar tanto aves como mamíferos, y su especialidad es la generación de enfermedades respiratorias y digestivas (ya que atacan el hígado y el intestino). En los seres humanos pueden producir múltiples enfermedades diferentes, desde el temible SARS (síndrome respiratorio agudo grave) al resfriado común, pasando por el MERS (síndrome respiratorio de Oriente Medio) o la que se ha llevado a más gente como consecuencia de la pandemia del Covid-19, la neumonía bilateral.”

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Frente a esta realidad, en estos días las organizaciones ambientalistas internacionales insisten en recalcar que las enfermedades infecciosas se relacionan con el calentamiento global y la destrucción de la biodiversidad. Por ejemplo, vectores como los mosquitos extienden sus territorios y propagan enfermedades infecciosas con más facilidad, muy conocido por aquí el Dengue. A su vez, los inviernos son cada vez menos intensos y los virus pueden estar activos durante más tiempo.

Claro está que, en este momento no es viable pormenorizar con precisión cuáles serán las alteraciones que va a dejar esta pandemia, no obstante, se pueden revelar ciertas secuelas cercanas que suscitó el coronavirus.

Primero, durante las últimas semanas, la batalla contra la COVID-19 se ha transformado en la prioridad cardinal de más de 200 países y territorios perturbados por la difusión de la enfermedad. Es factible que la COVID-19 –y otros brotes análogos de enfermedades infecciosas– se señalen hoy por hoy como una de las principales amenazas para la humanidad, que pueden afectar a la mayoría de la población terrestre.

Segundo, el riesgo de aparición de nuevas enfermedades es especialmente alto cuando los humanos y la vida silvestre interactúan en áreas de rica biodiversidad de vida silvestre, como los bosques tropicales. Dichos contextos además son la fuente capital de la mayoría de los recursos naturales que sostienen el modelo actual de desarrollo y consumo. La extracción de combustibles fósiles, la tala y la agricultura son las principales actividades que impulsan la invasión y degradación del bosque tropical, lo que representa un doble riesgo para nuestra salud. Así, aproximadamente la mitad de las enfermedades infecciosas emergentes de origen zoonótico que ocurrieron en el siglo pasado fueron el resultado de cambios en el uso de la tierra, las prácticas agrícolas y la producción de alimentos.

Otro efecto visible y estrechamente vinculado al ambiente es que cuando empezaron a aplicarse medidas para la prevención y contención del coronavirus, disminuyeron notablemente las emisiones de CO2 y de contaminantes atmosféricos, mejorando la calidad del aire y lográndose una menor contaminación acústica. En efecto, las medidas de aislamiento preventivo y la paralización de la economía mundial nos han mostrado que, la naturaleza, puede olvidarse prontamente de las pretensiones consumistas e intervencionista de nuestra sociedad postmoderna. Así, la ausencia parcial de la actividad humana en el planeta suscitó un gran impacto en el entorno, pues la paralización de la actividad industrial y las restricciones impuestas a los viajes, con la disminución del uso de transportes, redujo la emisión gases contaminantes, alternativa ideal a la hora de mejorar la calidad de aire de las grandes ciudades.

Asimismo se observa que, a medida que muchas ciudades del mundo adhieren a los protocolos de confinamiento, se difunden en las redes sociales muchas imágenes en las que aparecen animales salvajes aventurándose en los despoblados espacios urbanos, como si la fauna silvestre recobrara sus espacios diluidos por las ciudades y la codicia humana. Vale recordar simplemente que al presente la actividad humana ha transformado casi 75% de la superficie terrestre y ha arrinconado a la vida silvestre y la naturaleza en un rincón cada vez más pequeño del planeta. La biosfera es decisiva para nuestra propia subsistencia: la naturaleza suministra nuestro oxígeno, regula nuestros patrones climáticos, poliniza nuestros cultivos, produce nuestros alimentos, piensos y fibras, pero está sometida a un estrés creciente.

Obviamente no debemos ser ingenuos, como lo expresa Eco House, asociación civil que promociona el desarrollo sostenible a través de la educación y la concienciación ambiental, afirma que ante el freno de todas las actividades es indudable que -en general- se advierte el descenso de la contaminación, como también un renacer de la Naturaleza y su biodiversidad, sin embargo hay que tener presente que esto es a corto plazo, esta cuarentena no va a durar para siempre y, desde ningún punto de vista, parar todo sea una solución para frenar el cambio climático, disminuir la contaminación y recuperar la salud ambiental del Mundo. Sin dudas, cualquier impacto ambiental positivo luego de esta atroz pandemia deberá comenzar por el cambio en nuestros hábitos de producción y consumo.

Ante una efeméride tan reveladora, este 5 de junio como cada día, pero hoy más que nunca frente a un escenario de Pandemia… respetemos las medidas de bioseguridad, cuidémonos y cuidemos al Ambiente. Pensemos reflexivamente cuántos servicios básicos nos ofrece gratuitamente nuestro entorno… seguro concluiremos que es hora de preocuparnos por él, usarlo con prudencia y cuidarlo sin reservas. A todos… ¡Feliz Día Mundial del Medio Ambiente!

Fuentes:

Gil, Marcos (2020). La peste del siglo XXI. El Corso. Nº 80. Mayo - Junio 2020, pp. 45- 55. www.elcorso.es.

https://amp.pagina12.com.ar/266801- el-ambiente-en-tiempos-de-coronaviruso- el-coronavirus-en-el

https://www.nationalgeographic.com.es/ ciencia/naturaleza-salvaje-reconquistaciudad- por-coronavirus_15346

O’callaghan, Cristina. Salud planetaria y COVID-19: la degradación ambiental como el origen de la pandemia actual.

En: https://www.isglobal.org/healthisglobal