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Una taza de té en tiempos de pandemia ☕

 Rara vez tengo el tiempo para deleitarme con un té. Pero un té bien hecho. Concentrándome en el proceso de su preparación.  Sin embargo, esta “cuarentena” (la más larga del mundo, según dicen) me brinda la oportunidad justa, así que preparo la vajilla y me dispongo a disfrutarlo.

Por Pamela Perez Fernandez *

Preparo la tetera, calculo aproximadamente, 2 gramos de té y pongo a calentar el agua. Busco mi taza, un infusor y miro por la ventana. Afuera, la tarde gris, fría y húmeda, se presta. Me pide algo bien cálido. Ideal para un té que soporte buena temperatura. Elijo un oolong.

Alisto las hebras y pongo unas cuantas en la tetera, le agrego unas gotitas de agua a 85°C. Estoy despertando al té, remuevo la tetera. Cierro los ojos. Inspiro lentamente para apreciar los aromas que va soltando.

 Agrego más agua caliente y tapo la tetera. Espero 3 minutos. Lo sirvo y observo, su licor me muestra un color ámbar, champagne, aparecen unos reflejos color caramelo.

Una vez más, cierro los ojos y percibo una dulzura vegetal en nariz, levemente aromático. Algo de fruta y tostada se puede apreciar. En la boca, la fruta se percibe claramente, algo de durazno, damasco y un poco de tostado. Es un té untuoso, redondo y se siente bastante persistente. Casi no tiene astringencia.

 

      Frente a una taza de té, nos damos permiso para explorar nuevas latitudes del alma

 

Por una resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas se declaró el 21 de mayo como el Día Internacional del Té, con el objetivo de promover y fomentar medidas colectivas dirigidas a llevar a cabo actividades en favor de la producción y el consumo sostenibles de té y aumentar “la conciencia acerca de su importancia en la lucha contra el hambre y la pobreza”.

El té es una bebida proveniente de la planta Camellia sinensis. Es milenario. Y el hábito de beberlo ha estado relacionado con diferentes culturas de muchos pueblos. Durante casi 5000 años, se ha generado una rica cultura en torno a él.

 Es la bebida más consumida en el mundo después del agua y se define saludable, segura y beneficiosa para la salud, además de ser producida en un ambiente natural.  Nutricionalmente hablando, las propiedades y beneficios que el té aporta al organismo, son: vitamina A, vitamina B2, B3, B6 y vitamina C, y con respecto a los minerales contiene potasio, calcio, magnesio y manganeso.
Los taninos son compuestos polifenólicos astringentes y amargos y también se encuentran en el producto, en mayor o menor cantidad de acuerdo a los procesos que se realizan para obtener esta bebida.

Abundan leyendas acerca de su invención y descubrimiento. Pero una de las más conocidas es el relato chino: Cuenta la leyenda que el té fue descubierto por el emperador SHEN-NUNG, también llamado “El labrador Divino” hacia el año 2750 a.C. Cuando el emperador estaba descansando bajo un árbol, le acercaron un cuenco de agua caliente para saciar su sed. Una brisa acarició las hojas del árbol de té, debajo del cual estaba Shen-Nung, y estas cayeron dentro del cuenco del emperador, quien tentado por el aroma, decidió probarlo. 

Shen-Nung se sintió refrescado y con el cuerpo relajado. Y a la vez, su mente se vio alejada  de todos sus tormentos. Así descubrió Shen-Nung, el encanto de esta bebida. Dicen que luego de esto, el emperador alentaba a que su pueblo cultivara la planta y preparara la infusión diariamente. 

También se dice que los monjes budistas lo han utilizado durante cientos de años para relajar el cuerpo, ayudar a la concentración y evitar la somnolencia en sus horas de meditación.

Escritos chinos del año 100 A.C. llaman al té “elixir de la inmortalidad” y lo asocian a Lao-Tsé, padre del taoísmo.

“El té simboliza la armonía y la misteriosa unión del Universo” escribió Lu Yu, conocido como el santo patrono del té, en su libro Cha-Ching (The Classic of tea) en el siglo VIII D.C.

*La autora es sommelier, egresada de la Escuela Argentina de Té. 
 

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