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“Quería volver porque aunque estaba bien, no es lo mismo que mi casa”

La historia de una mujer que después de dos meses regresó a Resistencia. Había viajado a Buenos Aires por problemas de salud.

Una dolencia en columna y rodillas llevó a Lucía Romero a buscar en el hospital Austral una posible solución quirúrgica. “Quiero curarme para salir a pasear con mis nietos”, expresa a NORTE desde la casa donde formó familia y a la que acaba de retornar después de dos meses de ausencia.

Es una de las personas en la comitiva de más de 170 que vía aérea regresó el viernes a Resistencia desde Buenos Aires, como parte del programa Vuelta a Casa.

Cuando se decretó el aislamiento social obligatorio ella se viajaba a diario de Escobar a Pilar, en la provincia de Buenos Aires, por turnos de

Una selfie antes de abrazar a los suyos, ya en Resistencia. Foto de Lucía Romero.

estudios y consultas con especialistas médicos. Al comienzo la acompañaba su esposo, pero cuando los trámites fueron extendiendo los tiempos, él volvió al Chaco y ella quedó en la casa de una hermana.

El 24 de marzo tenía previsto uno de los últimos compromisos. “Iban a hacer un ateneo para analizar mi caso”, describe. Pero todo quedó suspendido por la pandemia por coronavirus.

Aún en buenas manos y con un clima favorable de convivencia, extrañaba su lugar: “Ya quería volver porque aunque estaba bien no es lo mismo que mi casa”.

Como afiliada al Insssep hizo gestiones ante la obra social y ante las autoridades de Transporte de la provincia para que se considerara su estado de salud. Sin embargo con cada extensión de la cuarentena sus expectativas parecían esfumarse.

La felicidad de retornar al hogar. Foto de Lucía Romero.

La espera se prolongó hasta el 30 de abril y para esa fecha le dijeron que habría una nueva oportunidad a comienzos de mayo. En esa insistencia estaba cuando se enteró de los tres vuelos de Aerolíneas Argentinas; “así es como estoy acá”, cierra la idea y la expresión suena a sonrisa.

Lucía habla pausado y en un momento desliza como algo secundario que a veces se le dificulta moverse por el dolor. Toma analgésicos y cuando duele mucho va a sesiones de kinesiología. “Los remedios son un paliativo porque ayudan hasta un punto y también crean otros problemas”, agrega. Cuenta que pese a todo eso estuvo dispuesta a aguantar las consecuencias de un viaje de doce horas en ómnibus con tal de regresar con los suyos.

De la recorrida que se truncó rescata estar satisfecha con la respuesta médica que recibió: “En ocho días me atendieron de maravilla”, resume. Ahora queda pendiente seguir el tratamiento hasta retomar el punto en el que se analizaba una posible operación, que estima recién ocurriría en 2021.  

Varias veces en la conversación se cuelan la paciencia y la comprensión que expresa hacia el trabajo y los tiempos de los demás. Al señalarse ese aspecto, responde que seguramente es porque trabajó mucho tiempo en la farmacia del Odontológico y que lo comprende porque estamos “ante una enfermedad a la que muchos no conocemos”.  

¿Qué es lo que más extrañaba? -“Estar con mi esposo y ver a mis hijos, a mis nietos”, responde la madre de cuatro jóvenes. De ellos aun convive con uno, Santiago, que el viernes la fue a buscar al aeropuerto y también saludó el contacto con NORTE.  

En Escobar todo se detuvo y la vida en las calles se redujo a la mínima expresión. “Es muy diferente de acá, que hay más movimiento”, compara.

“Hay lugares en los que ves una ciudad vacía, como triste; no sé, en este momento la emoción me embarga”, expresa y ya no nada más para preguntar.  

Con Santiago, Lucía recién había llegado al aeropuerto de Resistencia. Foto de Lucía Romero.