Chaco, botín de guerra y de reparto político
En su obra “Historia del Chaco”, Ernesto J.A. Maeder rememora siglos de intentos coloniales más o menos fallidos y décadas de infructuosos ensayos nacionales, antes de dedicar un capítulo a la creación del Territorio que sería el antecedente de la provincia que hoy habitamos.
El establecimiento del primer gobierno propio después de la guerra de la Triple Alianza, en

1884, parecía colmar las ansias de todos quienes disputaron tan duramente esta tierra a sus dueños originarios y a los vecinos paraguayos a lo largo de tanto tiempo; parecía adquirir sus primigenias formas republicanas de la mano de un soldado que había peleado en Cepeda y Pavón, había enfrentado a los caudillos litoraleños, y había sido partícipe de la definitiva derrota del mitrismo.
El general Manuel Obligado, fundador de Reconquista y gran conocedor de la región, era ahora gobernador del Territorio Nacional del Chaco. Pero ni aun su firme voluntad ni su gran experiencia alcanzaron para sustraer de la ambición de las provincias vecinas a la nueva entidad: seguía siendo un objeto de despojo.
La gestión inaugural del gobernador Obligado (1884-1887) y los nuevos límites provinciales
Por Ernesto J.A. Maeder*
La sanción de la Ley 1532 abrió para el Chaco una etapa institucional nueva. Esa ley sancionada en 1884 no solo disminuyo su territorio separándolo de Formosa, sino que estableció las normas a las que debía ceñirse su administración. Ella estaba además complementada por la ocupación militar del territorio y el afianzamiento de la colonización.

En razón de ello, y de la necesidad de registrar los aspectos salientes de este nuevo proceso, que concluye con la creación del Estado provincial en 1951, es que a partir de este capítulo el relato dejará gradualmente el ámbito del Gran Chaco para ceñirse cada vez más al Chaco austral, o más precisamente a lo ocurrido dentro de las fronteras del Territorio Nacional del Chaco, tal como quedó definido en 1884.
Esta delimitación del campo histórico posee inconvenientes y ventajas. Entre las primeras, es notorio que ciertos procesos pierden perspectiva, ya que afectan áreas y cuestiones que exceden con mucho el ámbito del Chaco.
La ocupación y poblamiento del territorio, la explotación forestal, la colonización agrícola y el destino de las tierras públicas, el trazado de las comunicaciones, e incluso el régimen institucional o la política indigenista, constituyen asuntos comunes a todos los territorios nacionales, y su tratamiento requiere un marco más amplio para su adecuada explicación histórica.
Pero, por otra parte, también es cierto que si todos esos procesos no son exclusivos del Chaco, su desarrollo en este territorio requiere una crónica particular, ceñida a un distrito que irá creando su propia fisonomía social, económica y política y que con el correr de los años supo en esa misma etapa suscitar pioneros, líderes y talentos que contribuyeron a perfilar la identidad de un Chaco moderno, diferente de su antigua y temible imagen.

Dentro de esa perspectiva, la gestión inaugural del gobernador Obligado posee una importancia singular. Su larga experiencia en las fronteras, su consustanciación con los problemas del Chaco y su gente, y la sobria energía que aplicó para organizar la inicial administración del Territorio y velar por sus intereses, lo acreditan como un gobierno fundador. A pesar de la brevedad de su paso por la gobernación (1884- 1887), su gestión dejo huella duradera, a tal punto que hoy, la sede del gobernador de la provincia es conocida como “el sillón de Obligado”.
LA ORGANIZACIÓN POLÍTICA Y ADMINISTRATIVA DEL NUEVO TERRITORIO
Uno de los primeros pasos dados por el gobernador fue organizar política y administrativamente el territorio. Durante los primeros meses del año estuvo en Buenos Aires preparando los trámites de sus acciones iniciales.
La base de su programa se hallaba en el presupuesto aprobado el 20/11/1885. Con relación al anterior (que comprendía tanto a Formosa como al Chaco), significó un verdadero crecimiento en personal y recursos, aunque según el testimonio de Obligado se hallaba lejos de satisfacer todas las necesidades. Las partidas asignadas contemplaban la dotación administrativa y técnica de la gobernación, tesorería, escribanía, registro civil, estadística y maestranza, con algunos fondos para gastos generales. La estructura de cargos en todos los niveles comprendía 19 empleados y 38 policías, y su monto total llegaba a 30.072 pesos. A ello deben agregarse, para una visión mas completa, los servicios nacionales que dependían de otras reparticiones, como correos y telégrafos, escuelas y subprefectura de Bermejo y Barranqueras.
Otro asunto de importancia fue la división territorial en departamentos de conformidad con lo dispuesto en el artículo 2 de la ley 1532. La propuesta de Obligado fue ratificada por un decreto del 21/11/1885, que estableció 9 departamentos: Coronel Martínez de Hoz, Solalinde, Guaycurú, Resistencia, Florencia, Las Toscas, San Antonio de Obligado, Ocampo y Avellaneda. Su trazado consistió en secciones horizontales, cuyos límites estaban entre el río Paraguay y el Paraná, al Este, y el meridiano 60 al Oeste, lo cual indica claramente que la región ocupada del territorio era entonces solo la porción ribereña del Chaco oriental.

Paralelamente a estas iniciativas, el gobernador dispuso también la realización de un censo. Su objeto fue no solo conocer la población de cada departamento, sino también determinar cuales se hallaban en condiciones de elegir sus municipalidades y jueces de paz. De acuerdo con este criterio, el 26/11/1885, Obligado ordenó la ejecución de la tarea. Las cifras del censo arrojaron el siguiente resultado:
CENSO DEL TERRITORIO DEL CHACO EN 1885
Resultó así que los núcleos de mayor población eran las colonias de Villa Ocampo, Resistencia y Avellaneda, que agrupaban el 63% del total y cuya proporción de extranjeros llegaba al 40%. La población aborigen no fue censada. Pero al margen de esos datos, el censo sirvió para regularizar la designación de jueces de paz y municipios.
En el primer caso, la ley 1532 disponía que los distritos de más de mil habitantes eligieran a sus jueces de paz de modo directo. Estos durarían dos anos en sus funciones, podrían ser reelegidos y requerían como condición previa ser ciudadanos mayores de edad, saber leer y escribir y tener domicilio en la sección. Quedaban exceptuados los militares en disponibilidad y los empleados públicos. Para integrar el Concejo municipal, los requisitos se limitaban a la mayoría de edad y domicilio en el distrito.
Los jueces existentes al hacerse cargo Obligado, no llenaban los requisitos exigidos por la ley. En razón de ello propuso una nueva nomina ínterin se completaba el censo. Los nombrados se hicieron cargo de sus funciones en el resto del año. Una vez concluido el censo, Obligado dispuso la formación de los padrones, y finalizada esta tarea, se fijó para el 1/1/1886 la elección respectiva en Resistencia, Villa Ocampo, Avellaneda y Las Toscas.
LAS COLONIAS DEL CHACO
La organización política y administrativa realizada por el gobernador se apoyaba casi exclusivamente en las pocas colonias existentes en el territorio desde fines de la década del 70.
Esas colonias eran de dos tipos. Unas se formaron como resultado de la acción oficial directa, como Avellaneda y Resistencia. Las otras, como Las Garzas, Ocampo, Las Toscas y Florencia, fueron el resultado de concesiones a particulares, que llevaron a cabo la colonización con capitales propios. El periodo de gobierno de Obligado es en ese sentido, particularmente interesante, ya que entre 1884 y 1887 aumentó la actividad colonizadora, mientras que los periódicos informes reflejan la atención con que desde el gobierno se seguía ese proceso y las comparaciones a que daba lugar el esfuerzo privado frente al estatal.

De todas ellas, Resistencia había sido elegida como capital y sede de las autoridades. Su ubicación, próxima a Corrientes y casi equidistante entre Reconquista y Formosa, en el eje Norte-Sur, había sido acertada para controlar el vasto territorio del Chaco que se abría hacia el Oeste. Sin embargo, el sitio elegido, con abundancia de lagunas y necesidad de desagües y puentes, a ocho kilómetros del río Paraná, hizo difícil la traza del pueblo.
Al Sur, la colonia Avellaneda tuvo similar origen y poblamiento. Fundada inicialmente en el paraje Timbó, se estableció allí un pueblo y colonia de similar diseño que Resistencia, con inmigrantes llegados del Tirol y de Gorizia, entre enero y abril de 1879, junto a un pequeño grupo de galeses. De los 1130 pobladores que residían en ella a principios de 1882, el 82% eran de origen austriaco. En los primeros tiempos, alojados en ranchos, sus recursos fueron modestos, ya que se limitaron a cultivar cereales, caña de azúcar, legumbres y al pastoreo de animales.
LOS NUEVOS LÍMITES CON SANTA FE Y EL EPÍLOGO DEL GOBIERNO DE OBLIGADO
En 1886 se presento en el Congreso Nacional una cuestión de límites entre las provincias de Santa Fe y Santiago del Estero, cuyas consecuencias iban a sentirse en el Chaco de modo sustancial. Dicha cuestión se había iniciado en 1881, a raíz de la venta de tierras dispuesta por la sucesión Canepa en Santiago del Estero, en una zona sobre la cual Santa Fe alegaba derechos. Los representantes de ambas provincias, luego de estudiar el asunto, llegaron a un arreglo y el 15/11/1886 firmaron en Buenos Aires un convenio acordando nuevos límites. En el Artículo 4° de ese texto se pedía al: Honorable Congreso la reintegración del territorio de la provincia de Santa Fe mediante la fijación del paralelo 28 como límite Norte hasta el río Paraná, restabléciendose así la línea norte que corresponde a la expresada provincia de Santa Fe por su acta de fundación.
El convenio fue aprobado por ambas legislaturas provinciales y una vez en el Senado, la comisión de límites aconsejó su aprobación. El asunto fue tratado en las sesiones del 19 y 21/10/1886; en la última de ellas, el senador Nougues explicó que esta cesión de 400 leguas cuadradas del territorio chaqueño se hacía “con el objeto de que Santa Fe pudiera indemnizar a aquellas personas que habiendo comprado tierras a una u otra provincia, se encontrasen sin derecho a la posesión que habían obtenido por las compras que hicieron”.
El asunto se aprobó sin debate. Remitido a la Cámara de Diputados volvió con solo la eliminación de la frase “reintegrar a la provincia de Santa Fe”. El 4/11, el Senado volvió a considerar el asunto y dio sanción definitiva a la Ley 1894. El Artículo 2° decía así: “Concédese a la provincia de Santa Fe el territorio de propiedad de la Nación que se halla comprendido desde su límite Norte actual hasta el paralelo 28 del río Paraná”.
Esta cesión, sobre la cual el gobernador del Chaco no tuvo oportunidad de opinar, implicaba cercenar al territorio su zona más rica y poblada. Esa fracción comprendía los departamentos Avellaneda, Ocampo, San Antonio, Las Toscas y parte de Florencia, en donde se hallaba en ese momento el 65% de la población censada, las mejores colonias, el mayor número de inversiones y las tierras más codiciadas. Significaba un verdadero golpe para la nueva gobernación y cabe presumir que Obligado sintió como nadie sus consecuencias.
En su memoria de 1886, fechada en Resistencia el 18/11/1886, y escrita seguramente bajo los efectos de la cuestión de límites, no pudo menos que dejar traslucir algunas desilusiones respecto del futuro del territorio.
Así, por ejemplo, observó que las comisiones municipales y que los jueces de paz electos actuaban frecuentemente como “instrumentos o agentes de los intereses de la administración” de las colonias particulares; que obstaculizaban la radicación de comerciantes que venían a competir con las proveedurías locales; que carecían de la instrucción necesaria para desempeñar su cometido con eficacia. Escribió también juicios negativos para algunos empleados de la Prefectura y de las Aduanas, sensibles a las mismas presiones e intereses. Hizo ver también que la baja retribución de la policía no apuntaba a lograr un servicio de seguridad eficiente.
Otro aspecto que mereció sus comentarios fue la falta de realización de obras públicas ya solicitadas desde tiempo atrás. Quedaban pendientes la casa de gobierno, el templo, el camino a Barranqueras, la erección de colonias aborígenes, la ampliación de la escuela Zorrilla y la creación de otras cuatro más en el ámbito de la colonia Resistencia. Sobre este último asunto expresaba con énfasis: “Esta necesidad es tanto más sentida cuanto que siendo los pobladores de los lotes rurales todos extranjeros ignorantes, mantienen a sus hijos como extranjeros y esos jóvenes argentinos por su nacimiento, no saben hablar el idioma nacional, ni tienen la más remota idea de sus deberes y derechos de ciudadanos, ni de la historia de su país”.
Obligado dejó a cargo de la gobernación a su secretario Antonio Ramayón el 25/11/1887 y se embarcó para Buenos Aires. En la capital, y con fecha 7 de marzo presentó su renuncia, fundada en razones de salud.
Su alejamiento del gobierno, en el que permaneció mas de dos años, significó para el Chaco la pérdida de uno de sus mejores hombres, conocedor de sus problemas y de su historia, y dotado del carácter necesario para la difícil tarea de gobernarlo. A pesar de su postrer desengaño, la labor realizada había sido importante y gracias a ella sus sucesores pudieron contar con las instituciones y los medios necesarios para desarrollar su labor. La tarea de Obligado fue la de un fundador y de un gran gobernante. Pero sus frutos, como en los árboles robustos, solo se advirtieron mucho más tarde, cuando ya no estaba el sembrador para recogerlos y gozarlos.
*Capítulo XI de su “Historia del Chaco”










