La pandemia que se llevó a un gigante de la industria
John y Horace Dodge, pioneros de la industria automotriz y fundadores de la marca Dodge, comenzaron su empresa construyendo bicicletas.
Rápidamente consiguieron un contrato con Oldsmobile –luego adquirida por General Motors– para producir ejes y transmisiones, ingresando de lleno en el negocio de los autos.

Los hermanos Dodge, asociados a Henry Ford, fueron el cerebro de la ingeniería detrás del famoso y exitoso Modelo T. Un modelo que superó las 15 millones de unidades fabricadas y se erigió como uno de los autos más importantes de la historia. Además, construyeron casi la totalidad de los componentes usados por la marca del óvalo.
En 1917, durante la Primera Guerra Mundial, comenzaron a producir motores para los camiones que utilizaba el Ejército de los Estados Unidos. Tras el conflicto bélico, lo hicieron de forma comercial. La marca creía a buen ritmo y se posicionaba como una de las más pujantes del mercado norteamericano.
Fue cuando llegó la pandemia de gripe A H1N1 (también llamada gripe española), o la epidemia olvidada. Mientras asistían al Salón del Automóvil de Nueva York de 1919, los Dodge cayeron gravemente enfermos. John contrajo el virus y murió a los 55 años, el 14 de enero de 1920. Su hermano Horace, también contagiado, sufrió varias recaídas y falleció como resultado de la neumonía y una cirrosis a los 52 años, en diciembre del mismo año.

Al igual que hoy, el virus no hizo ninguna distinción. Y se cobró la vida de dos de los más importantes pioneros de la industria que aun así dejaron su marca hasta nuestros días pero Dodge como fábrica autónoma dejó de existir culpa de esa pandemia de gripe.
LA GRIPE ESPAÑOLA
La gripe llegó por primera vez a Nueva York en el verano de 1918 de marineros enfermos del buque noruego Bergensfjord. Justo cuando la carnicería en las líneas del frente de la Primera Guerra Mundial se estaba reduciendo, la muerte llegó a las casas de familia. Durante un mes en 1918, durante la primera ola de la enfermedad, Nueva York experimentó 147.000 casos de influenza y neumonía. Eso dio lugar a 20,.08 muertes. Y esa cifra es mucho más baja que otras ciudades en la costa este.
En todo el mundo, la gripe infectaría a 500 millones de personas (o un tercio de la población humana en ese momento) y mataría a 50-100 millones de ellos, lo que la convierte en la peor pandemia de la historia.
John y Horace Dodge se enfermaron al final de la tercera ola del brote en 1919. John, un hombre que comenzó su vida corriendo descalzo por la pequeña ciudad de Niles, Michigan, murió en su gran suite en el Ritz-Carlton de influenza el 14 de enero de 1920 a los 54 años .

CERCA DEL FINAL
Horace nunca se recuperó del golpe de la muerte de su hermano. Permaneció enfermo por un año más, incluso mudándose a Florida con la esperanza de que el clima lo reviviera, pero su cuerpo estaba demasiado dañado y muríó menos de un año después.
Los rumores se arremolinaron en el momento de la muerte de los hombres. Se llegó a decir que Henry Ford pagó para que envenenaran a los dos hombres. Estos rumores, tal como se describen en The Dodge Brothers: The Men, The Motor Cars y The Legacy , fueron infundados. Henry Ford aislado en el campo tuvo un ataque de nervios cuando se enteró de la desaparición de John en Nueva York, y asistió al funeral de su ex rival en Detroit. Además, Henry y Edsel Ford sirvieron como portadores del féretro en el funeral de Horace.
A diferencia de Ford, los hermanos Dodge no tenían un claro heredero al trono, y nadie en sus familias estaba interesado en recoger el negocio familiar. Los planes para hacer sus propias fábricas de hierro y acero fueron desechados, y si bien Horace había intentado apuntalar la compañía en el año en que se había ido, era demasiado para que un hombre enfermo lo manejara. Años antes, los intereses financieros habían tratado de comprar la compañía, pero los hermanos se negaron. Sus viudas estaban mucho más dispuestas tomar champagne que a dirigir una empresa de esa envergadura y en 1925, Dodge se vendió al grupo de inversión Dillon, Read & Co. Luego pasó a manos de Chrysler en 1928 y ayudó a que Chrysler se convirtiera en el tercer fabricante de automóviles más grande del mundo.
Al final, no fueron las fallas o locuras personales lo que hizo desaparecer a Dodge, fue una suerte muda, terrible, negra. La gripe española no mostró piedad, llegando hasta el campesino ruso más pobre y hasta las alturas del poder industrial estadounidense.










