“La veracidad y el intento de ser objetivos son las mejores armas de los medios tradicionales”
El director del diario El Día, de La Plata, expresidente de la Sociedad Interamericana de Prensa opina sobre los medios locales en el nuevo contexto.
Por de Hora de Cierre*
“El aspecto fundamental de nuestra estrategia para ser un diario localista es que hemos evitado tener como guía solamente encuestas y estudios de mercado, porque valoramos especialmente reclamos y opiniones individuales. Los lectores hacen periodismo ciudadano y lo fomentamos permanentemente. Cuando el criterio editorial es diferente al de la mayoría de la población se puntualiza la opinión del diario, pero intentamos reflejar los otros puntos de vista, por más críticos a nuestro diario que sean.

Las redes nos han ayudado enormemente en la búsqueda del contacto personalizado con los lectores, y en nuestra edición web después de cada artículo difundimos comentarios de los lectores, adecuadamente registrados, lo cual generó polémicas y nos obliga al control permanente para evitar exabruptos. Realizamos posteos en las diferentes redes, concursos, encuestas, etc. Para segmentar creamos micropáginas con intereses específicos”.
-¿Una buena estrategia de información local puede ayudar a competir con los medios nacionales y otras grandes marcas de la información?
-Nuestra ciudad es la capital de la provincia de mayor producción agropecuaria e industrial, y los debates de la Legislatura constituyen un tema importante, como la política de la Universidad, en la que hay ochenta mil estudiantes. Pero siempre atendemos al concepto de que los vecinos están afectados por hechos de la vida cotidiana que merecen la mayor atención.
-Se recomienda a los medios que aprendan a segmentar sus audiencias para servirlas mejor. ¿En El Día utilizan redes sociales para crear nuevas audiencias o como fuentes informativas?
-De las redes sociales obtenemos información permanentemente y estamos agregando cada vez más imágenes en eldia.com. Ello repercute en las redes y ha sido un punto de partida para ganar lectores. Estamos incorporando informativos orales y convergemos hacia una redacción que puede utilizar las plataformas radial y de imagen.
-¿Cómo ve el futuro de los medios tradicionales?
-En Argentina los medios tradicionales, además de la competencia que significan para ellos hasta sus propias versiones en web, enfrentan la crítica situación de la economía del país que también se refleja en los periódicos, ya que recibir la edición de papel de un diario todos los días puede significar más del diez por ciento del salario mensual mínimo legal.
La caída de la publicidad también es sufrida por los medios en la web y la causa es la crisis general. Estas vicisitudes afectan gravemente a las empresas periodísticas y la nuestra no es la excepción. La profesión de informar no va a desaparecer, pero seguirá sufriendo transformaciones, y no solamente tecnológicas.
-¿Tiene el periodismo posibilidad de ganar la guerra contra las fake news, o competir con las grandes plataformas que absorben casi toda la publicidad?
-La guerra contra las fake news es muy antigua. En muchos países los gobiernos se convirtieron en orientadores, censores o propietarios casi monopólicos de los medios para difundir mentiras y evitar opiniones discrepantes. Sin embargo, debieron perseguir también a las voces con pequeñas audiencias que cuestionaban las verdades impuestas, tal como ocurre en Cuba.
En las sociedades democráticas, las fake news pueden incidir en coyunturas y en procesos electorales, pero en el largo plazo se corren los velos y la verdad resplandece. La veracidad y el intento de ser objetivos son las mejores armas de los medios tradicionales. El número creciente durante el siglo XXI de países en los que está vigente el sistema democrático permite abrigar esperanzas.
-El año pasado vimos agresiones contra la prensa durante manifestaciones populares en Ecuador, Bolivia, Chile y Colombia. ¿A qué se debe esta polarización? ¿Por qué los medios están siendo blanco de expresiones de violencia popular y política?
-Ecuador, Bolivia, Chile y Colombia viven situaciones económicas, políticas, sociales y culturales diferentes. Sin embargo, los últimos años han sido de estancamiento de las economías de esos países. El crecimiento de las clases medias urbanas trae como consecuencia una ciudadanía cada vez más exigente que también se caracteriza por una impaciencia en aumento que significa más reclamos y protestas.
La libertad de expresión solo es posible en sociedades democráticas en las que inevitablemente se propende a la igualdad de oportunidades. En las multitudinarias manifestaciones puede ocurrir que pequeños grupos organizados y violentos parecen expresar a toda la multitud.
La contradicción se plantea justamente al observar que los medios cuyas instalaciones son atacadas al día siguiente serán los elegidos por la ciudadanía para informarse. Esos mismos medios tendrán entonces aún mayores obligaciones de ser veraces y objetivos sin dejar de analizar las causas profundas de la disconformidad social. Los hechos violentos, aunque nos afecten hasta personalmente, no pueden ser determinantes de cómo se informa y opina. -
¿Qué nuevas amenazas ve en el horizonte para la Sociedad Interamericana de Prensa en su defensa de la libertad de prensa? ¿Hay algo que debe hacer esta organización para encarar el futuro que aún no está haciendo?
-La SIP, sin duda, está cumpliendo un importante papel en la defensa de la libertad de expresión. En los todavía incipientes procesos democratizantes con avances y retrocesos en Latinoamérica creo que es fundamental estrechar relaciones con los integrantes de los poderes judiciales de la región.
En el pasado se desarrolló un programa de paneles que, como por ejemplo en la Argentina, fueron trascendentes. Estoy convencido de que debemos continuarlos con la participación de jueces norteamericanos que demostraron comprensión de la necesidad de aplicar las normas constitucionales que garantizan la libertad de expresión.










