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Manual para padres: cómo acompañar a sus hijos adolescentes

Durante el aislamiento obligatorio, acompañar a los adultos en el manejo de las emociones de sus hijos adolescentes no es tarea sencilla. Diferencia con los niños, gestión de crisis y tips para tener en cuenta en el contexto actual.   

"Es importante escuchar lo que sienten, animarlos a que se expresen, validar esos sentimientos y no minimizarlos", considera la especialista.

Por Victoria Montesdeoca (*)

El término adolescencia proviene del verbo “adolecer”, que significa crecer, desarrollarse. Se trata de una etapa de crecimiento donde las personas experimentan cambios a nivel físico y emocional. Si a esto le sumamos el estado de aislamiento obligatorio, para muchos implica una experiencia desagradable: se separan de sus pares, pierden la libertad que tenían y además se ven obligados a pasar con sus padres las 24 horas del día.
 

Características cognitivas

Mucho se viene hablando sobre cómo acompañar a los adultos en el manejo de las emociones de los más chicos en los tiempos que corren. En este sentido, es oportuno trazar una diferencia entre niños y adolescentes, debido a que no presentan las mismas características cognitivas para poder entender la situación actual.

A los niños hay que transmitirles lo que ocurre de una forma concreta y acorde a su propia capacidad de entendimiento, utilizando material didáctico si es posible, lo que ayuda a asimilar más aun la situación. En cambio, con los adolescentes es importante hacerlos partícipes de la realidad que se está viviendo.

Hay quienes tienden a creerse omnipotentes y están convencidos de que a ellos nada les sucederá, por eso es fundamental que el mensaje sea claro y directo. Se les puede explicar que todos somos vulnerables y, aunque ellos tengan menos riesgos por la edad y por contar con otros mecanismos de salud, deben comprender que se pueden enfermar, y que en ese caso serán portadores del virus y podrán afectar a personas más vulnerables, motivo por el que no pueden salir de casa.

Es un contexto complejo, en donde tanto los adultos como los adolescentes pueden llegar a experimentar un desborde emocional si no es gestionado adecuadamente. Hay que proteger, protegerse y adaptarse. Es fundamental conectar con uno mismo, aceptar las emociones que se tienen; porque aceptar es el primer paso para transformar.

Si bien se considera que el estado de aislamiento es físico y no social, ya que los adolescentes pueden hacer uso de dispositivos electrónicos para establecer comunicación con sus pares mediante redes sociales, es importante entender que ellos extrañan “el cara a cara” con el otro. No poder contar con esto genera cambios en su humor, irritabilidad, nerviosismo, desánimo, aumento en las discusiones o enfrentamientos con los integrantes de la familia, por lo que la mayoría de las veces tienden a encerrarse en sí mismos o a volverse desafiantes con el resto. Esto, desde el mundo adulto es vivido con mucha tensión.

Además se suman elementos como la incertidumbre que tienen con respecto a la situación actual, las noticias no tan agradables y las limitaciones propias del encierro. Este contexto hace que sea difícil adaptarse y comprender al adolescente.

A los niños hay que transmitirles lo que ocurre de una forma concreta y acorde a su propia capacidad de entendimiento, utilizando material didáctico si es posible, lo que ayuda a asimilar más aun la situación. En cambio, con los adolescentes es importante hacerlos partícipes de la realidad que se está viviendo y es fundamental que el mensaje sea claro y directo.

Manejar las emociones

No se puede perder de vista que los adultos son los referentes y modelos para sus hijos. Por eso deben tener la capacidad y habilidad de manejar sus propias emociones frente a esta situación. Como adultos sería bueno entender que para sus hijos adolescentes los amigos son importantes, ya que establecer vínculos con pares es esencial para la etapa de desarrollo en la que se encuentran. En este sentido, resulta oportuno que los padres puedan hacerle llegar al adolescente que saben y entienden lo frustrante que es para ellos estar separados de sus amigos, así como también no poder salir. Es importante escuchar lo que sienten, animarlos a que se expresen, validar esos sentimientos y no minimizarlos.

En relación a esto, cabe mencionar que el actual contexto de crisis por la pandemia del coronavirus se dio de una manera abrupta. Nadie preparó a los adultos para transitar el estado de cuarentena y, por ende, no se puede pretender que los adolescentes sí estén preparados para eso.

Hay jóvenes que encuentran en este estado de cuarentena, tiempo para relajarse, tiempo de ocio y momentos para explorar cuestiones que son de su interés. Pero, por otro lado, están aquellos que no logran gestionar sus emociones, apareciendo la ansiedad, angustia o estrés. En este sentido, el hogar puede llegar a ser uno de los escenarios menos agradables para ellos.

La importancia de los hábitos

Los hábitos son importantes para los adolescentes y perder sus rutinas puede ser una gran fuente de estrés. Una forma de acompañar es elaborar un cronograma para realizar sus tareas, definiendo los tiempos, incorporando descansos y momentos para socializar, así como también hacer ejercicio y entretenerse.

Los adultos deben tener la capacidad de reconocer y manejar sus emociones, trabajar la paciencia y poder tener la apertura para acompañar al adolescente en este recorrido, permitiéndole expresarse y haciéndole ver que sus emociones son válidas, sin minimizarlas.

Las circunstancias han ofrecido la oportunidad de pasar más tiempo en familia. Es un buen momento para aprovechar a hacer aquellas cosas que habían quedado de lado por la falta de tiempo y las dinámicas diarias de cada hogar: hablar, jugar, cocinar juntos, ver una peli, interesarse por el otro...acercarse entre todos.

En conclusión: la adolescencia es una etapa donde se vivencian cambios a nivel físico y emocional. Esto, sumado al aislamiento obligatorio, puede generar desajustes en el estado emocional y comportamental de los adolescentes, lo cual puede ser vivido con cierta tensión en el mundo adulto. Para gestionar esto de forma adecuada, son fundamentales dos cosas.

La primera, que los adultos tengan la capacidad de reconocer y manejar sus propias emociones ante la situación. La segunda, trabajar su propia paciencia y poder tener la apertura para acompañar al adolescente en este recorrido, haciéndole ver que sus emociones son válidas y permitiéndole la expresión de las mismas, sin minimizarlas.

(*) Licenciada en Psicología.

Fuente: Ámbito.