Día Mundial del Teatro con salas vacías y boleterías cerradas
William Shakespeare escribió “Macbeth” y “Rey Lear” durante una peste y otra, la del coronavirus aparca la gala del 27 y tiene las salas cerradas.
Hoy se celebra desde 1961 el Día Mundial del Teatro. El Instituto Internacional del Teatro encarga cada año un manifiesto a una figura relevante de la escena de cualquier lugar del mundo. Este texto se lee públicamente ese día en todos los teatros.

Este año lo había escrito el dramaturgo paquistaní Shahid Nadeem y se titula ‘El teatro como santuario‘. Este año todos esos escenarios, esos posibles templos, van a estar cerrados. No va a haber representaciones en vivo ni lectura pública.
Desde que la pandemia se instaló entre nosotros la situación de la cultura en general y del teatro en particular se ha vuelto frágil, casi mortal. Con los teatros cerrados, no quedan ni las calles para convocar al público. Esto genera la desaparición total de los ingresos y la imposibilidad de mantener la actividad. Los aboca al paro y con ello la posibilidad real de que se rompa el vínculo, la relación entre el escenario y su público, una relación que es el cordón umbilical que nos alimenta.
Desde el minuto uno, han surgido iniciativas para tratar de evitar que eso suceda. Compañías y artistas han subido de forma gratuita contenidos, a veces grabados, a veces generados en el momento, con los que trasmitir, por un lado, la solidaridad que el mundo de la cultura tiene para con la sociedad a la que pertenece y a la que quiere trasladar sus reflexiones, pero, por el otro también, como apelación a no romper, e incluso a descubrir, el vínculo necesario entre los creadores artísticos y sus espectadores.
EL TEATRO COMO SANTUARIO
El Mensaje del Día Mundial del Teatro lo firma Shahid Mahmood Nadeem.
“De repente, se nos ocurrió un concepto completamente nuevo de teatro, donde el actor se convierte en la reencarnación del personaje que interpreta.
Explorar historias como la de Bulleh Shah, historias como ésta existen en todas las culturas y pueden convertirse en un puente entre nosotros, los creadores de teatro, y una audiencia desconocida pero entusiasta.
Mientras actuamos en el escenario, a veces nos dejamos llevar por nuestra filosofía del teatro, en nuestro papel como precursores del cambio social a veces dejamos atrás a gran parte de la comunidad.
En nuestro compromiso con los desafíos del presente, nos privamos de las posibilidades de una experiencia espiritual profundamente conmovedora que el teatro puede proporcionar.
En el mundo de hoy donde la intolerancia, el odio y la violencia están en aumento, nuestro planeta se está hundiendo cada vez más en una catástrofe climática, necesitamos reponer nuestra fuerza espiritual.
Necesitamos luchar contra la apatía, el letargo, el pesimismo, la avaricia y el desprecio por el mundo en que vivimos, por el planeta en el que vivimos. El teatro tiene un papel noble, debe dinamizar y hacer avanzar a la humanidad, ayudarla a levantarse antes de que caiga en un abismo. El teatro puede convertir el escenario en un templo, el espacio de actuación, en algo sagrado.
Es hora de recuperar esa relación simbiótica entre el artista y el público, el pasado y el futuro. Hacer teatro puede ser un acto sagrado y los actores pueden convertirse en los avatares de los roles que desempeñan.
El teatro tiene el potencial transformador de convertir la escena en un santuario y ese santuario en un espacio de actuación”.












