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Ciencia al servicio de los argentinos

La rápida expansión del coronavirus demostró la necesidad que tienen países como la Argentina de apuntalar el valioso trabajo de laboratorios e investigadores de su sistema científico. Un caso para destacar es de la Administración Nacional de Laboratorios e Institutos de Salud (ANLIS), más conocido como Instituto Malbrán, que cuenta con laboratorios que analizan las muestras de todo el país de Covid-19.

La pandemia que por estos días obliga a poner en cuarentena al país confirmó que el Malbrán, que trabaja en forma coordinada con laboratorios de todas las provincias y es centro de referencia de la Organización Mundial de la Salud, es un actor clave en el sistema científico argentino. Sin embargo, ese instituto que en esta emergencia tiene a un equipo de investigadores trabajando contrarreloj en el laboratorio de virus respiratorios, los siete días de la semana, tuvo que padecer en los últimos años -entre 2015 y 2019, para ser más precisos- un severo desfinanciamiento. En efecto, durante la gestión macrista el Malbrán sufrió un 50 por ciento de recorte en su presupuesto, un diez por ciento de recorte en el plantel de recursos humanos, la completa eliminación de presupuesto para equipos, infraestructura y mantenimiento y, como si eso fuera poco, el personal que no fue despedido tuvo que sobrevivir con el 65 por ciento de recorte de sus salarios. Este mismo instituto es el que hoy concentra las miradas de todo el país por el trabajo que se lleva adelante en sus cabinas biológicas de seguridad, en el marco de los enormes esfuerzos que se realizan para detener la pandemia de coronavirus en el menor tiempo posible. Por eso merece destacarse la reciente decisión de destinar nuevas partidas la adquisición de reactivos y equipos para la red de laboratorios. En un país en el que en la década del 90 un ministro de Economía mandó a “lavar los platos” a los científicos y en el desinterés que mostró la administración nacional anterior hacia el sistema científico (a tal punto que eliminó el Ministerio nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, para pasarlo al rango de Secretaría, como lo hizo con la cartera de Salud), es necesario que la ciudadanía tome conciencia de la importancia que tiene la tarea, muchas veces silenciosa, que realizan investigadores de todo el país para poner de pie un sistema que sufrió la reducción de casi 800 millones de dólares en el último ensayo de políticas de ajuste que vivió la Argentina con la gestión de Cambiemos.

Por eso es bueno recordar que el proceso de precarización al que fue sometido el trabajo de los científicos en la Argentina hizo que el año pasado, antes del cambio de gestión nacional, más de un centenar de directores y vicedirectores de Unidades Ejecutoras del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conicet) se reunieran en la provincia de Córdoba para hacer una declaración pública en la que se alertó sobre la “política de desmantelamiento” que impulsó el gobierno de Mauricio Macri, y denunciar, a la vez, que producto de esas políticas de ajuste (que privilegió la especulación y facilitó una fenomenal fuga de capitales) los institutos de investigación no pudieron contar con los fondos mínimos imprescindibles para su funcionamiento. Hay que tener memoria para no repetir errores. Países como Israel, Corea del Sur, Japón, Finlandia, Austria, Suecia, Suiza, Dinamarca, Alemania y Estados Unidos saben de la importancia que tiene invertir recursos en ciencia y tecnología y por eso encabezan el ranking de naciones que destinan el mayor porcentaje de su Producto Bruto Interno a ese sector.

Como bien señala la Unesco, en la documento “La ciencia al servicio de la sociedad”, el trabajo de los investigadores brinda soluciones para los desafíos de la vida cotidiana de la gente y ayuda a responder a los grandes misterios de la humanidad. Hay que señalar tambien que la ciencia, además de ser una de las vías más importantes de acceso al conocimiento, desempeña un rol fundamental en las economías modernas del cual se beneficia el conjunto de la sociedad, ya que genera nuevos conocimientos, mejora la educación y aumenta la calidad de vida de la población.

Por eso, en esta emergencia sanitaria la ciudadanía debe tomar conciencia de la importancia que tiene la labor de los científicos argentinos y asumir un firme compromiso con la defensa del sistema científico nacional.

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