La radio en tiempos de coronavirus: cumple 100 años y se vuelve más fuerte
Desde la cuarentena obligatoria, los programas se llenaron de ruidos de fondo, perros, niños. Las fronteras de la am y la FM parecen diluirse.
Una horda buceando al mismo tiempo en el océano Netflix podría hacer colapsar el servicio. Un millar de internautas insistiendo en el click, podría reventar Internet y extinguirla. Algo podría cortar el hilo invisible de la fibra óptica cuya capital nacional es Las Toninas.

En ese escenario, un medio viejo que en agosto cumplirá 100 años reafirma que no resucitó: siempre estuvo vivo, como servicio esencial tildado de antiguo. La radio en tiempos de coronavirus es vacuna.
El 16 de junio de 2019 habíamos tenido una señal de alerta: era vital tener una radio portátil, no como adorno vintage, sí como ‘salvavidas‘ comunicacional: ese día ocurrió una falla masiva en el sistema de interconexión. Corte de luz a nivel nacional, celulares y tablet descargados, TV sin poder encenderse. 4 G colapsado y caducidad de wifi. El lema de los radiófilos se imponía en redes sociales, “la radio nunca te deja a pata”.
Golpeado, con sus planteles ya reducidos desde hace años y cientos de trabajadores reclamando salarios en deuda, el sector radiofónico resistía como podía antes de la pandemia. Y ahora, tras las disposiciones gubernamentales de permanecer en casa, la radio argentina volvió a achicarse en cantidad de gente en los estudios, pero a agrandarse en presencia. La franja más vulnerable al virus es el segmento más fiel, el adulto mayor. Y el dial se convierte para ellos en esa caricia que ya no puede recibirse.
Desde la cuarentena total y obligatoria, los programas se llenaron de ruidos domésticos. El sonido óptimo quedará como requerimiento para otra era. Lo que importa es informar y los periodistas y columnistas lo hacen desde sus casas, con ladridos de perros de fondo, llantos de hijos, ruidos de aspiradoras.
Las emisoras toman la fiebre de sus empleados en los umbrales.
Los micrófonos se bañan de alcohol en gel.
Las consolas, mil botones, nido de bichitos, se desinfectan. Los papeles manuscritos se evitan. El olor a radio es ahora el olor de la lavandina.
Las fronteras de la AM y la FM parecen diluirse. La misión es la misma.Hoy todas tienen el mismo objetivo.
Tal vez se venga un mundo sin beso, sin contacto de piel, sin viajes turísticos y con el síndrome del pájaro enjaulado: el día que se le abre la puerta tiene miedo de volar. La radio resiste desde su trinchera. El 27 de agosto llegará a su primer siglo. No hay virus que haya podido apagarla.










