Marina Coronel: “Es imposible escribir desde la individualidad”
“La poesía es un instante, un recorte en el tiempo y en el espacio. Es el tiempo detenido”.
Nació en Resistencia, desde adolescente comenzó a escribir, se afianzó y publicó los poemarios Bocas que no saben, Lisboa y el más reciente Cartografía. Además, sus poemas están presentes en varias antologías.

Es inquieta, le gusta experimentar y siempre busca ir un paso más adelante. Hizo radio, producción de cine, periodismo, talleres, gestión cultural.
“Me gusta ir mutando, metamorfoseándome. No me gusta repetirme”. En un poema dirá: “El deseo solo abre la boca / cuando tiene sed/ de otro modo/ no es más que un escándalo mudo”.
—¿Qué te mueve a escribir?
—Hay cuestiones viscerales, del entorno, que están ligadas a mí de una u otra forma. Siempre consideré mi poesía como muy intimista, un escenario de la vida íntima o familiar. Voy a esos lugares por distintos caminos. Soy muy intensa en todos los órdenes de la vida y eso se desborda en las palabras. Conservo cierta esencia que atraviesa toda mi obra.
—Cómo es tu proceso creativo, ¿escribís todos los días, tenés un método?
—En principio, no creo en la inspiración. En cambio, creo que sí hay una predisposición para la escritura. No tengo esa predisposición para escribir todos los días un poco, no me sirve. Ojo, no me sirvió, lo intenté pero no me sirve. No soy metódica.
—¿Vas construyendo esos textos en soledad?
—Desde hace un tiempo siento que es más rica cuando es colectiva. Por ejemplo, yo escribo y se lo mando a alguien, este lee y me hacen una devolución. Un poema que le paso a dos o tres amigos poetas y ellos me dejan sus opiniones. Esas voces después aparecen en mi voz poética, es algo inevitable. Ahora me doy cuenta de que siempre estuvo presente la mirada del otro, o el acompañamiento del otro, en mi escritura. Mis textos no pudieron haber sido lo que son sin el otro, sin los otros. Es imposible escribir desde la individualidad. La escritura es con el otro. La voz del otro está en mis textos, permite que me expanda. Me ha pasado en ocasiones de no encontrar salida a un texto, y la voz, la mirada, del otro me ayudó a ver cuál era el camino o la salida de la obra poética.
Comenzó desde muy niña. Una prima le dio su primera consigna de taller: continuar un verso que tenía por título El adiós. En su casa no se leía mucho, había pocos libros, y lo que no faltaba era el diario, los domingos.
En la adolescencia se encontró con un gran profesor, Luis Argañarás. Con él compartió esos poemas que hablaba de la crisis de personalidad en la juventud, la discriminación, entre otros temas. Él le marcó los puntos fuertes y lo que podía mejorar, le dio nombres de poetas que podía leer. Así también sintió impulso para leer y seguir escribiendo, algo que no se detendrá jamás. Surgieron desde entonces nombres que la acompañan todavía en la lectura, Alejandra Pizarnik, Olga Orozco, Circe Maia, Diana Bellesi, Franco Rivero, entre otras lecturas que irá sumando, sumando, sumando.
Pasó por los talleres de Tony Zalazar, Mario Caparra y Luis Argañarás. En la Facultad de Humanidades, donde cursó letras, lamentó el poco espacio que había para la poesía. Sin embargo, los pares, los alumnos, eran muy lectores y había un círculo donde se pasaban libros y despertaban nombres de escritores y escritoras. Desde hace diez años brinda talleres de escritura creativa.
—La poesía, ¿es para todos?
—Sucede que con todo podés escribir. En la música, en nuestro entorno, en distintos lugares está presente. Creo que es para para todos. Además, cualquiera puede escribir y brindarse a todos. En ocasiones, quizás siempre, los prejuicios sobre este género vienen heredados de la escolaridad. En la escuela nos enseñan que es inmaculada, un tótem, inalcanzable. Sin embargo no es así, fuera de ese ámbito institucional nos encontramos que está en derredor haciendo florecer la vida.
—¿Para alcanzar esa expansión hay que prescindir de la idea de entender el poema?
—Exactamente. Me peleo mucho con ese concepto trasladado al arte en general. ¿Por qué le pedimos a la literatura, a la poesía en particular, un cierto ejercicio de lógica que en su origen no tiene? La lógica no está en el objetivo del arte. Aquí se trabaja en un nivel simbólico, entonces no le pidas un entendimiento lógico. Hay que dejarse fluir.
—Sobre ese lugar del entorno, ¿cómo es hacerlo con lo que nos rodea?
—En mi caso particular, escribo sobre lo cotidiano. En una ocasión hice un poema sobre una mudanza. Sobre cualquier cosa se puede hacer. Hay un poema de Circe Maia que ejemplifica claramente esto que estoy diciendo: “Visible y cercano / trabajo en lo visible y en lo cercano / y no lo creas fácil. / No quisiera ir más lejos. Todo esto / que palpo y veo / junto a mí, hora a hora / es rebelde y resiste. / Para su vivo peso / demasiado livianas se me hacen las palabras”.
Empedrado
Antes de que las cosas pierdan su eje
hay que dejarse ir,
no hacer pie.
Frente a lo imposible,
Hoy el río me devuelve un espejo,
sólo deforma.
Cuando volvimos temprano
del paseo familiar,
lo que debió ser dicha
quedó en silencio.
Mi ingenuidad quebró los rostros
con una pregunta.
Insistía,
la soltaba.
Mi primo no regresó con nosotros.
Yo no vi sus brazadas en el agua
no escuché los gritos.
Estaba dormida
junto al balde, la pala
y el castillo de arena.
El final del barullo
cerró también
mi sueño.
No recuerdo una resonancia
vuelta tan densa.
Antes de subir al coche
recogí una piedra
que me había encantado.
La escondí entre el pecho
y mi mallita rosa.
Ese amuleto tenía un filo
que no supe advertir
hasta el corte.
Dejó una muesca en mi carne,
la acaricio.
Este cauce
abrió una herida
sin cuerpo.
Abarrancarse
es un miedo que se propaga.










