El calvario que cada día padecen los adultos mayores por los piquetes
Hartazgo e impotencia es lo que sufren a diario por no poder volver a sus hogares en horas pico de calor, debido a que no pasan los colectivos a causa de los cortes.

El panorama siempre es el mismo: cerca de las 10 de la mañana de cada día, la plaza 25 de Mayo se ve atestada de manifestantes que se movilizan en moto, a caballo o a pie.
Con bombos y banderas, comienzan una larga procesión que siempre inicia y culmina en la intersección de Mitre y Marcelo T. de Alvear, lugar clave de la capital chaqueña no solo por la presencia del edificio de Casa de Gobierno, sino también por ser un lugar de mucho tránsito de distintas líneas de colectivos urbanos e interurbanos.
Esto genera serias complicaciones en las personas de avanzada edad, ya que deben soportar largas esperas para volver a sus hogares, bajo el calor incesante que irradia el sol de nuestra provincia.

A raíz de esto, NORTE entrevistó a adultos mayores en las paradas de colectivo que rodean a la plaza central de Resistencia, quienes hicieron notar su malestar ante tanto avasallamiento a sus derechos luego de tantos años de padecimiento.
Uno de los afectados es José, que con sus 90 años de vida todavía no logra comprender el porqué de los piquetes. ‘Hace tantos años que nos vienen pisoteando los piqueteros, que ya estamos acostumbrados‘, dice el jubilado, mitad bromeando y mitad afligido.
‘Es un desastre, todo el mundo se queja. No sé por qué todos los días tienen que hacer un piquete si no les dan algo ¿Será que le dan todos los días un poco? No lo entiendo‘, agregó.
Luego de muchos años de soportar este calvario sin que nadie haga nada, José trata de ponerle onda a la situación porque no le queda otra.
‘El único que pudo arreglar este tema fue Bacileff Ivanoff, ¿por qué no siguieron con ese criterio? Quieren manejar el Chaco pero no pueden manejar los piquetes‘, se quejó el jubilado por la falta de competencia de las autoridades de gobierno en este tema.
‘A veces tengo que caminar hasta el colegio de José María Paz a tomar el colectivo, son 9 cuadras que a mi edad se hacen difíciles de caminar‘, añadió el señor, quien asegura que este problema también afecta a la economía de los negocios de la zona. ‘Hay comerciantes de por acá que me dicen que el perjuicio económico que sufren es enorme. Y ellos (por los manifestantes) viven de los impuestos que pagamos. ¿Tantos años y no le pueden encontrar la vuelta?‘, culminó José, que pudo regresar a su hogar en colectivo luego de una espera de media hora.
Rosa es otra jubilada que padece los cortes. ‘Ya no sé dónde tengo que esperar el colectivo de tanto que cortan la calle‘, se queja ante la pregunta de NORTE. ‘Hay veces que me tengo que ir caminando aunque esté fuerte el sol, porque me canso de esperar. Son muy molestos‘, continuó, indicando que, con sus 75 años, hay veces que debe ir desde Roca y Alberdi hasta la avenida San Martín caminando, ‘porque me mata esperar el colectivo bajo el sol‘.

Un caso similar es el de Marta, que sigue trabajando a sus 60 años y afirma estar cansada de los piquetes. ‘Trabajo todos los días y si hay piquete me tengo que ir hasta el otro lado de la vía a esperar mi colectivo‘, dijo a este medio en la esquina de Juan B. Justo y Alberdi, lugar de su parada habitual.
‘No digo que ellos no tengan sus derechos, pero nosotros también tenemos los nuestros. Tenemos que caminar cuadras y cuadras porque los colectivos pasan por otro lado‘, remarcó Marta, indicando que hay días que por culpa de los cortes tiene que tomar un remís para volver a su casa, que le sale 200 pesos. ‘Es un gasto grande e innecesario para mí. Es cansador todo esto‘, lamentó.
Sin una sociedad que los ampare y sin una respuesta clara de un gobierno, la modalidad del piquete pierde sentido. Los movimientos sociales deben tomar conciencia de lo que genera su accionar.
Del otro lado de la calle hay señores y señoras mayores, que no pueden soportar una larga caminata hasta su casa, luego de tantos años de esfuerzo y trabajo. Sus reclamos son pertinentes, porque vivimos en un país con altos índices de pobreza y sumido en una crisis alimentaria, pero la gente mayor no tiene la culpa y no debe pagar por ello.











