Países vecinos entusiasman a inversores argentinos
Las dificultades que, en forma cíclica, enfrenta la Argentina para estabilizar su economía y lograr que las variables macro se mantengan predecibles a largo plazo son aprovechadas por Paraguay y Uruguay para atraer capitales argentinos.
En las últimas semanas, altos funcionarios de ambos países coincidieron en afirmar que
la estabilidad política, económica y la seguridad jurídica que desde hace ya varios
años ofrecen tanto Asunción como Montevideo se han convertido en verdaderos
atractivos para los inversores de nuestro país.
A las declaraciones realizadas por el presidente electo de Uruguay, Luis Lacalle Pou
-que asumirá el próximo 1 de marzo- con anuncios que prometen bajar requisitos
fiscales para atraer a unos 100.000 argentinos, con el objetivo de que lleven inversiones
en su país, se sumaron hace poco las palabras del viceministro de Economía
de Paraguay, Humberto Colman, quien destacó la intención de su gobierno de mantener
un sistema fiscal que sea atractivo para los inversores extranjeros, entre los
que se cuentan, por supuesto, los argentinos que buscan oportunidades para invertir
y obtener rentabilidades que hoy no ofrece la economía local.
Según el viceministro Colman, Paraguay ha logrado posicionarse como uno de los países con mayor retorno de las inversiones directas. Y no debe estar equivocado, porque de hecho
datos aportados por la cartera económica guaraní revelan que las inversiones argentinas
en el vecino país ya suman cerca de 40 millones de dólares, una cifra que subió
al ritmo del interés demostrado por inversores argentinos que, en su mayoría, eligen
la ciudad de Asunción para llevar su dinero.
Es que en la capital paraguaya se puede obtener hasta un 11 por ciento de renta anual si de inversiones inmobiliarias se trata. Representantes de la Cámara de Desarrolladores Inmobiliarios de Paraguay estiman que en los últimos cinco años se radicaron 70.000 argentinos en suelo guaraní, y muchos de ellos no fueron en busca de trabajo sino de oportunidades de negocios que prometan mejores rentabilidades que en la Argentina.
Según la misma fuente, en el año 2015 los argentinos radicados en Paraguay llegaban a 35.000, de modo que está claro que hubo un salto cuantitativo: la cantidad se duplicó en los últimos cinco años. Todo indica que, tal como ocurre con Uruguay, en Paraguay el mercado inmobiliario se presenta como una alternativa válida para los argentinos que tienen capacidad
de ahorrar grandes sumas de dinero y que buscan mercados más tranquilos en
la región, especialmente aquellos que aseguran estabilidad cambiaria y económica,
baja presión tributaria y, por supuesto, una mayor rentabilidad de las inversiones.
En Uruguay, el presidente electo, Lacalle Pou, adelantó que cuando asuma como primer mandatario buscará hacer más flexibles algunas normas del Banco Central uruguayo para facilitar el ingreso de capitales, especialmente de los argentinos que buscan nuevas alternativas para invertir y proteger sus ahorros, en un contexto social y económico que, en lo posible, no tenga demasiados sobresaltos.
En el caso de Paraguay, a los atractivos que ofrece la compra de inmuebles, deben sumarse los
costos impositivos y energéticos que son más bajos que la Argentina, y una inflación con índice que se ubica por debajo del cinco por ciento anual. No es casual, entonces, que las consultas de compra de inmuebles de inversores argentinos en Asunción hayan registrado un aumento de un ciento por ciento en 2019 respecto del año anterior.
La historia argentina reciente (para ser más precisos, desde el regreso de la democracia
a la fecha) muestra la repetición de recetas económicas y de errores que llevan al país a un mismo punto de partida. Claro que, para ser justos, hay que decir que no son lo mismo las políticas de endeudamiento que las de desendeudamiento.
Según un cálculo que hicieron investigadores de la Universidad de Avellaneda, la gestión
de Mauricio Macri dejó una deuda de 200.000 millones de dólares para los próximos
cuatro años, que deberá pagar la actual administración nacional.
Este problema debe servir a las fuerzas políticas que han gobernado la Argentina en los últimos años para reflexionar sobre las dificultades que la dirigencia local tiene para resolver los grandes problemas estructurales de la economía, lo que hace que cada tanto el país vuelva a tropezar con las mismas piedras (alta inflación, fuerte endeudamiento externo, etc), como si estuviera condenado a caminar en círculos para llegar siempre al mismo punto de partida.










