Llamado de la Iglesia por una economía más humana
El documento difundido recientemente por la Iglesia Católica a través de la Comisión Social de Pastoral Social, bajo el título “La deuda externa y las deudas sociales”, cuestiona los modelos económicos que privilegian la especulación financiera en detrimento de la producción y el trabajo, y obliga a reflexionar sobre la gran deuda social, con altos índices de pobreza, que pesa sobre la sociedad argentina.
El comunicado de la Pastoral Social de la Iglesia advierte que el país enfrenta “el renovado desafío de atender la deuda pública, pero sobre todo las deudas sociales”. Se refiere así al preocupante incremento que registraron en los últimos años los compromisos contraídos por el país con acreedores externos y que, según el Banco Central, hasta el segundo trimestre del año pasado representaba el 40,1 por ciento del Producto Interno Bruto.
La otra cara de este problema al que también hace referencia el documento de los obispos es el relacionado con la gran cantidad de argentinos que fueron empujados a la pobreza como producto de las políticas nacionales que guiaron la economía del país a partir del año 2015.
Según el nuevo ministro de Economía de la Nación, Martín Guzmán, hoy se advierte un incremento de la pobreza, que ya llega al 38 por ciento, lo que significa que más 1.500.000 argentinos se encuentran en la actualidad en esa situación de extrema vulnerabilidad.
La Iglesia recuerda que no ha ignorado este problema y por eso, en varias oportunidades, ha señalado -como lo hizo ahora con el documento de la Pastoral Social- que “las obligaciones emergentes de situaciones creadas por la deuda externa no pueden y no deben soslayar la mirada ética respecto de los compromisos con la deuda social que nacen, precisamente, de un orden económico que ha privilegiado la especulación financiera por encima de la producción y el trabajo digno”.
En otras palabras, no debe resultar indiferente el drama de los que menos tienen, que son los que más han sufrido la aplicación de políticas económicas que no se guían por el principio de equidad social ni por el respeto a la dignidad de los trabajadores.
“Hoy vuelve a plantearse en nuestro país el dilema de pagar sobre el hambre y la miseria de millones de compatriotas o buscar un camino que, sin dejar de honrar las deudas, anteponga el crecimiento de la economía, el equilibrio de las cuentas públicas y la atención de los más necesitados antes de hacer frente a los compromisos de la deuda”, sostiene el documento de la Iglesia, para recordar luego que “la deuda social es la gran deuda de los argentinos”.
“No se trata solamente de un problema económico o estadístico. Detrás de las estadísticas hay rostros e historias de sufrimiento y lucha por sobrevivir. Es principalmente un problema ético que nos afecta en nuestra dignidad más esencial”, advierten los obispos. Por eso, plantean la necesidad de promover una economía “con rostro humano”.
Basta con recorrer los asentamientos y barrios más humildes para comprobar que no se exagera cuando se advierte sobre el sufrimiento de las familias que sintieron el impacto de la falta de trabajo, la devaluación de la moneda y del fuerte incremento en el precio de los alimentos.
El documento de la Iglesia, más adelante, sostiene que el endeudamiento ha sido utilizado por los organismos internacionales para imponer un modelo económico y cultural que ha incrementado la pobreza, el desempleo y la desigualdad social, para recordar luego que el Papa Francisco ha señalado que “en un mundo y en una región en particular en la que mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz.
Este desequilibrio proviene de ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera. De ahí que nieguen el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien común”.
La Iglesia hoy llama a adoptar medidas para dar respuestas en esta difícil coyuntura, con acciones “que se sustenten en la ética de la solidaridad, de la educación y el diálogo social, anteponiendo el encuentro sectorial, el trabajo argentino, la dignidad de las familias y el crecimiento económico”. Ojalá que el mensaje sea escuchado, y que la sociedad actúe en consecuencia.










