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“Lo más doloroso sería volver a lo anterior”

Chile: familia de joven ciego por disparos policiales pide justicia

Gustavo Gatica recibió perdigonadas en los ojos en una protesta contra el gobierno. Su familia espera que las manifestaciones no cesen y clama por justicia para los que sufrieron violaciones a los derechos humanos.

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Poco después de ser herido en la céntrica Plaza Italia en Santiago, el joven fue socorrido por voluntarios de emergencia en la calle, en donde se tomó una fotografía de él en estado de  shock y con los ojos sangrando.

   Santiago, 4 (Reuters) - El rostro de Gatica, de 22 años, es símbolo de las protestas desde que fue herido el 8 de noviembre por disparos de la policía y su caso fue el catalizador de la furia por el “uso excesivo de la fuerza” comprobado por organizaciones de derechos humanos como Amnistía  Internacional y Human Rights Watch.

  El joven herido en los ojos es uno de los más de 241 casos de trauma ocular registrados por el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) desde los primeros días de la protesta, ya que los Carabineros suelen disparar a la cabeza de los manifestantes. Tras dos semanas hospitalizado y varias cirugías, Gatica regresó a La Colina, donde su hermano mayor y sus padres lo ayudan a aprender a vivir en la oscuridad.

   “Cuando él me ha dicho que transmita algo, siempre fue esta idea de que ojalá la gente siga movilizándose, siga luchando, porque lo más doloroso que nos podría pasar sería volver a lo anterior; que no haya pasado nada, que todos estos esfuerzos, todos los sacrificios queden en nada”, dijo Enrique, su hermano.

   Las protestas, iniciadas por un aumento del precio del transporte hace casi dos meses, escalaron a demandas sociales amplias que mostraron una desigualdad creciente social en una de las economías señaladas como ejemplo de estabilidad en América Latina. Hasta ahora 26 personas han sido muestras por las fuerzas de seguridad y 13.000 heridas, según la fiscalía.

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Los numerosos registros de traumas oculares causados por balas de goma policiales son un fenómeno singular de Chile.

¿Justicia ciega?

   El gobierno chileno y la policía aseguran que investigarán todas las denuncias por uso excesivo de la fuerza y posibles incumplimientos de los protocolos para la dispersión de manifestantes, y para el uso de escopetas de  perdigones, balines, gases irritantes y cañones de agua.

   Pero para los Gatica, hijos de dos profesores de zonas sociales vulnerables de la capital, es difícil creer en los procesos judiciales, en un país que tiene en la memoria las violaciones a los derechos humanos cometidas en dictadura,  cuando más de 3.000 personas murieron o desaparecieron víctimas de la violencia del Estado.

   “Es difícil confiar en la justicia porque sabemos cuántos casos hay que nos hacen dudar de ella. Hay muchos elementos, muchos aspectos que nos hacen dudar de ella. Sabemos que también hay justicia para unos y no para otros. Yo no tengo mucha fe en la justicia en general”, dice Enrique. Los abogados de Gatica buscan que se determinen las responsabilidades del caso, desde el autor material del disparo hasta el Estado chileno.

   El ministro del Interior, Gonzalo Blumel, dijo la semana pasada que el caso de Gatica era muy doloroso y que los protocolos de la policía para el uso de la fuerza “deben ser revisados”. La policía declinó referirse al caso específico porque es “materia de investigación”.

   Gustavo Gatica tiene apoyo terapéutico y se informa a través de la familia sobre el estallido social, dice su hermano. La familia autorizó a Reuters a mostrar la fotografía en esta nota, pese a que inmediatamente después del incidente habían pedido mantener la imagen del joven bajo reserva.

   Los numerosos registros de traumas oculares causados por balas de goma policiales son un fenómeno singular de Chile, pese a las olas de protestas populares en varios lugares del mundo. Amnistía Internacional dijo en un reporte en noviembre que las fuerzas armadas chilenas “llevan a cabo un ataque generalizado” que busca “castigar a los manifestantes”.

   “La represión apunta justamente a generar terror, generar miedo para inmovilizarnos”, enfatizó Enrique Gatica, que realiza su doctorado en Historia y trabajó en la organización de derechos humanos Villa Grimaldi. “Si nosotros dejáramos de estar en la calle para reivindicar lo que es justo, sería un triunfo  para quienes quieren imponer el miedo”.

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