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La obra de Don Bosco en Resistencia

¿Qué impresión puede causar a un ciudadano que transita por la ciudad, el ver a un sacerdote con la habitual sotana, manejando con pericia un tractor que lleva un acoplado por las calles de la ciudad? Pues esta era la imagen que a menudo contemplaban los vecinos de Resistencia desde 1942.

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Padre Rolando

En momentos de iniciarse la década del cuarenta en Resistencia ,llegaban a su término las gestiones de Monseñor Nicolás de Carlo para lograr la posibilidad de que los varones que cursaban el secundario pudieran hacerlo en Resistencia mediante la fundación de un establecimiento educativo de la orden salesiana.

Por entonces, la educación de los niños y jóvenes se encontraba casi exclusivamente en la órbita oficial. Sólo el Colegio Nuestra Señora de Itatí ofrecía la opción privada, la oportunidad de educar a niñas y jóvenes provenientes en gran parte de localidades del interior.

Desde tiempo atrás el obispo Monseñor Nicolás de Carlo, realizaba gestiones con el objetivo de lograr la extensión de este beneficio a los varones con el establecimiento de la Orden Salesiana en el Chaco Fue precisamente a fines de 1941, el 8 de diciembre cuando arribaron a la ciudad los padres Horacio Ióvine y Juan Rolando con el objetivo de concretar el comienzo de la obra de la orden en sus diversos aspectos.

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Batallón de Exploradores de Don Bosco.

Su arribo fue celebrado por la comunidad que muy pronto se vio gratificada con las distintas manifestaciones dirigidas a la educación y esparcimiento de los niños y jóvenes. A ellos se sumaron poco después el sacerdote Juan Moisés Vizcarra y el hermano Francisco Marozzi. Instalados precariamente en una manzana baldía que había sido destinada a otros fines, dieron origen al primer establecimiento educativo privado para varones que hoy es el Colegio Salesiano Don Bosco.

Su presencia en el ambiente educativo de Resistencia aumentó las posibilidades de jóvenes del interior quienes durante un tiempo pudieron disponer de un régimen de internado. Nuestro enfoque irá dirigido a uno de los personajes mencionados.

El padre Rolando no solamente fue uno de los gestores de esta obra, sino que durante casi veinte años se convirtió en un original miembro de toda la comunidad, ganándose el afecto y el apoyo de los vecinos y allegados y convocando con éxito a los jóvenes para el emprendimiento de tareas formativas , solidarias y constructivas.

Figura carismática , emblema de la obra salesiana que se gestaba en Resistencia, su imagen permanece en gran parte de la comunidad por diversos motivos Con escasos recursos y ayudados por los vecinos, los padres salesianos, encararon inicialmente la construcción de un tinglado que fue resguardo de ceremonias religiosas, espectáculos de magia y teatro y sitio de juegos y esparcimiento.

En 1943 el Padre Rolando concretó la creación del Oratorio festivo, movimiento juvenil educativo que desde 1915 existía en el país. Organizado bajo las enseñanzas de Don Bosco, como lo expresa su denominación, concentró la actividad cultural y de esparcimiento de los jóvenes y sus familias. Paralelamente surgía, con el número 54, la filial local del Batallón de Exploradores, institución que naciera en el país en 1915 con los objetivos generales de concretar la formación física y espiritual de los jóvenes desde su más tierna edad.

Destinado a miembros activos de la Iglesia Católica, se buscaría que llegaran a reunir fundamentalmente estas cualidades , ser buenos ciudadanos que quisieran a su Patria y buscaran la paz, fraternos, respetuosos , educados y limpios, solidarios y listos para servir, nobles, generosos y alegres, respetuoso de sus padres y mayores, cuidadosos de la naturaleza, empeñados en construir un mundo mejor.

En cuanto a la formación física se trabajaría con la gimnasia, las caminatas , paseos, excursiones, etc.. Los objetivos se cumplieron y numerosas familias contaron con sus exploradores, en quienes advertían el entusiasmo que despertaban las actividades.

El Batallón de Exploradores contó con su Banda, que dirigía el propio padre Rolando quien en ocasiones también entonaba canciones como solista, deleitándonos con una hermosa voz o acompañado por los jóvenes con singular simpatía y excelente trato, el sacerdote atrajo a los jóvenes del medio y logró también la colaboración de muchos de ellos, en los trabajos que encaró para concretar la construcción del edificio del Colegio y los sitios necesarios para desarrollar actividades acordes con los objetivos propuestos.

Capturar el espacio fue una imperiosa necesidad que se presentó para cumplir con el objetivo de la práctica de deportes. Conocemos, aunque no en detalles, el hecho de que la autoridad pertinente pactó con el padre, que se le entregaría las porciones de la laguna Argüello que lograra rellenar, en un sitio cercano al lugar en que se habían instalado, conduciendo un viejo tractor con acoplado en el que transportaba tierra o escombros donados por los vecinos para esa finalidad, veíamos al sacerdote circular por las calles cercanas, rodeado del apoyo y simpatía de todos.

Sus logros fueron significativos aunque no alcanzara el objetivo final, pero en algún momento pudo verse a adolescentes jugando al fútbol en la improvisada y precaria canchita habilitada en el terreno que se había quitado a la laguna. La imagen del viejo tractor conducido por el sacerdote, recorriendo calles de la ciudad se convirtió en emblema de la acción que se llevaba a cabo con mucho esfuerzo y aunando voluntades.

Poco a poco surgió la capilla y más tarde la Iglesia- Asimismo se erigió el local que posibilitó el funcionamiento de los niveles primario y secundario. Los frutos los vemos hoy en la hermosa realidad que es el colegio Don Bosco y la Iglesia de María Auxiliadora- El padre Rolando permaneció en la capital chaqueña hasta 1960. Gran dolor produjo entonces la noticia de su alejamiento, por así haberlo resuelto sus superiores.

Debía participar de la creación de una entidad similar a la que había concretado en Resistencia en otro sitio del país. Una larga caravana de automóviles, siguiéndolo a lo largo de muchos kilómetros de la ruta 11, constituyó el acompañamiento de la comunidad chaqueña hacia alguien que con los años se había convertido en un vecino más. Se lo extrañaría Sabemos que en su destino, la ciudad de Concepción del Uruguay, también recorría las calles en la búsqueda de lo que ya la gente no ocupaba pero que aún servía, para ayudar a levantar su obra.

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