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Asegurar la calidad de vida de los adultos mayores

América Latina y el Caribe es la región cuya población envejece más rápidamente en todo el mundo. Así lo señala un reciente informe del Banco Interamericano de Desarrollo, titulado “Envejecer con cuidado”, donde se observa además que cada día más adultos mayores necesitan apoyo para realizar actividades como comer, vestirse o bañarse.

Según esta publicación, en la actualidad 8 millones de latinoamericanos se encuentran en esa situación y en 30 años uno de cada cuatro tendrá más de 60 años.
La Argentina, por su parte, también tiene un enorme desafío presente y futuro en esta materia. Según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, en la actualidad casi 7 millones habitantes de nuestro país tienen 60 años o más. Un 43 por ciento son varones y 57 por ciento mujeres.

Claro que no todos necesitan apoyo para las actividades más básicas y, de hecho, buena parte de esta población realiza múltiples actividades dentro y fuera del hogar. Es que algunos tienen mayores probabilidades que otros de llevar a cabo tareas en forma independiente, y eso en buena medida tiene relación con los ingresos de la persona, su salud y el entorno.

Según el informe del Banco Interamericano de Desarrollo, lo que se conoce como dependencia funcional, es decir llevar a cabo de manera independiente al menos una actividad básica de la vida diaria, como bañarse, comer, o acostarse y levantarse de la cama, afecta al 12 por ciento de las personas de 60 años o más de nuestra región, y a casi el 27 por ciento de los que tienen 80 años o más.

La misma fuente señala que para el año 2050 la demanda de servicios de atención a la dependencia superará al triple de la actual, debido principalmente al envejecimiento poblacional. Además, se reducirá la oferta tradicional de servicios de atención, basada principalmente en el trabajo no remunerado de las mujeres de la familia.

Por eso, los expertos advierten que estos escenarios obligan a las sociedades y a los gobiernos de la región a prepararse para apoyar a las personas con dependencia y sus cuidadores y, a la vez, avanzar en la agenda de género, ya que en la actualidad ocho de cada diez cuidadores son mujeres, lo que confirma que la cuestión del envejecimiento poblacional debe ser abordado también desde una perspectiva de género.
El documento al que aquí se hace mención concluye que, frente a este panorama, es necesario empezar a construir sistemas de atención que aseguren la calidad de vida tanto de los adultos mayores como la de sus cuidadores. Y hay que hacerlo ahora.

En otras palabras, la atención a estas personas no puede esperar. Se debe comenzar a adoptar medidas hoy para hacer frente a un desafío que, sin dudas, será aún mayor en las próximas décadas.
En ese sentido, el informe advierte que si se postergan las decisiones más importantes sobre este asunto, los más probable es que los países de América Latina no logren contar con los recursos económicos y temporales para satisfacer la creciente demanda de servicios de atención a la dependencia de muchos adultos mayores.

“La experiencia de los países que se encuentran en una etapa más avanzada de la transición demográfica muestra que es necesario diseñar e implementar gradualmente un sistema de atención a la dependencia”, observa el documento, y señala que teniendo en cuenta estas consideraciones, desde años recientes existe una marcada tendencia a dar mayor peso a los servicios de apoyo en el domicilio, en detrimento de los cuidados en residencias a largo plazo.


Los especialistas que participaron de la elaboración de este documento aconsejan empezar la construcción de un sistema de atención a la dependencia por estos servicios en domicilio. Reconocen, por otra parte, que la magnitud del costo de financiar un sistema de atención a la dependencia, así como los desafíos de la puesta en marcha de programas en términos de administración y recursos humanos, pueden resultar abrumadores e inhibir a los gobiernos a la hora de actuar.
Por este motivo, recomiendan planificar la puesta en marcha de un sistema de atención a largo plazo a pequeña escala, para posteriormente expandirlo de manera gradual. “Empezar ya, aunque se haga a pequeña escala”, señala el documento del BID que, por cierto, merece ser tenido en cuenta por quienes tienen responsabilidades en el diseño de políticas públicas para la atención de los adultos mayores.

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