Colón no pudo contra Independiente del Valle y cayó 3-1
El Sabalero se quedó en la puerta de la historia, perdió en la final de la Copa Sudamericana. 39 mil hinchas del Sabalero fueron a Paraguay soñando con levantar su primer título, pero no alcanzó.

Por favor, que pare de llover de una vez. Dejame ver esas lágrimas que caen por los rostros de los hinchas de Colón. Dejalos que lloren. Porque siempre duele perder, seguro. Pero también son lágrimas de alegría. Tal vez no lo entiendan ahora pero ya lo valorarán. Desde que se clasificaron a la final de la Copa Sudamericana, vivieron 44 días del sueño más lindo de todos: jugar, por primera vez en 114 años, una definición internacional. No fue Independiente ni Racing. No llegaron Corinthians ni Mineiro ni Santos. No le alcanzó a Colo Colo ni a Deportivo Cali. Muchos menos a Unión... Les tocó a los sabaleros desear despiertos bordarle la primera estrella al escudo. No pudo ser: Independiente del Valle les ganó bien. Y si querés llorar, llorá.
El prometido éxodo a Asunción existió de verdad: 39.226 argentinos cruzaron la frontera -según Migraciones de Paraguay-. La mayoría por tierra: 180 micros, camionetas, autos, motos, una bicicleta, en balsa... Familias atravesadas por generaciones de abuelos, hijos, nietos, tíos y primos; amigos; parejas... La Nueva Olla fue el Brigadier López: no se registraba una movida tan grande de un club argentino al exterior desde que Racing llevó 25.000 personas a Montevideo para definir la Intercontinental contra el Celtic.
Y la jornada era perfecta. El ingreso fue ordenado, la cancha se llenó temprano -los hinchas ecuatorianos no llegaban a 500-; tocaron Los Palmeras e hicieron erizar la piel al ritmo de la marcha Soy Sabalero, y los globos rojos y negros que empezaron a volar cuando viento acercó las nubes negras. El Pulga y compañía pisaron la cancha y sonó fuerte el “Sabalero, hoy te vinimos a ver, ponga huevos hoy no podés perder. Te llevamos dentro del corazóoon, esta hinchada se merece ser campeóoon”.
Los nervios, la lluvia y el gol de León provocó que el “sí-se-puede, sí-se-puede” de los fanáticos de IDV sonara más fuerte que nunca. La interrupción por el temporal -casi una hora- les vino bien a todos. Al equipo para soltarse. Y a los hinchas para aflojar los nervios y volver a alentar. Hasta que llegó la corrida de Sánchez y el 0-2.
Después, el segundo tiempo ya todo fue un sube y baja de emociones. Ilusión con el penal a favor, desazón cuando al Pulga le atajaron el remate, decepción con el correr del cronómetro, éxtasis con el descuento de Olivera y “oooh, yo soy de de Colón” que sonó más fuerte que nunca. Porque este equipo, durante toda la Copa, siempre dio un plus. Hasta que Dájome clavó el 3-1 y sepultó el sueño. Y no para de llover...
Fuente: Olé.
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