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Igualdad de género en las empresas

Mejorar la diversidad de género en el lugar de trabajo no sólo beneficia a las mujeres. Así lo asegura la Organización Internacional del Trabajo (OIT), tras señalar que existen pruebas suficientes que confirman que la igualdad de género ayuda a las empresas a ser más productivas y estar mejor preparadas para mejorar sus operaciones y ventas.

Según el estudio de la OIT, denominado “Las mujeres en la gestión empresarial: argumentos para un cambio”, todas las empresas pueden verse beneficiadas con un incremento en su rentabilidad y productividad; de la potenciación de su capacidad de atraer y retener el talento; de una mayor creatividad, innovación y apertura; de la mejora de su reputación y de su capacidad de evaluar mejor el interés y la demanda del consumidor, en la medida que apuesten a una verdadera paridad dentro del ámbito laboral. El documento afirma que tres de cada cuatro empresas encuestadas que mencionaron una mejora de sus resultados, a partir de poner en prácticas medidas para promover la igualdad de oportunidades laborales entre varones y mujeres, señalaron un aumento de sus beneficios de entre un 5 y un 20 por ciento, por lo que los especialistas en relaciones laborales consideran que, además de ser positivo para las propias empresas, esta igualdad de oportunidades también se traduce en mejoras para las sociedades y las economías.

Por esta razón, la Organización Internacional del Trabajo junto a la Entidad de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres (ONU Mujeres) y la Unión Europea, acaban de lanzar Programa “Ganar-Ganar” con el objetivo de promover el empoderamiento económico de las mujeres, reconociéndolas como beneficiarias y socias del crecimiento y el desarrollo, aumentando el compromiso del sector con la igualdad de género. En nuestra región, además de Argentina, este programa se implementa en Brasil, Chile, Costa Rica, Jamaica y Uruguay, siempre en colaboración con empresas privadas. Se trata de una iniciativa que está destinada a empresas y redes lideradas por mujeres de Europa y de los países seleccionados de América Latina y el Caribe, para promover vínculos comerciales e innovación entre mujeres de ambas regiones. Otros de los objetivos principales de este programa es apoyar el diálogo interregional y el intercambio de buenas prácticas para aumentar la capacidad del sector privado de manera más amplia en la implementación de negocios con igualdad de género.

Una de las directoras de la Organización Internacional del Trabajo, Deborah France-Massin, destaca que la práctica de la diversidad de género va más allá de armonizar en forma adecuada las políticas de recursos humanos y que, en rigor, consiste también en crear una cultura inclusiva y respetuosa, donde no predomine un único género y que traslade la diversidad de modos de pensar que mujeres y hombres aportan en los ámbitos donde se llevan a cabo las negociaciones.

Por otra parte, un informe de la organización Economía Feminista, advierte que en la Argentina la brecha salarial por género es de 27,5 por ciento. Según esa misma fuente, las mujeres tienen que trabajar un año y tres meses para percibir ingresos similares a los que obtienen los hombres en solo un año. De acuerdo a datos de la Organización Internacional del Trabajo, las disparidades de remuneración por razón de género es un problema generalizado que perjudica a mujeres de casi todo el mundo. A su vez, la investigadora del Conicet, Virginia García Beadoux, observa que la relación desigual entre hombre y mujeres también se expresa en la brecha existente en el acceso a altos cargos. En ese sentido, señala que los grandes progresos educativos realizados por las mujeres en las últimas décadas no se han traducido en una mejora proporcional en el mercado laboral.

De lo que se trata, en definitiva, es de generar una nueva cultura del trabajo que permita dejar de lado los prejuicios sexistas y adoptar la perspectiva de género en todos los niveles, porque como bien señala la Organización Internacional del Trabajo, promover la igualdad de género y mejorar la condición de las mujeres no es solo una cuestión de derechos humanos, sino que es también una contribución al crecimiento empresarial en general y al desarrollo económico de los países.

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