Promover el trabajo decente
El trabajo decente se ha convertido en un objetivo universal y ha sido integrado en las más importantes declaraciones de derechos humanos y también en las resoluciones de la Organización de las Naciones Unidas. Así lo señala la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que este año cumple 50 años de presencia en la Argentina, y que para conmemorar ese acontecimiento viene realizando capacitaciones para promover la creación de trabajo decente y de calidad.
En ese marco, la OIT organizó en coordinación con el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) un ciclo de seminarios en línea para generar conciencia en la sociedad sobre trabajo decente e infantil en el sector agropecuario y para reflexionar sobre ‘las transiciones justas hacia una economía verde‘. Son dos temáticas de gran actualidad y que merecen un espacio en el debate público. Respecto al trabajo decente, la OIT señala que se denomina así a la tarea que sintetiza las aspiraciones de las personas durante su vida laboral: significa la oportunidad de acceder a un empleo productivo que genere un ingreso justo, la seguridad en el lugar de trabajo y la protección social para las familias, mejores perspectivas de desarrollo personal e integración social, libertad para que los individuos expresen sus opiniones, se organicen y participen en las decisiones que afectan sus vidas, y la igualdad de oportunidades y trato para todos, mujeres y hombres. En lo que hace al trabajo infantil, los especialistas del organismo internacional recuerdan que ese término se refiere a cualquier trabajo que es física, social o moralmente perjudicial para el niño, afecta su escolaridad y le impide jugar, de manera que se les quita la oportunidad de disfrutar de la infancia. A nivel mundial, según la OIT, más de la mitad de estos niños están expuestos a las peores formas de trabajo infantil como trabajo en ambientes peligrosos, esclavitud y otras formas de trabajo forzoso, actividades ilícitas incluyendo el tráfico de drogas y la prostitución.
En Argentina, vale recordar el trabajo de menores de 16 años está prohibido por ley, y se penaliza a los empleadores que se aprovechan económicamente del trabajo de estos chicos. Desde 2016, el país cuenta con un listado de trabajo infantil peligroso. Actualmente, con el impulso de la OIT y Unicef, se está trabajando en la erradicación del trabajo infantil y la protección del trabajo adolescente. La oficina local de la OIT, además, puso en marcha en marzo pasado un programa para generar políticas que contribuyan a erradicar el trabajo infantil agropecuario, en foco en los cultivos de ajo, tomate y algodón. Merece destacarse también la labor que realiza el INTA para erradicar el trabajo infantil en las áreas rurales, donde constituye una de las principales barreras para el desarrollo integral de los niños. Si bien estos esfuerzos permiten avanzar en la defensa de los derechos de los niños, todavía falta mucho por hacer y, fundamentalmente, se impone la necesidad de generar conciencia sobre este flagelo para lograr que todos los sectores de la sociedad y, por supuesto, también los Estados (nacional, provincial y municipal) se comprometan a adoptar medidas para prevenir y erradicar esta práctica.
Como bien plantea la Organización Internacional del Trabajo, se debe instar a los gobiernos a promover el crecimiento económico inclusivo y sostenible, el empleo y el trabajo decente. El organismo advierte, por otra parte, que es necesario mejorar las condiciones de hombres y mujeres que trabajan pero no ganan lo suficiente para superar ellos y sus familias el umbral de la pobreza. En nuestro país, donde hoy se sufren las consecuencias de políticas que deterioraron la calidad del empleo, también adquieren un especial significado las recomendaciones de la organización internacional. Es de esperar que, a partir del próximo 10 de diciembre, con el cambio de autoridades en el gobierno nacional y también en varias provincias, se vuelvan a impulsar medidas que coloquen la creación de empleos en el centro de la elaboración de las políticas económicas y de los planes de desarrollo, que no sólo permitirá crear oportunidades de trabajo decente, sino también un crecimiento más sólido e inclusivo que, a la vez, debe ayudar a reducir las enormes desigualdades sociales y económicas que hoy tiene la Argentina.










