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Si viajás al extranjero es necesario que conozcas los límites de tus gestos

Algunos signos gestuales que nos parecen inocentes pueden malinterpretarse en otros países.

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Viajar es siempre una aventura, una forma divertida e interesante de conocer nuevos lugares, nuevas costumbres, gente muy diversa y estilos de vida peculiares... un aprendizaje que nos abre la mente y nos hace más receptivos. Pero en general debemos ser cuidadosos con nuestro comportamiento, porque algunos gestos que hacemos habitualmente, como besar a alguien en la cara, pueden no gustar en otros lugares, e incluso pueden ser considerados ofensivos.

Antes de partir a un nuevo destino es necesario informarse un poco sobre los hábitos de la gente, y sobre todo, hay que tener ciertas precauciones al utilizar ciertas manifestaciones externas: gestos con las manos y los dedos, expresiones, saludos... pueden malinterpretarse, como los siguientes.

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Hacer la ‘V’ con los dedos al revés

Levantar los dedos índice y corazón es una forma de saludar o indicar que todo va bien, pero si viajás al Reino Unido, Nueva Zelanda, Australia e Irlanda no deberías hacerlo "al revés", es decir, con la palma mirando hacia uno, porque se toma como un insulto, como desear lo peor. Y recordá que los ladrones informáticos pueden usar tus huellas digitales sacándolas de tus fotografías públicas.

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La señal de ‘stop’

Lo normal es utilizar la palma de la mano para parar a alguien o decirle que se espere, pero en Grecia resulta que es un insulto grave conocido como moutza, que proviene de una vieja costumbre de arrojar ceniza o excrementos a la cara del contrario. Así que, aun ingenuamente, los estarías ‘mandando al infierno’. Cuanto más se acerca la mano a la cara de la otra persona, más la ofendés.

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Llamar a alguien con el dedo índice

Si queremos que alguien se acerque a nosotros, sobre todo si está lejos, movemos el dedo índice para indicarle la dirección, pero en Filipinas puede que lo tomen a mal, ya que este gesto se usa normalmente para llamar a los perros. Por eso cuidado, pueden llegar a considerarlo muy grosero, e incluso podrían hasta arrestarte.

Mascar chicle

Un gesto totalmente inofensivo como mascar chicle puede crear un problema de protocolo en muchos países del sudeste asiático, porque allí es visto como algo irrespetuoso y una falta de educación. Cuidado especialmente en Singapur, pues está prohibido.

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Tocar la cabeza

Lo típico de darle un golpecito a alguien en la cabeza, con cariño, incluso pasar los dedos para despeinar a un niño, no sería nada correcto en países budistas, ya que para ellos en la cabeza se asienta el alma, y la consideran una de las partes sagradas del cuerpo. Así que pensalo bien si estás, por ejemplo, en Tailandia, Laos o Sri Lanka.

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Enseñar la planta de los pies

Al contrario que la cabeza, los pies suelen considerarse la parte más impura del cuerpo, ya que tocan el suelo sucio, por lo que mostrarlos se considera una falta de respeto en algunos lugares, como en la India, Turquía, Irak o Afganistán.

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Señalar con el dedo

Siempre nos han dicho que “señalar es de mala educación” pero en la India el tema va mucho más allá; en este país, este gesto es un insulto en toda regla. 

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Pulgar arriba

Para nosotros, levantar el pulgar con la mano cerrada significa que todo va bien o que hemos hecho un buen trabajo, pero en otros lugares, como en Australia, Grecia o Nigeria, la connotación es totalmente negativa, quiere decir algo así como “que te den”.

El signo de ‘ok’

Cuando alguien quiere indicar que todo va bien sin decir nada solo debe hacer el signo de ‘ok’ con una especie de “o” entre el pulgar y el índice. Eso suele entenderse perfectamente, salvo en países como Francia o Bélgica, donde quiere decir simplemente ‘cero’, que no vale nada. Y en otros países, como Venezuela, Paraguay o Brasil, tiene un sentido bastante obsceno haciendo referencia a ciertas partes del cuerpo; y en los países árabes puede que te estén maldiciendo.

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Cruzar los dedos

En la mayoría de los países occidentales cruzamos los dedos para atraer la buena suerte, pero en Vietnam, si cruzás los dedos haces referencia a la anatomía femenina, lo que puede ofender a la otra persona, sobre todo si la tienes delante.

Sonarse en público

En Japón, sonarse los mocos en público está mal visto, les da mucho asco ver como sacamos un pañuelo y nos guardamos los mocos, ellos prefieren sorberlos antes que tomar un pañuelo.

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Los gestos, escudo ante el mundo

Mirate al espejo y pon un gesto de asco o de repugnancia. Luego cámbialo por uno de miedo. Sí, obviamente en ambas situaciones tu rostro cambia significativamente. Pero ponle atención a las partes de tu rostro que cambian y cómo lo hacen, verás que todo tiene un porqué.

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Así, puedes ver que en tu rostro de asco las fosas nasales se contraen, tu boca se cierra o por lo menos disminuye su tamaño, y tus ojos reducen el campo visual. Por el contrario, en un gesto de temor tus ojos se abren mucho para poder captar un mayor campo visual y tus fosas se abren para poder respirar más aire.

De esta manera, los gestos no son un simple conjunto de códigos para la comunicación social, sino que son una herramienta de nuestro organismo para responder adecuadamente ante estímulos que recibimos desde el exterior.

Los gestos faciales son un arma para responder a los estímulos que el ser humano percibe del exterior, pues contribuyen a agudizar o relajar los sentidos en función de las emociones suscitadas por aquellos, según un estudio publicado por la revista científica británica 'Nature Neuroscience'.

Así, cuando se siente miedo, los movimientos faciales permiten tener un mayor campo de visión, mover los ojos más rápido, aumentar el volumen nasal y la velocidad con la que se inspira el aire, así como detectar objetos alejados que no se apreciarían en una situación normal.

Por contra, cuando la persona advierte algo que considera repugnante, los gestos son contrarios a los producidos por el miedo, ya que el rango de visión es inferior al normal, al igual que el volumen nasal.

A partir de estas conclusiones, los científicos de la Universidad de Toronto (Canadá), sugieren que las expresiones faciales de las emociones no han evolucionado al azar, sino para regular la acción de los sentidos.

La adaptación de la cara al miedo, por tanto, funcionaría para aumentar la percepción que se tiene del exterior, mientras que la respuesta facial frente al asco la disminuye.

Estos resultados, explican los investigadores, apoyan la hipótesis del evolucionista Charles Darwin en la que sugería que los gestos no son configuraciones arbitrarias para la comunicación social, sino que se originaron para regular la relación entre los sentidos y el mundo físico.