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¿De quién son los pobres?               

Según el INDEC, en el país hay cada vez más pobres y cada vez más críticos que buscan culpables de esta triste realidad. Esta semana se hizo famoso un religioso de Salta por haberle reclamado al propio Presidente Mauricio Macri, por los pobres de esa provincia.

En relación a ello, nadie, en sus cabales, podría afirmar que este Gobierno realizó una adecuada administración de la economía durante los últimos casi cuatro años de gestión; pero tampoco nadie, en honor a la verdad, podría afirmar que los presidentes anteriores lograron hacer algo bueno por los pobres.

Es imposible defender a Macri, al menos en su gestión en el área económica, pero también es injusto reclamarle por lo que no hicieron los anteriores presidentes en 32 años de gestión. Es cierto que prometió pobreza cero y no cumplió y también es probable que deje su Gobierno con igual o similar cantidad de pobres que recibió.

Podríamos decir sin temor a equivocarnos, que al igual que los otros presidentes que lo antecedieron en el cargo, fracasó en su gestión económica. Recibió un país en ruinas y seguramente lo dejará en condiciones similares.

Reclamo religioso

Ahora bien, volviendo al reclamo del religioso, la provincia de Salta no es pobre hoy, siempre fue pobre, igual que Santiago del Estero, Formosa, Jujuy, Chaco, Catamarca, Corrientes y otras provincias. Todas estas provincias deberían replantearse el porqué, pero ninguna de ellas podría afirmar que antes del 2015 era rica.

En este contexto, llama la atención que ahora y no antes, este religioso salga a buscar culpables. Con la situación agravante que primero debería hacer una retrospección y tratar de encontrar en qué lugar de la historia la Iglesia dejó a sus pobres al cuidado de los Gobiernos de turno.

El cristianismo del primer siglo

Cuando se predica y se hace énfasis sobre la necesidad de volver a vivir el cristianismo que practicaron los creyentes del primer siglo, se está en lo correcto; pero también debemos recordar que en el primer siglo los creyentes pobres eran atendidos por la propia Iglesia, no por los gobiernos de turno.

La Iglesia primitiva considera como uno de sus deberes más sagrados el de socorrer a sus miembros sin recursos, y de ayudar asimismo, en la medida de lo posible, a los pobres que no pertenecían a la comunidad cristiana. La fuente de información correcta es el libro de Hechos de los Apóstoles, cuyo texto relata la vida de la Iglesia en los primeros cincuenta o setenta años después de la muerte y resurrección de Cristo.

Dice el relato que los que habían creído en Cristo estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno, y comían juntos con alegría y sencillez de corazón.

También dice el relato que en Antioquía se levantó y habló un profeta de Dios llamado Agabo y daba a entender por medio del Espíritu Santo, que vendría una gran hambre en toda la tierra habitada; la cual sucedió en tiempo de Claudio (Emperador Tiberio Claudio César Augusto Germánico).

Entonces los discípulos, cada uno conforme a lo que tenía, determinaron enviar socorro a los cristianos pobres que habitaban en Judea; lo cual en efecto hicieron por medio de Bernabé y de Pablo.

También el apóstol Pablo ordenó recoger ofrendas para los pobres, cuando dijo a los cristianos de la iglesia de Corinto: “En cuanto a la ofrenda para los santos (creyentes), hagan ustedes también de la misma manera que ordené en las iglesias de Galacia. Cada primer día de la semana, cada uno de ustedes aparte algo, según haya prosperado, guardándolo para que cuando llegue el momento, enviemos el donativo a Jerusalén.” Y así, varios ejemplos más.

A quien reclamar

Como vemos, en la historia temprana de la Iglesia, a nadie se le hubiera ocurrido reclamarle al Emperador por la situación de los pobres, sino que la Iglesia misma era la encargada de suplir las necesidades de sus miembros.

No entendemos entonces como ahora un religioso sale a reclamarle al Estado algo que él mismo debería hacer y no lo hace. No sabemos si en el seminario donde estudió no dieron esa materia, o tal vez la dieron y se olvidó.

Aún así, no pretendemos que le solucione el problema a los pobres, sería mucho pedir; pero si le pedimos que le enseñe a los pobres lo que Jesús dijo: “No se preocupen diciendo ¿Qué comeremos, o que beberemos o con que nos vestiremos? Los que no creen en Dios tienen todas esas preocupaciones, pero el Padre celestial sabe que ustedes tienen necesidad de esas cosas. Deberían buscar primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas esas cosas que les preocupan les serán añadidas. No estén preocupados por el día de mañana, solo confíen en Dios…”

En la actualidad existen pobres que con mucha dificultad logran tener, a veces, una comida al día. Todos ellos esperan que algún día se levante un líder político que gobierne de tal manera, que ellos puedan salir de esa penosa situación; pero ese líder no llega y nunca llegará.

Sin embargo a la hora de creer en un Ser superior que les ayude, lo sustituyen por distintas alternativas de creencias que los hunden en la pobreza. Miles de cristianos que confiaron en el consejo de Cristo, en distintas partes del mundo, dejaron de sufrir esas necesidades primordiales. No estamos hablando de tener autos de alta gama, aviones, helicópteros, casas quintas o yates. Estamos hablando de tener comida, bebida y vestimenta.

El texto bíblico enseña que todo cristiano que tenga estas tres cosas debería estar contento. La persona que cree y sigue las enseñanzas bíblicas no mendigará pan. Este religioso debería enseñar eso en lugar de echarle la culpa a otro por la pobreza de sus miembros. Debemos enseñar la palabra de Dios y la práctica de ella hará libres a los pobres.

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