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Diego Cabot, Premio Rey de España en diálogo con CHAQUEÑA

“Podés golpear 10 o 20 puertas diarias, y a veces una es el trabajo de tu vida”

Diego Cabot encabezó la investigación periodística que terminó en la justicia, conocida como “los cuadernos de las coimas”. Esta semana, a un año de la investigación, La Nación presentó un documental en varias entregas sobre el trabajo del periodista. Fue la oportunidad para traer una entrevista con él en junio cuando llegó al Chaco para dar una charla por el Día del Periodista.

“La gente no está interesada en la verdad igual que antes. Están encerrados en la ideología”, señalaba el periodista Carl Berstien, en 2014, tras un nuevo aniversario de la causa Watergate, una de las investigaciones periodísticas más importantes de la historia, que terminó en la renuncia del por entonces presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon y que lo tuvo junto a Bob Woodward.

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Diego Cabot, Candela Ini y Santiago Nasra: el equipo que investigó los cuadernos de las coimas.

Los cuadernos. Estamos en 2019, la causa judicial que conmovió los cimientos de la política y el empresariado, en la Argentina, lleva 71 procesados (entre ellos la expresidenta Cristina Fernández), y 103 personas más, a la espera de su procesamiento, cumple un año, y aún continúa en la agenda casi diaria de los medios.

Más allá de la causa judicial, y los entretelones políticos, hubo un gran trabajo que le valió el reconocimiento a Cabot de sus colegas, y la prensa mundial, a través del premio Rey de España (el segundo consecutivo que recibe un periodista argentino). Cabot, es además abogado, docente, y tiene una larga lista de reconocimientos, que no reflejarían tanto como su propio testimonio, lo que fue encarar la “investigación más importante de la historia de la prensa en Argentina”. Así que empecemos.

-Muchas veces se le pregunta  a un autor, cuando escribe un best seller, cómo es su ‘día después’. ¿En tu caso, como fue ese tiempo después de esta investigación, como periodista?

-Sin dudas que fue distinto, porque hay otra demanda de tiempo. Hay más gente que quiere hablar conmigo o que pase por alguna universidad a dar una charla. También te cambia un poco tu relación con las fuentes; por ejemplo aquellas fuentes que por ahí antes no te atendían, o que eran más difíciles para llegar, te cuestan menos. Me pasó a mí, no sé si es algo genérico, pero cuando llamaba a alguien por ahí diez veces, te daban vueltas y quedabas en el intento, y ahora me resulta más fácil.

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El periodista destacó el trabajo en equipo y el acompañamiento del diario para llevar adelante la judicialización del tema, y lo que implicó la investigación.

Y después, hay otra parte que es cómo encontrás la motivación. A mí no me costó, no me cuesta demasiado porque soy un apasionado del periodismo, me gusta escribir. Me gusta la información, poder contar una historia, y eso lo tenés todo el tiempo. Nunca sabés con qué te vas a encontrar, qué historia va a conmover al otro día, que es un poco lo que me pasó con esta investigación. Vos vas y golpeas una, diez o 20 puertas, y te encontrás con esta información y podes hacer el trabajo de tu vida. Esa adrenalina, esas ganas a mí no me desaparecieron nunca.

-¿Te cambió en algo la relación con otros colegas?

- A mí no me cambió en nada. Cuando un periodista hace un trabajo de este tipo, con esta repercusión, incluso fuera del país, muchos colegas estuvimos escribiendo sobre esto durante mucho tiempo, y lo seguimos haciendo, entonces no tomas realmente dimensión del caso. Para mí es un caso periodístico, y lo trato como tal y mis colegas igual. Por ahí digo, después, de acuerdo a las consecuencias que haya, en algún momento, quizás, mirando atrás quizás nos damos cuenta que fue un caso distinto, o que tiene algunas particularidades que lo harán recordable, pero ahora todos lo tratamos como un caso que cubrir, pero hay novedades todo el tiempo. Yo sigo siendo igual, estoy en el mismo lugar que estaba antes y trabajo igual que siempre.

-¿Para los más jóvenes que estudian o planean seguir periodismo, cómo es trabajar en equipo, en una redacción, o manejar fuentes como las que incluyeron este caso, y armar la investigación como un rompecabezas?

-Es fácil si elegís la gente correcta, y nosotros lo hicimos. Elegí dos periodistas que yo conocía, porque eran alumnos míos en una maestría donde doy clases, y trabajas en el marco de la confianza y el entusiasmo. Entusiasmo, porque a cualquier periodista le gustaría trabajar en algo así, y confianza, porque como vos decís estás manejando fuentes muy particulares, tomando decisiones que involucran a todos, porque finalmente todos quedan involucrados en la investigación, de hecho ellos declararon como testigos en su momento, de cómo trabajamos, qué hicimos. Hay que elegir bien, y después el trabajo sigue solo y cada uno aporta lo suyo. Yo tengo 49 años, y los chicos andan por los 20 y pico, entonces tenemos visiones distintas de hacer las cosas, y eso está buenísimo, porque en algún punto ellos me enseñan a mí, y yo les enseño a ellos. Es un círculo virtuoso, encontrar gente que piensa de otra manera, y que tiene incluso hasta otro tipo de pasión, en lo que genera, pero principalmente tienen que estar amalgamados por la confianza, es lo fundacional.

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Foto de Fabián Marelli para La Nación.

-En los casos que resonaron en la historia del periodismo llevando noticias a hechos en la justicia, que terminaron en libros o películas, y allí se reflejaban mucho la relación entre los periodistas y los dueños, o la cabeza de los diarios. ¿En tu caso, a la hora de publicar la investigación, cómo fue la conversación?

-Teníamos muy claro que estábamos frente a una investigación histórica, en relación a lo que era nuestro diario, y diría que la más histórica, que es lo que ellos me dijeron. La tratamos como tal, una cosa que nos iba a atravesar a todos, incluso a la redacción. No hubo tanta discusión, de si publicábamos o no, sino que hubo varios intercambios periodísticos, interesantísimos cuando fui tomando decisiones en el medio. Yo iba diciendo vamos a hacer esto, o cuando yo decido que vamos a judicializar la investigación, es perderla toda, y los dueños del diario me preguntan, y esta decisión qué riesgos tiene, y uno de esos riesgos –uno de lo que más nos duele como periodistas- es que la ponemos en manos de otras personas y que la perdamos, y salga publicada en otro lado. El dueño del diario me dice entonces, ‘vos me estás diciendo que podemos perder  la investigación más importante de la historia’, y yo le dije sí, tenemos ese riesgo y si no tenemos que ir por otra estrategia, y bueno me dijo vamos a asumirlo, y lo pusimos en manos de terceros. Lo podíamos perder todo.

Fue muy enriquecedor para mi ese tiempo, en la relación con el diario, de mutua confianza a mí me ayudó mucho, porque sentí que podía confiar cada día en el diario, que iba a soportar mis decisiones y mis ausencias. Era un trabajo muy demandante desde lo intelectual y desde lo físico, porque trabajábamos muchas horas, y me soportaron todo. Fue como un momento muy interesante, desde lo personal en mi relación con el diario, que había gente humana, haciéndome de andamiaje.

-Así como hablamos del diario, tenemos que hablar de la familia. En una situación como esta debe generar algo de preocupación en la familia.

-Si es algo muy personal, porque generalmente el tiempo es limitado, y si no se lo sacas a alguien se lo sacas al otro. Mi familia sufrió eso, y yo tomé decisiones y los arrastré. Por ejemplo, mis hijos que ven que su padre sale por todos lados y demás, y es algo que no es mi estilo, ni mi forma de hacer periodismo, pero ellos sabían lo que estaba haciendo; pero obviamente las consecuencias de esto lo ves cuando está en la calle. Fueron momentos difíciles, porque nos sucedieron varias cosas, pero hubo que ponerle el pecho, y volver a hacer un balance de tiempo que me demandaba el periodismo y lo que ellos necesitaban. Fue un momento muy difícil.

-Se cumple en agosto un año de que todo esto salió a la luz. ¿Qué te ha dejado los reconocimientos de los colegas, o los premios, como el Rey de España en todo este proceso?

-Lo que más me conmueve es el de los colegas, que reconocen el trabajo que hicimos. Es una parte importante. Los premios lo que me dejan es que la gente reconoció la cadena de tomas de decisiones, y las consecuencias que tuvieron. Genera esa sensación de que las cosas se pueden hacer distinto, y vale la pena, hacerlo distinto, jugarnos aunque tenga grandes riesgos, como en este caso. Me gusta a mí y al diario, porque insisto fue una cadena de decisiones

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En enero de 2019, Cabot se convirtió en el segundo argentino (en forma consecutiva, el anterior fue Juan Mascardi) en ganar el premio Rey de España, que otorga la agencia internacional EFE.

Yo estudie mucho, en este caso. Soy abogado, pero estudie mucho para tomar estas decisiones, es reconfortante y genera un poco de espejo en la redacción. Sabemos que en los últimos años, las redacciones vienen muy golpeadas por muchas cosas, no solo por la cuestión económica en los medios, sino por la masividad de información que a veces no sabemos manejar.

-¿Crees que reivindica un poco el oficio actual, donde hay tanta información que se tiene que interpretar en tiempo récord, noticias falsas, y al margen del impacto en la justicia?

-Es un poco un faro en un lugar donde hay mucho debate cómo se debe tratar la noticia ahora, cómo los medios deben competir con el anonimato y la masividad de la información que se propaga sin chequeo, sin miramiento. Me parece que es una lección incluso para nosotros, los periodistas, de que la información chequeada, verificada puede tener un recorrido más largo, y es cierto que también tiene que estar la posibilidad de hacerlo, porque yo hablo desde un lugar de relativa comodidad, que es un medio grande de Buenos Aires, donde las cosas estaban aceitada, y sé que no es la realidad de todos. Pero, igualmente vale la pena tomarse un tiempo, chequearla y construir nombres creíbles a la hora de publicar, que es el valor que tenemos los periodistas en contra de la noticia falsa

También es cierto que hay una tarea de educación que tenemos que tener ante los consumidores que prefieren las redes sociales, inmediatas y anónimas, a una información chequeada.

“Nadie que no haya nacido para eso y esté dispuesto a vivir sólo para eso podría persistir en un oficio tan incomprensible y voraz, cuya obra se acaba después de cada noticia, como si fuera para siempre, pero que no concede un instante de paz mientras no vuelve a empezar con más ardor que nunca en el minuto siguiente”. La definición sobre qué es el periodismo le pertenece a Gabriel García Márquez, y aún en su prosa, que podrían considerar algunos, dramática o exagerada, se esconde aquello de seguir golpeando puertas, cada día.

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