En nuestras comunidades también hay femicidios, pero sin detenidos
Denuncias por violencias contra las mujeres en poblaciones originarias, connivencia de referentes y ausencia del estado, algunas de las voces que se alzaron en Las Grutas.
Casi 300 mujeres de 36 naciones originarias se reunieron en la ciudad rionegrina de Las Grutas durante tres días en un encuentro político y espiritual de debates y fortalecimiento colectivo.

Si bien el primer parlamento se convocó el año pasado en Ensenada, su origen se remonta a 2012, en Rosario, cuando un grupo de mujeres de distintos pueblos se reunieron para intercambiar opiniones y acordaron realizar una marcha que, años más tarde, se transformó en lo que hoy es el Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir.
La organización autónoma, autogestiva, apartidaria, antipatriarcal, anticapitalista y antirracista está conformada por pueblos originarios como el aymara, aba guaraní, mbya guaraní, kolla, mapuche, anquel, wichí, qom, charrúa, quechua, tehuelche, diaguita, entre otros.
Las participantes
Desde distintos puntos argentinos y latinoamericanos participaron referentes indígenas, como la Machi Francisca Linconao, mapuche criminalizada y detenida sin causa por el Estado chileno; Moira Millán e Irma Caupán, integrantes del movimiento y coordinadoras del encuentro. “Las indígenas necesitamos parlamentar y organizarnos para hablar de todo lo que estamos sufriendo; de las opresiones en los diferentes lugares que habitamos, y también para encontrar la manera de luchar contra lo que fue y sigue siendo el Estado, que con su colonización genocida nos ha despojado de nuestros territorios en los cuales hemos vivido milenariamente, siendo siempre parte de toda la naturaleza. Necesitamos fortalecer nuestras identidades y ponerle palabras a toda la violencia que venimos sufriendo no solo por el patriarcado, sino también por las instituciones y por la violencia que se ejerce también dentro de las comunidades”.
Diversidad de temas
Durante tres días, en una diversidad de lenguas traducidas simultáneamente por otras participantes fueron expresando sus preocupaciones y experiencias frente a temáticas específicas que afectan a sus cuerpos y a sus territorios.
La violencia patriarcal y la justicia machista también tuvieron su espacio: “¿Escrache o justicia punitivista a la violencia de género en nuestras comunidades?, ¿hay formas de administración de justicia propia desde los pueblos indígenas?, ¿qué hacemos con los machos violentos de nuestras comunidades?”, preguntaban las coordinadoras para que sean las mismas indígenas quienes contesten desde sus propias vivencias.
“En nuestras comunidades hay femicidios y los hombres no van presos, están libres, tenemos maridos golpeadores y peleamos con ellos porque nosotras no somos de ellos, somos de nosotras”. “Mi ex pareja me quiso pegar, yo lo denuncié pero la Justicia se demora 500 años porque las leyes están dirigidas por machos.” “Tenemos también que denunciar a los propios referentes de las comunidades, porque no nos acompañan en esta situación”, fueron algunas de las declaraciones. La complejidad del aborto también tuvo lugar: “Acompaño a tres nenas que están siendo abusadas: una tiene doce años, la hicieron parir un bebé, la nena se lastimaba el cuerpo porque no quería tenerlo. El bebé nació por cesárea y al poco tiempo murió por falta de peso, y ahora la nena carga con la culpa de esa muerte”, relata María Fleitas, mujer qom, mientras el espacio se llenó de un silencio abrumador.
Publicado en Página 12
Palabras que interpelan y redefinen identidades
Los distintos modos de discriminación hacia los pueblos originarios también se traducen en algunos conceptos que circularon en el Parlamento y que tal vez no son tan conocidos fuera del movimiento. Plurinacionalidad y pluriversalidad son dos términos que vienen a desbordar los márgenes del debate.

Celeste Vientos pone en contexto porqué es necesario traer otras voces a los territorios que aún resisten: “Creemos que algunas compañeras no dimensionan que muchas hermanas están siendo judicializadas y perseguidas por defender las tierras ancestrales amenazadas por megaproyectos que depredan la naturaleza”. Además abraza el concepto de plurinacionalidad para hacer visibles también a las indígenas que viven en las ciudades, que sufren el racismo en las instituciones y en el mercado laboral.
Sobre la “pluriversidad María Urquizu agrega que la propuesta surge desde la necesidad de pensar espacios de encuentro de mujeres de distintas naciones indígenas. El fin: “Pensarnos, formarnos, generar estrategias y continuar cultivando nuestros saberes ancestrales; aprender y enseñarnos entre todas, construir educaciones indígenas desde nuestras cosmogonías”, describe. “Queremos ejercer el derecho a tener una educación bilingüe e intercultural. Estamos perdiendo nuestras lenguas madres porque la educación occidental cristiana y hegemónica no las incorpora. Si nosotras no generamos espacios donde podamos cultivarlas y cuidarlas, este capitalismo salvaje se come todo”.
“Todas las mujeres cargamos con historias distintas, todas sufrimos de diferentes formas pero, a la vez, eso también es lo que nos une”, reflexiona una mujer indígena, y las palabras resuenan como un eco después de que el encuentro concluye. Marcado por las emociones, los abrazos y la potencia de un lazo espiritual y ancestral que une a todas las mujeres indígenas, con la certeza de que nunca más volverán a estar solas.











