“Nos invade un modelo productivo que no piensa en la mesa de los argentinos”
En la celebración de la Semana Continental de la Semilla Nativa y Criolla un integrante del Movimiento Agroecológico de América Latina y el Caribe (Maela) expuso preocupaciones y necesidades de políticas para el sector.
Juan Cáceres es un guardián de semillas y un pequeño productor en una chacra de La Matanza, jurisdicción de Tres Isletas. Este año el desborde de una laguna que le da nombre a la zona inundó su tierra y lo hizo perder la mayor parte de su producción, de la mala experiencia se consuela con que al menos le quedará para consumo. Amplía el foco y elige hablar de necesidades colectivas: “Hace mucho tiempo que la agricultura familiar viene siendo dejada de lado y en algún momento el gobierno tendrá que sentarse a hablar con nosotros porque si bien hacemos nuestro trabajo con amor, nos está invadiendo un modelo productivo que no piensa en la mesa de los argentinos”.

Juan tiene 62 años y sostiene que hace más de 40 se dedica a preservar un saber que compartían tanto los abuelos que vinieron de Europa como los antepasados nativos. Ser un guardián de semilla implica mantener sus cualidades genéticas, su calidad de producción y preservarlas de la contaminación de otras variedades.
A la transmisión de ese conocimiento se suman reproducciones experimentales con el INTA, más los tipos que vienen de otros lugares de la región: “Así vamos teniendo variedades para distintas necesidades. En mi caso tengo cuatro variedades de maíz y prefiero usar las que dejen rastrojo, para cuidar la tierra”.

La misma lógica se aplica para las chauchas algunas para cobertura, otras para aprovechar más el poroto. El aspecto que más se cuida es el de la preservación de las cualidades genéticas y las características de cada variedad, para que no se mezclen o desaparezcan.
Preservar las semillas nativas o criollas de una contaminación con transgénicas exige a un productor crear cortinas, barreras naturales y tomar distancia de fronteras de contacto, por ejemplo, corriendo sus cultivos de 200 a 800 cientos de metros para evitar una polinización que se produce con ayuda del viento. Entonces lo sembrado cerca del perímetro -con mayor exposición- se destina para consumo, no para compartir la semilla.
Cáceres insiste: “En el ciclo más limitado y peligroso seguimos produciendo pero no nos están teniendo en cuenta, ocupamos un segundo lugar. En la –declaración y asistencia por- emergencia la mayoría de los recursos llegó a los que tienen más hectáreas. No estoy en contra de eso, lo que digo es que no hay coherencia en la mirada con el pequeño productor. Ojalá que esto llegue a las autoridades de la provincia y de la nación”.
Además en un año electoral explicita un deseo: “Sería lindo escuchar a los candidatos decir que van a trabajar por la agricultura familiar y que van a crear estructura. Hoy todos piensan en un resultado exitoso y en un país maravilloso sin tener en cuenta algo básico como la alimentación sana que producimos los campesinos”.

Hoy en Corrientes
Guardianes y guardianas de semillas de la región se reunirán hoy en la plaza Mitre de la capital correntina para seguir difundiendo los beneficios que conlleva para la nutrición y salud el consumo de alimentos libres de transgénicos, además de los beneficios sociales que también generan en quienes los producen y comercializan.
En el mismo círculo virtuoso están los multiplicadores, que son quienes utilizan la semilla y con la producción llevan alimento a las ferias francas o para venta en puestos fijos de ciudades y rutas.
La semana de actividades comenzó el viernes 26 de julio y se extenderá hasta el jueves 1 de agosto, Día de la Pachamama.










