Hugo Mario Noremberg, histórico delantero de For Ever
De elegir una imagen de Noremberg dentro de la cancha sería aquella maniobrando de espaldas al arco, pegado al defensor bajando la cadera y palanqueando sus brazos extendidos hacia atrás en un intento por desacomodarlo.
Por Cacho Leguizamón
Oficio de 9; girar y encarar al arquero, medir los pasos y solamente tirar, la violencia de su disparo haría el resto. El Gringo de Aristóbulo del Valle (Misiones) fue un potente centrodelantero que explotó en el mejor Ferrocarril Oeste de su historia (Campeón de Primera A/ 84). Tal vez solo por eso Osvaldo Diez (D.T.de Chaco For Ever) lo aguantó tantos partidos sin convertir. Nueve partidos le duró la sequía pero cuando se le abrió el arco no paró más.

En las prácticas de los jueves (ahí se definía el equipo) fuimos testigos de abultadas definiciones aunque los sábados seguía ausente. Tanta bronca acumulada por el artillero hizo que a su primer gol lo festejara con el recordado corte de manga a la tribuna. Alto, fuerte y de naturaleza veloz definía la mayoría de las veces con pierna derecha aunque cargaba fuerte dominancia con la zurda.
- ¿Eras consciente de que mientras pasaban tantas fechas sin convertir aquel hostigamiento de la tribuna hacia vos se trasladaba a tu técnico?
- Y yo me ponía muy mal. Don Osvaldo me aguantaba confiando en lo que le podía rendir porque si yo no convertía aparecían el “Beto” (Roberto Gargini) o el “Pepo” (Alfredo Fernández) para disimularlo todo. El que no estaba muy conforme conmigo era “Polo” García (Juan Alberto- expresidente) que una vez me dijo: “¿Para qué te traje?... “Cómo me equivoqué con vos”. Yo también sabía que la hinchada me quería comer. Recuerdo que una vez que me perdí un gol cantado bajo el arco miro hacia las plateas y hasta mi mujer me estaba puteando.
- Fueron pocos los goles de cabeza que lograste, ¿se debía solo a que te ocupabas de tirar los córners cuando tendrías que haber ido a cabecearlos?
- Pateaba casi todos los córners porque era el que le pegaba más fuerte. En Ferro con Griguol (Carlos) entrenábamos mucho las cortinas para cabecear libres en el área. Fuimos los primeros en practicar cortinas que usaba el equipo de básquet que dirigía Najnudel. El viejo Griguol mojaba la “Pintier” para que pesara más. Creo que cabeceaba bien pero si no tiraba los córners capaz tendría más goles.
- ¿Después de jugar en Chaco For Ever dónde continuó tu carrera?
- Mi último partido con Chaco fue con el equipo participando en Primera División, cuando descendió ya me había ido. “Polo” García era dueño de mi pase y me negoció a Turquía (1990) donde jugué solo un año y regresé a Estudiantes de La Plata, de ahí nuevamente a Ferro y por último, ya en el 94, mi retiro en Douglas Haig de Pergamino. Cuando estuve en Turquía sucedió la primera guerra del Golfo y nos dio mucho miedo ya que estábamos muy cerca. Mis hijas eran chiquitas y para preservarlas pegamos la vuelta a pesar de andar bien futbolísticamente y con la gente que me quería mucho. Hasta la comida era igual que acá, por eso no tardamos en adaptarnos.
- Los jugadores que habían venido de Buenos Aires cuentan que lo vivido en Resistencia jamás lo vieron en otro lugar.
- En Chaco pasamos cuatro años bárbaros con la gente que nos amaba, con decirte que íbamos a la farmacia y no nos querían cobrar los medicamentos. Viajábamos gratis en los taxis, ni en los restaurantes querían cobrarnos. En el 2007 regresé como reclutador de jugadores para la C.A.I. (Comodoro Rivadavia) había otra gente, hasta el trato había cambiado. Esa vez aproveché para llegar a Pinedo para visitar al “Zorro” Vidal (Monges), un amigo al que quiero mucho y que ya tiene sus años. “El zorro” me acompañaba a todos lados y era quien nos torturaba en la mesa de masajes.

- ¿Qué lugar ocupa la camiseta de Chaco For Ever dentro de tu vida?
- Chaco For Ever y Ferrocarril Oeste fueron lo mejor que ocurrió en mi vida. Con Ferro fui campeón de Primera A ganando dos partidos finales a River Plate (1-0 como local) y (3-0 como visitante) donde convertí uno de los goles. Con Chaco se llenaba la cancha porque éramos protagonistas siempre. La primera vez perdimos en el octogonal contra Belgrano de Córdoba, al otro año en la final contra San Martín de Tucumán y después ascendimos contra Lanús en el último partido. Nos teníamos una fe bárbara y sucedieron muchas cosas antes y durante el partido que no se olvidan jamás. Aquél partido contra Lanús sabíamos que debíamos cuidarnos de no hacer foules tontos cerca del área porque ellos lo tenían a Villagrán, un experto en tiros libres. Recuerdo que ya el árbitro tenía el silbato en la boca para terminarlo cuando el Pepo (Alfredo Fernández) hace foul en el borde del área...!lo queríamos matar!. Por suerte la pelota dio en el travesaño y terminó el partido. Era la gloria...
- ¿Si hoy estuvieras jugando qué errores no volverías a cometer?
- Hubiese querido durar más tiempo como jugador, me retiré joven. Por culpa de jugar infiltrado hoy el cuerpo me pasó factura. Hace más de ocho años me operé de la columna y tengo artrosis de rodilla que no me deja caminar bien. Con Chaco jugué como dos meses lesionado, sin entrenar, inyectándome antes de los partidos, y eso la gente no sabía. La final contra San Martín de Tucumán estuve todo el día acostado en el hotel hasta la hora del partido, de la rodilla me sacaron dos jeringas con líquido. Me retiré muy joven por las lesiones, hubiera querido jugar más tiempo. Estando en Ferro me vinieron a buscar de Francia y la operación no pudo hacerse. Jugar en Europa fue mi materia pendiente.
- ¿Cómo es tu actualidad?
- Vivo en Trelew; vine con Gargini para trabajar en una filial de la C.A.I. de Comodoro. Con ellos estuvimos hasta el 2010, hasta que la filial dejó la ciudad y pasamos a un club que tiene más de 300 pibes entre primera y otras categorías. Con pibes de la Patagonia recorrimos toda Europa, jugamos hasta en Barcelona. Ubicamos a varios en Buenos Aires, y uno llegó a la primera de River, pero ahora lo transfirieron a Italia. Mi familia son mi mujer y tres hijos; dos mujeres, una de 32 años y la de 30 es chaqueña. El varón de 26 sigue soltero y es profesor de inglés. Soy abuelo de un nieto de dos años y medio que ojalá juegue al fútbol y Dios me dé salud para verlo.
LA POTENCIA DEL TANQUE
Una tarde de práctica Roberto Cassiet (D.T. primera local) me pide que llame algún “arquerito” de inferiores para colaborar con los grandes hasta llegar el suplente. No más de 15 años tenía el que se ofreció. Corriendo fue a ubicarse, contento, en el arco donde atacaba Noremberg.
La única indicación fue ¡Poné bien las manos que el gringo patea muy fuerte! El primer pase en profundidad cae delante del Gringo, éste la alcanza, lo mide y (como siempre) le imprime tal “balinazo” saliendo directo al arquerito que alcanzó a cubrirse desviando el pelotazo que lo dejó sentado dentro del área. Al segundo disparo ni lo vio, eso que había pasado cerca de su cabeza. Enseguida llegó el otro arquero.
El pibe salió contento por evitar el gol mientras exclamaba: “Faa, que patea fuerte ese gringo”. La pegada de Noremberg era similar a la de Batistuta o la de Héctor Scotta (San Lorenzo) yendo más atrás en el tiempo.
DATOS ESTADÍSTICOS
Noremberg vistiendo la blanquinegra jugó 147 partidos oficiales convirtiendo un total de 62 goles, lo cual lo convierte en máximo goleador participando en la segunda categoría del fútbol argentino además de ser el cuarto con más presencias. (Fuente: Carlos Ortiz).











