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Paco Urondo: “Quiero ofrecer un destino luminoso y alegre”

En pocos días más se cumplen 43 años de la muerte del poeta y periodista Francisco Paco Urondo. Fue asesinado bajo el régimen de la última dictadura militar.

Francisco Paco Urondo

Otra cosa

Queridos hijitos, su papá poco sabe de ustedes

y sufre por esto. Quiero ofrecer un destino

luminoso y alegre, pero no es todo

y ustedes saben:

las sombras,

las sombras,

las sombras,

las sombras

me molestan y no las puedo tolerar.

Hijitos míos, no hay que ponerse tristes

por cada triste despedida:

todas lo son, es sabido,

porque hay otra partida, otra cosa,

digamos,

donde nada,

está resuelto.

El 17 de junio de 1976, en Guaymallén, Mendoza, el auto en el que viajaban Paco Urondo, su mujer Alicia Raboy, la hija de ambos, Ángela Urondo, de ocho meses, y la compañera de ambos, René "la Turca" Ahualli, fue interceptado a balazos por fuerzas de seguridad. A Urondo ahí lo secuestraron y lo asesinaron. Alicia Raboy corrió con la misma suerte y sólo su hija sobrevivió y fue adoptada por un familiar.

El poeta Juan Gelman dijo sobre Urondo: “corregía mucho sus poemas, pero supo que el único modo verdadero que un poeta tiene de corregir su obra es corregirse a sí mismo, buscar los caminos que van del misterio de la lengua al misterio de la gente. Paco fue entendido en eso y sus poemas quedarán para siempre en el espacio enigmático del encuentro del lector con su palabra. Fue –es– uno de los poetas en lengua castellana que con más valor y lucidez, y menos autocomplacencia, luchó con y contra la imposibilidad de la escritura. También luchó con y contra un sistema social encarnizado en crear sufrimiento.  No hubo abismos entre experiencia y poesía para Urondo”.

No puedo quejarme

Estoy con pocos amigos y los que hay

suelen estar lejos y me ha quedado

un regusto que tengo al alcance de la mano

como un arma de fuego. La usaré para nobles

empresas: derrotar al enemigo– salud

y suerte–, hablar humildemente

de estas posibilidades amenazantes.

Espero que el rencor no intercepte

el perdón, el aire

lejano de los afectos que preciso: que el rigor

no se convierta en el vidrio de los muertos; tengo

curiosidad por saber qué cosas dirán de mí; después

de mi muerte; cuáles serán tus versiones del amor, de estas

afinidades tan desencontradas,

porque mis amigos suelen ser como las señales

de mi vida, una suerte trágica, dándome

todo lo que no está. Prematuramente, con un pie

en cada labio de esta grieta que se abre

a los pies de mi gloria: saludo a todos, me tapo

la nariz y me dejo tragar por el abismo.

Amarla es difícil

Es buena, cuando duerme;

el calor de su cuerpo es un puñal de vidrio

que remonta los sueños.

Cuando calla, es buena

y su voz una premonición olvidada y peligrosa

que arruina el silencio.

Cuando grita o llora

o se lamenta o se divierte o se cansa,

nada puede contener

este dolor alegre que envenena

mis sueños y mi soledad.

Por eso es difícil pensar

en ella, en su cara bondadosa;

abandonarse; por eso

es una cobardía retenerla

y dejarla ir, una pavorosa crueldad.

A veces, cuando lo pienso,

no se qué hacer con ella,

con este destino luminoso.