Humberto Gómez Lollo: 45 años del hombre que esculpió sus sueños
Ayer se inauguró la exposición de esculturas “Las flacas de mi ciudad” en el Museo Gómez Lollo, avenida Laprida y López y Planes, en el marco de los festejos por los 45 años de trayectoria de Humberto, uno de los artistas más destacados del ambiente.
Fotos: Miguel A. Romero
Con voz suave, manos marcadas y un perfil bajo, Humberto fue esculpiendo su camino y logró el reconocimiento de sus pares, amigos y de la gente. 45 años que no fueron en vano, sacrificios que valieron la pena ya que es uno de los escultores que recibió el Gran Premio de Honor.
Dueño del Museo que lleva su nombre y de grandes ideas. Compañero y hermano de Fabriciano. Trabajador inalcanzable de la cultura. Amigo querido por todos, docente estructurado pero siempre agradable con sus alumnos.
Muchas maneras de describirlo, pero él se encarga de hablar de todo en esta nota.

-Son 45 años de trayectoria. ¿Cómo te encuentra hoy esta fecha?
-Te diría que un muy buen momento artístico, porque me encuentro creando. Me siento en plenitud para hacer mis obras, porque el trabajo en esculturas es pesado, pero después de 45 años seguir esculpiendo para mí es vivir la vida y encima haciendo lo que me gusta.
-¿Qué hay en esta exposición de aniversario?
-En la exposición hay 33 obras, realizadas en madera de algarrobo. Pocas veces hice esculturas en serie, esta es la primera ya que en año 99, cuando cumplí 25 años de carrera, expuse solamente 15 de estas y ahora hice las otras restantes y las denominé “Flacas de mi ciudad”.
-¿Por qué “Flacas de mi ciudad?
-Porque son obras muy delgadas. Es muy difícil hacer una obra en un cuadrado de 10 por 10 y de ahí ir para arriba. Todas comenzaron con una base de 80 centímetros de alto, de ahí al metro, al metro cincuenta, hasta llegar a lo que miden hoy, que es tres metros con 80 centímetros.
-¿Te sentís unos de los referentes de la cultura chaqueña?
-Es muy difícil decirlo, pero la gente sabe reconocer mi trabajo y me hacen sentir que soy un referente de la cultura. El público es quien tiene que juzgar si uno es o no, lo mismo me pasa cuando me dicen que es soy escultor y ese título no se recibe en ningún lado; es más, en Bellas Artes egresé como profesor pero no como escultor de profesión, eso viene a través de los premios y reconocimientos y te vas acostumbrando. Después de 45 años lo tomo con más tranquilidad, antes me llamaba la atención.
-Sos uno de los escultores con gran trayectoria pero que más bajo perfil tiene.
-Sí, es verdad. Mis amigos, mis colegas docentes y la gente en general siempre me dicen que soy muy bajo perfil, pero yo estoy muy contento con mi trayectoria, ya que fui reconocido en muchos lugares del mundo. Yo creo que el ser humano es como es, y me siento contento como soy. Una vez saliendo de Casa de Gobierno me para una señora y le dice a la hija: “Este señor es quien nos representa tan bien en el mundo”. Y eso para mí es un gran reconocimiento. Nunca me sentí grande, siempre trabajé para que sea reconocido mi trabajo y la historia se encargara de juzgarme si hice algo bien y qué dejo a mi provincia.
-Vos lo dijiste, tuviste reconocimientos nacionales e internaciones, ¿pero cuál fue tu mayor logro?
-Es el que soñamos todos los escultores, ganar el Gran Premio de Honor a nivel nacional. En lo que respecta a lo internacional, junto con Walter Sotelo y Fabriciano hemos logrado la medalla de oro olímpica representando a Argentina, en Noruega. Son sueños cumplidos en lo profesional pero en lo personal es el reconocimiento de las personas y lograr una familia que me acompaña.
-Es imposible no nombrarlo a tu hermano, Fabriciano.
-Nuestra madre nos hizo estudiar juntos Bellas Artes, solamente que él perdió dos años porque le tocó hacer el Servicio Militar en la Marina y por eso tuvo que dejar de estudiar. Siempre hemos trabajado juntos y somos una familia muy unida y siempre soñamos con dejar nuestro legado en el Chaco.
-¿Qué tan cierto es que estuvieron peleados?
-Eso no sé de dónde salió, pero es totalmente mentira. Una vez estábamos comiendo en la casa de Fabri con amigos y una amiga presente dijo: “Qué suerte que ustedes se arreglaron”. Y claramente nos sorprendimos. Y ahí entendimos que muchos dicen que nosotros estábamos peleados, pero incluso yo tengo las llaves de la casa de él y siempre estamos en contacto. Por supuesto que tenemos puntos de vista diferentes con respecto a lo escultórico, pero nos respetamos. Jamás nos hemos peleados, siempre hablamos. Lo tomamos como una humorada, somos hermanos y tenemos una excelente relación incluso somos grandes amigos.
-¿Qué le dejás como legado a la ciudad?
-Yo dejo el Museo, en avenida Laprida y López y Planes, y esculturas que están distribuidas en varios puntos de la ciudad, como por ejemplo en Arturo Illia, en Obligado 170, en Paraguay y avenida Sarmiento, en Sarmiento al 270. Es realmente grande el trabajo que dejo en Resistencia. Más allá del patrimonio escultórico que dejo, también le entregué mi vida, mis sentimientos porque acá está mi familia, mis amigos, mis verdaderos amores, por eso es que siempre vuelvo al Chaco y siempre voy a ser de estas calles.
-¿Qué le dirías a la nueva generación de artistas?
-A la nueva generación (que no son todos jóvenes, porque hay de varias edades y eso está muy bueno) le diría que hay un secreto, que no es tan secreto, que es el trabajo. Yo siempre dije que el escultor es aquel que trabaja para lograr lo que tiene en la cabeza y no solo se queda en palabras. Cuando yo conozco a alguien que se presenta como escultor le pido poder ir a ver sus obras, porque no es lo mismo conocer lo que hacen a lo que te cuenta, porque la verdad es que de palabra todos siempre somos los mejores. Siempre hay que tratar de crear, porque nadie tiene la verdad absoluta, incluso yo siempre pensé que hasta los críticos de arte tienen que hacer una obra mejor para poder hacer sus críticas. Hay que dejar que las obras hablen por uno mismo, transmitir a través de nuestras manos.
-¿Qué dicen tus obras de vos?
-Mis obras siempre fueron de figuras humanas. Hubo un tiempo en que hacía parejas, después maternidades y ahora hago obras con sentido totémico, como lo han dicho varios críticos de arte. Hice muchas obras abstractas en mármol, pero la mayoría de mis obras son en madera, chaqueña, y siempre destacando las relaciones humanas.
-¿Cómo te podrías definir?
-Con respecto a mi obra, te diría que es semiabstracta, aunque la abstracción existe en todas las obras. Tienen un concepto, puedo ser figurativo y abstracto porque siempre busco que se vea la figura humana, claro que desde mi punto de vista y si el público entiende eso es porque algo hice bien.
-¿Qué es el Museo Gómez Lollo?
-Es un sueño que tuve desde el cuarto años de Bellas Artes cuando empezamos a ver que las obras de nuestros artistas chaqueños no tenían un lugar donde verlas, era todo a través de imágenes o textos. Y eso me pasó cuando lo estudiamos a Crisanto Domínguez, de Las Palmas. Yo no quería que eso pasara con mis esculturas, porque yo siempre soñé en dejarle 20 obras a la ciudad y hoy le estoy dejando más de 30.
-¿Qué le dirías a Humberto de hace 45 años?
-Que nunca deje de soñar, porque se puede lograr todo lo que queremos con trabajo. Yo nunca dejé de creer en que podría hacerme conocido por mis obras, primero quería el reconocimiento nacional pero gracias a mi trabajo llegué a conocer medio mundo y eso nunca lo hubiera imaginado. Siempre hay que tener ambiciones, no desmedidas.
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