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Draco Rosa, de la lucha contra el cáncer a la serenidad de una vuelta a la vida

Autor de varios hits del puertorriqueño, el ex Menudo vuelve a girar con un nuevo disco de estudio. Cuenta cómo superó las adicciones y la enfermedad.

Es, en principio, la historia de un niño que se levantaba al alba, apurado por su padre. “Vamos, hijo, hoy tenemos que pintar la casa de doña Josefina”, anunció un amanecer. Y otro: “Vamos, hijo, a pescar ; hoy tenemos que sacar pescado para llevarle de regalo a la abuelita”.

Aquel niño se llamaba Robert Edward Rosa Suárez y no protestaba. Volvía con alimento o con la ropa salpicada de pintura. “En esos años aprendí a ser un servidor”, dice una tarde de abril y al teléfono, Draco Rosa. Habla con Viva desde Hollywood Hills, Los Angeles, donde vive con su familia. Habitan una casa centenaria en las colinas.

Draco Rosa en Menudo: segundo desde la izquierda

Los otros principios corresponden a ese inicio. A los 12 años, en 1981, se presentó a un casting para formar parte de Menudo, un grupo teen que era furor. Draco no quedó seleccionado pero lo convocaron para que sumara su voz a uno de los álbumes. Menudo llegó a vender 20 millones de copias. Podría decirse que aquello fue inaugural: el destino de Draco fue ser sombra y creador de éxitos ajenos.

Tres años y varios discos después, cuando había cumplido los 15, pasó a ser un Menudo más. El y Ricky Martin, estrella precoz en el firmamento de los artistas, se hicieron muy amigos. Esa relación continuó cuando Draco dejó el grupo, en 1987. Ya no quería estar sobre el escenario, sino componer.

En ese momento, otra fundación. Tenía 18 años y el cuerpo tallado con la precisión del cincel. Protagonizó Salsa, la única película que hizo en toda su carrera. Hay fragmentos en YouTube: era un bailarín extraordinario. Draco era dueño de todo lo que la industria musical quería para sí: belleza y movimiento.

Pero él se fue de viaje (Río de Janeiro, Nueva York y Europa) y consumió drogas (todas las que pudo), alcohol (todo el que pudo) y oscuridad (entera). Y compuso para otros, que era lo que quería. Es el song maker de, por ejemplo, “Volverás” y “La copa de la vida”, ambos temas interpretados por Ricky Martin. También armó su carrera como solista.

Sobrevino, entonces, otra resurrección. Draco Rosa tuvo varias vidas.

Galán. Draco Rosa en la película Salsa, de 1988.

La enfermedad, la cura

En 2011, Draco Rosa fue diagnosticado con linfoma no–Hodgking, un tipo de cáncer que afecta a ciertas células de la sangre. Esas celulas enfermas pueden desarrollarse en cualquier órgano. Apenas salió del hospital, el músico se subió al auto en el que había llegado y lloró. Primero habló por teléfono con su mamá y luego con su esposa, Angela Alvarado. En shock, decidió conducir hasta un local de comida saludable del que era habitué. Se bajó del auto y antes de entrar en la tienda vio un cartel que invitaba a tres jornadas de conferencias sobre enfermedad, comida naturista, detox y cannabis medicinal muy cerca de donde estaba, en Costa Mesa, California. Draco se anotó.

Padeciste un tipo de cáncer que incluyó una recaída y doble trasplante de médula. ¿Sos un sobreviviente?

Creo que sí, fueron muy difíciles estos últimos ocho años, you know? En el último estudio los números han dado súper bien. Llevo cinco años sólido.

¿Cómo fue la experiencia de combinar tratamiento tradicional con medicina alternativa?

En aquella conferencia en la que me apunté, en Costa Mesa, conocí a alguien que sería una gran amiga, una salvadora: Nena Niessen. Es antropóloga y especialista en cuidados paliativos. Con ella hice un detox heavy. Me pasé al veganismo, perdí mucho peso, nada de café, nada de cerveza. Me cargué de vitamina C y clorofila. Limpié todo mi sistema y eso me preparó para la quimioterapia. Igual tuve una recaída. Lo que hice diferente en esa instancia es que me perdoné.

Con su amigo Ricky Martín: para él escribió hits como "Fuego de noche, nieve de día”, “María” y “Volverás”, entre otros.

¿Qué te perdonaste?

Es que me porté tan mal, me enloquecí tanto en la juventud, en aquella búsqueda que inicié después de Menudo. Estaba entre el conde de Lautréamont, Rimbaud, Baudelaire... Y me hice daño, mucho daño. En el hospital, una enfermera muy importante en mi vida me dijo: “Draco, te tienes que perdonar”. Y le hice caso y aquí estoy.

¿Qué significó Menudo en tu vida?

Un riesgo. Así me dijo mi papá: “Tu mejor compañero de vida en tus 20, 30 años es el riesgo”. Y eso fue Menudo; entrar al grupo y entrar en la incertidumbre.

Hace poco lanzaste tu propia línea de cannabis medicinal.​¿Sos usuario y militante?

Y editamos un libro con Nena, El secreto de la vida a base de plantas, y pronto saldrá mi podcast sobre cáncer y donación de médula, que parece que es un tema tabú. Sobre el cannabis, no sólo hay evidencia científica sino que en mi caso el CBD fue crucial. (N. de la R.: el CBD es un principio activo de la marihuana que se usa de forma medicinal). Hay muchos lugares donde el cannabis todavía es ilegal. Cualquier país que no tenga regulado el uso medicinal de la marihuana es un país atrasado. El mundo está cruzado, hay como un double standard, ¿no crees?

¿Por qué lo decís?

Tú entras a una barra y están todos los venenos a la venta. Todo el mundo cobra, todo el mundo disfruta. Todos hacen desastres y una parte muere. Pero nadie se ha muerto con el cannabis, nadie. Por otro lado, en mi mundo y mi salud las decisiones las tomo yo. Cada ser humano tiene derecho a hacer lo que le dé la gana a la hora de enfrentarse a la muerte. No es una decisión del Estado o de otro ser humano.

Draco Rosa, hoy: lejos de la oscuridad, cerca de la serenidad.

¿La enfermedad cambió la relación con tu entorno?

Encontré la serenidad. La plenitud no sé, pero la serenidad, sí. El high natural, el high rico, el duradero. Siempre voy detrás de ese feeling, el de una persona libre.

¿Y con la música?

Bueno, estuve ocupado en el tratamiento pero logramos lanzar el álbum Vida en 2013, dos años después del diagnóstico. Ese disco se llevó un Grammy y fue muy emocionante grabarlo. Y ahora estoy presentando Monte sagrado. Estoy muy satisfecho con este trabajo y ansioso por tocarlo en Buenos Aires.

A propósito, ¿el disco está de algún modo relacionado con la Argentina?

Sí, durante un festival en el que también tocaban White Snake y Aerosmith (N. de la R.: PersonalFest, año 2013). Yo estaba en el hotel, leyendo Nocturno, un poema de (Julio) Cortázar. De repente apareció el tour manager en la habitación: “Nos tenemos que ir, nos tenemos que ir”. Pero yo estaba enganchado con ese poema, era como si todavía estuviera en mi habitación recitando “tengo las manos negras y el corazón sudado”.Cuando piso el escenario y paro a la banda, saco el riff de 333, el tema que abre el disco. Nocturno me zumbó.

¿Cómo es componer para otros?

Es un trabajo.

Okey, me refiero a que sos autor de hits como Livin’ la vida loca o María. ¿A vos nunca te interesó ese nivel de popularidad?

Hay artistas que quieren un hit, el aplauso y cariñito. Yo estoy vivo mientras esté aportando. No sé si a mí me interesa ser famoso.

Entonces, ¿cómo es componer para otros?

Mi hijo mayor era pequeño, yo había gastado todo el dinero que supe ganar con Menudo... Una pena. Estaba preocupado. Le hice caso a amigos cercanos que me dijeron que lo hiciera. Ricky (Martin) es un súper amigo de trabajo. Entré como productor y compositor en el disco “A medio vivir”, you know… Somos winners. Venta y éxito. Pero esa lección me la dió mi papá, que me levantaba muy temprano, cuando todavía era de noche, para pintar la casa de doña Josefina. “Ahí hay que aportar también, hijo, no se trata de dinero. Ayúdame con esto”, decía. El me enseñó a ser un servidor. Me han preguntado: “¿Por qué no grabas canciones más pop para ti? ¿Por qué haces pop para otras personas?” Sé lo que necesito y lo que quiero para mí. Para los demás, estoy para servir. 

Entrevista realizada por Clarin.com 

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