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Brasileños siguen prefiriendo la nafta

Aunque el etanol es mejor combustible en Brasil no logra imponerse pese a los años que lleva en el mercado.

Brasil es el segundo mayor productor de etanol del mundo, el mayor exportador mundial, y es considerado el líder internacional en materia de biocombustibles y la primera economía en alcanzar un uso sostenible de estos. 

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El alcohol de caña impulsó fuertemente un sector Pyme en el vecino país que ahora se ve amenazado por la electricidad.

La industria brasileña de etanol tiene más de 30 años de historia y utiliza como insumo agrícola la caña de azúcar, emplea modernos equipos, ha desarrollado su propia tecnología y sus residuos son utilizados para producir energía en el proceso de destilación, por lo cual el precio del etanol brasileño es muy competitivo.

La producción industrial de etanol está concentrada en las regiones Centro y Sur del país, siendo el Estado de São Paulo el principal productor. Al mismo tiempo la industria automovilística local desarrolló vehículos únicos en el mundo llamados popularmente conocidos como "flex" ya que sus motores funcionan con cualquier proporción de nafta y alcohol.

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Sin embargo los conductores del vecino país siguen inclinados a cargar nafta aunque haya oferta de alcohol en el surtidor.

Así se desprende del último informe estadístico de la Agencia Nacional del Petróleo que da cuenta que en los diez últimos años, el etanol abasteció apenas el 21% de los coches flex, quedando la nafta con el 79%. Una goleada de 4 × 1 del combustible fósil sobre el de la caña. 

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La producción de etanol en Brasil va desde instalaciones hogareñas para consumo personal a grandes fábricas que emplean cientos de personas.

La revista especializada Autopano analiza el fenómeno y no le encuentra explicación ya que el alcohol es un combustible más “limpio”, tiene mayor rendimiento energético y suele costar menos que la nafta, sobre todo en los estados productores. Sin embargo en Minas, Mato Grosso, Paraná y Sao Paulo la nafta supera en 10% a las ventas del combustible de caña.

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El VW Gol es uno de los vehículos más populares en Brasil y uno de los primeros en adoptar el motor de tecnología flex.

La amenaza eléctrica

Empresas como Toyota ya lanzaron en Brasil autos capaces de funcionar con nafta, alcohol o electricidad. Los productores temen que con el marketing que rodea a esta última opción las ventas de caña y sus derivados caigan aún más por lo que miran con desconfianza el futuro donde ven dos salidas: que la ingeniería local desarrolle un motor súper moderno diseñado únicamente para el alcohol y con eficiencia muy superior a la del flex.

O bien desarrollar una celda de combustible en base al alcohol (fuel-cell) extrayendo de él el hidrógeno. Solución aún muy cara, pero ya desarrollada experimentalmente por Nissan. Pero no hay siquiera señales de que el gobierno brasileño incentive alguna de estas alternativas que podrían salvar el alcohol en el futuro.

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