Que es la suspensión autoadaptativa
Desde hace algún tiempo las motos de alta gama permiten a su usuario escoger un programa de funcionamiento y olvidarse de reglajes de suspensión. Para el resto de los mortales queda subir la moto en un caballete y ajustar el resorte trasero además de girar el tornillo del rebote antes de ponerse en marcha-.
Hay que remontarse a bastantes años atrás para encontrar sistemas, como el ESA de BMW, que permitían escoger entre diferentes niveles de ajuste de hidráulicos y/o de precarga de resortes. Con uno o más botones se podían elegir “modos” de conducción, normal, deportivo etc.

Solo se trataba de ajustar manualmente las suspensiones, pero sin necesidad de herramientas. Es decir que lo único que se hace es ordenarle a un motor eléctrico que hiciese las funciones de una llave con la que ajustar el resorte de la suspensión, o de un destornillador con el que aumentar el freno de la compresión.

Con la llegada de centrales electrónicas cada vez más potentes, a algunos modelos se les pudo incluir en las suspensiones elementos que midiesen el recorrido empleado instantáneamente, así como la velocidad con la que se comprimían o estiraban.
Adaptación instantánea
Si esas lecturas son lo suficientemente rápidas y precisas, sería posible que una centralita interpretase en función de todo ello lo que estuviese pasando en cada uno de los ejes, de modo que se pudiera ajustar, ayudándose de motores eléctricos extraordinariamente veloces, el paso de aceite del interior de cada amortiguador. Ahora la moto va “leyendo” lo que sucede en las suspensiones y se adapta a la conducción de manera automática.
Es decir que si se detecta que en una frenada brusca la rueda delantera se está comprimiendo demasiado, se puede compensar el estiramiento de la trasera cerrando un poco su extensión al tiempo que se aumenta la compresión de la horquilla, por ejemplo.

Y si en esa misma fase se pasa a seguir frenando, pero hay un pequeño bache por el camino, se vuelve a aflojar la compresión tanto como corresponda para que el conjunto pueda absorberlo sin transmitir un golpe seco al manillar, y de ahí a las sufridas manos del piloto.
La clave, como en todo lo que atañe a la electrónica, está en la velocidad de lectura, de la interpretación de complejísimos algoritmos y de lo más complicado: transmitir las órdenes resultantes de esos cálculos a unos actuadores que han de trabajar extraordinariamente rápido, y con una precisión absoluta.
De nada serviría una potentísima centralita capaz de hacer millones de cálculos por segundo si luego lo que tenemos es un motorcito de juguete encargado de acelerar para llevar el dial del paso de aceite de una de las botellas de la horquilla hasta una determinada posición. Si esa instrucción es ejecutada de forma lenta, cuando se lleve a cabo ya no será útil. Es más, puede que llegue a ser incluso peligrosa.

Estos sistemas permiten llevar mucho más allá los límites de intrusión de un ABS dado que el propio parámetro de funcionamiento de la horquilla ayudará a retrasar el bloqueo de la rueda.
En resumen: que además de buscar mayor confort en caso de optar por un programa de funcionamiento turístico, permite una mayor deportividad mientras se conduce de manera brusca, y todo sin tener que intervenir escogiendo parámetros constantemente.










