Rebotamos
No es fácil hablar hoy de economía, presentar números y analizar expectativas habiendo padecido, chaqueñas y chaqueños, durante estos últimos doce días un fenómeno climático de dimensiones históricas con lluvias récord que pusieron en jaque a poblaciones enteras y generaron tanto dolor.

De hecho, todo ese impacto seguramente tallará a la hora de recalcular algunas previsiones económicas para este 2019 que muchos avizoran como el año de la recuperación lenta (demasiado).
Aunque muchos otros adviertan que las capas sociales más castigadas ni llegarán a percibir esa mejoría. Más allá de esas dificultades para plantear un análisis de la economía, intentaremos en este espacio poner en claro algunas previsiones del sector privado, de los mercados y del propio gobierno chaqueño, en un año electoral que podría traccionar alguna mejora extra aunque seguramente efímera.
Gráficamente, reconstruir un entramado económico que tuvo destrucción de la capacidad productiva, con más de 120 mil puestos de trabajo perdidos, y que sigue ostentando elevadísimos niveles de presión tributaria y fiscal, no será obra de ningún mago ni menos de un año electoral donde el gobierno nacional podría maquillar algunos números y aflojar algunos torniquetes para dar aire a ciertos sectores de la economía.
Entonces, sin una base sólida para producir más y generar más y mejor empleo, el horizonte no aparece tan despejado. Habiendo atravesado y dejado atrás un 2018 tan malo en términos de indicadores económicos para el país, cualquier cifra que analicemos al cabo de este año será mejor. Simplemente porque se compara con lo peor. Entonces será como rebotar.
Si visualizamos la macroeconomía del país, puede haber números que ya mismo nos indiquen cierta tendencia a la mejora (la balanza comercial exportaciones e importaciones-, el riesgo país en descenso, la estabilización cambiaria); pero si miramos la microeconomía que es donde nos miramos a nosotros mismos, todo empeora y las perspectivas no son tan alentadoras.
Ahí entran las pymes y con ellas el consumo interno deprimido y menospreciado por la política económica nacional, es decir, el bolsillo de los asalariados que ahora no piensan más en comprar bienes durables o semidurables sino en poder llegar a pagar los servicios públicos básicos.
Más allá de esa visión, hay en el gobierno provincial moderadas expectativas en cuanto a la evolución de las principales variables económicas. Piensan, en suma, que la clave estará en el control de la inflación por parte del gobierno nacional, porque de eso dependerá el nivel de actividad. Y si bien hay una perspectiva impregnada con cierto optimismo, resaltan que no es momento de “festejar por anticipado” ni mucho menos comenzar a gastar a cuenta.
Caímos
Veamos algunos números para empezar, de la mano del economista chaqueño Marcelo Nievas. Entre los cimbronazos más fuertes del 2018, se cuentan los cinco meses de volatilidad cambiaria (abril-agosto) que dejaron huellas, no solo porque la inflación terminó en el 47,6% (la más alta en 27 años) y el tipo de cambio subió un 118%, sino también porque la actividad económica mostró severas complicaciones y eso tuvo consecuencias.
¿Cuáles? La destrucción de más de 120 mil puestos de trabajo en el sector privado, dejando una elevada capacidad instalada ociosa en la industria; a lo que se agregó la reducción a la mitad del consumo de asfalto, como consecuencia de la fuerte caída de la obra pública, y un 20% menos de despachos de cemento por el brusco freno de la construcción (y la pérdida del valor de los inmuebles en dólares); más la caída en todos los ítems de ventas de bienes durables y un nivel de deuda pública bruta del orden del 90% del PBI. Una suma explosiva.
En medio de la “tormenta” cambiaria, el gobierno debió redefinir su política monetaria y cambiar de ancla para capear el temporal. Fue entonces cuando adoptó un esquema de control del ritmo de crecimiento de la base monetaria (todo el dinero legal en circulación más las reservas de bancos en el Banco Central). Pudo así tranquilizar el tipo de cambio. Pero lograrlo tuvo un costo elevadísimo, porque perdió el control sobre la tasa de interés, que al inicio del nuevo esquema se ubicó por encima del 73% y hoy se establece en la zona del 60%, un nivel igualmente prohibitivo.
Todas esas dificultades macroeconómicas del 2018 dejaron una marca de credibilidad importante para el gobierno. Según la visión que presenta Nievas, las derivaciones de todo aquello tendrán su impacto este año, porque podrían complicar bastante el cumplimiento de los objetivos fijados por la gestión macrista. Principalmente porque costará bajar la tasa de interés. Y que aún con tasas altas, los inversores no irán a pesos con sus inversiones financieras, porque el costo en términos de rentabilidad en dólares podría ser elevadísimo si se vuelve a disparar el tipo de cambio, más allá que en años de elecciones presidenciales el público suele ir al dólar como refugio.
2019, un año para aguantar
En el plano de los negocios, muchos creen que este 2019 será un año para aguantar. En otras palabras, la clave pasará por tratar de mantener los negocios sin correr demasiados riesgos. Uno de los principales problemas del país que actúa como factor desmotivador de inversiones- son los elevados niveles de presión tributaria e impositiva, y con el nivel de destrucción de la capacidad productiva que observamos hasta acá, la única vía para iniciar una reversión en materia económica pasará por mejorar ostensiblemente las condiciones para crear empleo y producir más.
Algo difícil de hacer y difícil de creer en el contexto actual, porque puede también significar avanzar en algunas leyes pedidas por el empresariado y de alto rechazo en la representación de los trabajadores. En suma, y siguiendo conceptos del economista chaqueño antes citado, el desafío del crecimiento en Argentina es dar dos pasos sin tropezar. Porque claramente, si miramos lo que pasó en la última década, el país no logró incrementar su producción dos años consecutivos desde aquel 2010/11. Demasiados altibajos. Por eso, todo lo que pueda pasar en 2019 en términos de indicadores será mejor comparando con el 2018.
Sólo se trata de subsistir
En ese escenario, y continuando con el plano empresarial, las perspectivas no son demasiado alentadoras aunque no por eso llevan al desánimo a los hombres de negocios. Desde CAME, el referente chaqueño Alfredo González marca tres ejes sobre los cuales girará la gestión este año: la “batalla” emprendida contra el predominio y abuso del sistema financiero (hubo un duro documento de la entidad publicado esta semana por NORTE); la Ley Pyme y la Ley Laboral, enfocada en este último caso en los costos (aportes patronales) y no sobre el salario del trabajador.
En todo ese contexto, los empresarios chaqueños reconocen la complejidad agregada por la emergencia hídrica, que tendrá un impacto elevado sin dudas- no sólo en el agro y en la ganadería, sino en los sectores comercial y de servicios que son los que mayor cantidad de mano de obra emplean en la provincia.
En el año electoral, saben los hombres de negocios que seguramente se darán oportunidades para encaminar ciertos reclamos, aunque de ninguna forma se entusiasman con soluciones de fondo para el sector.
En suma, significa llanamente hablar de subsistencia de las pymes y no de progreso y desarrollo
En suma, significa llanamente hablar de subsistencia de las pymes y no de progreso y desarrollo; significa mantener las empresas abiertas y el staff actual, pero no generar más empleo. Vivir con lo puesto, en términos más simples.
Reconocen además que las perspectivas desalentadoras vienen de la mano del consumo, que se mantiene deprimido, y también porque la estructura de costos vuelve cada vez menos rentables a los negocios (si todavía lo son). Se agrega a ese panorama el fuerte impacto que tendrán las nuevas tarifas de luz y agua en muchas pymes en los próximos meses.
En definitiva, el año impar podrá exponer indicadores más positivos y cierto entusiasmo desde algunos sectores más vinculados a la matriz económica-ideológica del gobierno nacional, que de ninguna manera significarán resolver problemas estructurales de la economía argentina ni mucho menos encaminarnos hacia un crecimiento sostenido que destierre la pobreza y genere mejores condiciones de vida para todos los argentinos y argentinas.
Lo peor ya pasó
A nivel del gobierno provincial, quienes manejan números creen que lo peor ya pasó y que durante este 2019 las principales variables que mostraron cifras alarmantes (inflación, tasas de interés, nivel actividad) expondrán mejoras. En otras palabras, hay un moderado optimismo.
Del 2018, al que definen como uno de los peores años desde la salida de la hiperinflación, quedará como huella y réplica hacia este 2019 el cierre abrupto de los mercados de financiamiento.
Decir que lo peor ya pasó implica, entonces, reconocer que el dólar alcanzó valores máximos de equilibrio y hoy muestra tendencias bajistas, confirmando lo que muchos economistas describen como el overshooting. Significa que tras una corrida cambiaria, llegando a valores por sobre los 40 pesos, el mercado entiende que a ese nivel el dólar está caro y comienza a vender más que comprar. Entonces el precio tiende a la baja.
Estiman en el equipo económico chaqueño que un dólar dentro de esos valores, a su vez, desinflará presiones importadoras, generando algún espacio de competitividad a la industria local. Así, mientras estos valores no sean erosionados por la inflación y el dólar vuelva a retrasarse, en algún punto la industria debería detener su caída y comenzar una recuperación, generando puestos de trabajo y con ello más ingreso y consumo local.
No habrá “V”
También a nivel oficial hay cifradas expectativas sobre lo que el campo pueda generar con la cosecha gruesa. Piensan que los ingresos de la agricultura, sin llegar a ser record, ayudarán a fomentar la recuperación.
De todos modos, con mayor o menor tracción del campo, es improbable que se plasme una recuperación brusca o en forma de “V” como se entusiasman los funcionarios nacionales. Será, en cambio, una recuperación lenta, pero consistente según la visión que predomina en el gobierno chaqueño, donde persiste sin embargo una duda: si esa mejora en el nivel de actividad logrará ser lo suficientemente fuerte como para compensar la caída de 2018.
En esa línea, piensan en las filas oficiales que hacia fines de este año podrán notarse algunos valores neutros de crecimiento. La magnitud de los mismos es una incógnita. Por eso el optimismo moderado predomina como fórmula para no cometer errores.
En el plano fiscal, desde la gestión chaqueña dan por descontado el cumplimiento de los objetivos fijados por la Nación, lo que ayudará a reducir necesidades de financiamiento del gobierno federal y también de las provincias (teniendo en cuenta los desembolsos del FMI y otras mejoras del frente externo que aporta divisas). Sin embargo, no esperan por estas latitudes una reapertura de los mercados, y el parámetro más fiel para sellar esa previsión es el nivel que tiene el riesgo país (si bien en baja en las últimas semanas), que todavía resulta elevado.
En el mientras tanto, la Provincia apuntará a buscar recursos del mercado local de capitales a través de su programa de Letras, que tendrá un tamaño reducido, con emisiones selectivas. Dependerá de la baja en las tasas que el gobierno capte más o menos recursos. Si siguen en niveles prohibitivos, la premisa será sólo renovar los vencimientos de deuda existente.
En suma, piensan en el equipo económico chaqueño que la clave pasa por la evolución de la inflación. Si el gobierno nacional logra contenerla, habrá un dólar competitivo que permitirá que la economía se recupere. En ese escenario, los ingresos no caerán y eso permitirá sostener la actividad local sin poner en riesgo el financiamiento del Estado. “Es una cuestión de perspectiva. Si vemos de dónde venimos, claramente tendremos un mejor 2019. Quizás tengamos sorpresas positivas, aunque de ningún modo es para para festejar por anticipado ni comenzar a gastar a cuenta”, dicen en los pasillos de la cartera económica.
Donde se definen los números
Las expectativas para este 2019 pueden analizarse en varios planos. En cualquiera, habrá que contemplar que el hecho de ser un año electoral con mucho en juego podría llevar al gobierno nacional a relajar algunas restricciones para mejorar sus posibilidades de ganar.
Así, el Banco Central buscará, en el escenario actual, no incrementar el nivel de la base monetaria hasta junio próximo; mantener tasas de interés en torno al 60%; y sostener un tipo de cambio dentro de la zona de intervención para el primer trimestre entre $39,389 y $50,974, con un crecimiento de esos límites al 2% mensual
Mientras, el gobierno nacional apuntará a que la inflación no se escape más allá del 35% (aunque la meta oficial haya sido fijada en 23%, porcentaje en torno al cual serán sujetados los acuerdos salariales con revisión); buscará que el déficit fiscal primario alcance el objetivo del 0% del PBI (ayudado en gran medida por la mejora en la recaudación de retenciones, siempre que el agro cierre una buena performance); y esperará que la mejora de la cosecha traccione unos 5.200 millones de dólares más que el año pasado, los que junto a unos 1.400 millones de dólares del comercio con Brasil y a una caída de las importaciones de bienes y servicios podrían ayudar a mejorar el frente externo.
No menor será para la gestión nacional cubrir las necesidades financieras, ya que este año vencen unos 51.646 millones de dólares. Una parte de esa escalofriante cifra será cubierta con recursos del FMI (11.400 millones de dólares); otra parte provendrá de la mejora de la balanza de pagos y de rollear (renovar) vencimientos de corto plazo (10.800 millones de dólares de vencimientos del año pasado que fueron “pateados” para este año).
Finalmente el mercado -motor de las expectativas- cifra su esperanza en que la inflación comience a descender (y por tanto los instrumentos que rinden ajustando a ese indicador pierdan atractivo); también en que las elevadas tasas para instrumentos en pesos permitan rendimientos en dólares altos por unos meses más; y señalan que los riesgos de la macroeconomía hacen atractivas inversiones en USD, pero de más plazo corto.
Sin embargo, los inversores reconocen que las ganancias de las empresas seguirán complicadas en este escenario de menor demanda (menos ventas), acceso restringido y caro al financiamiento, y alta carga impositiva.
En torno al valor del dólar, se espera que se ubique en torno a los 41 pesos hacia marzo; y desde allí escale a 44,65 hacia junio y alrededor de 52 para diciembre.
Como conclusión, un puñado de factores puede hacernos avizorar un escenario bueno para 2019, pese a que el gobierno nacional suma tres años sin poder resolver los problemas estructurales del país. Uno de ellos es que el efecto elecciones juegue fuerte y logre un buen impulso; otro es que el “efecto Brasil” sea mejor al esperado en términos de la mayor demanda por bienes y servicios argentinos; además de que el desempeño del agro no se vea afectado por el clima y que el fortalecimiento del dólar no impida una recuperación de los países emergentes, y con ello genere un mejor ambiente de negocios.
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