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Adiós a la poeta Mary Oliver

“No tienes que ser bueno. Sólo tienes que dejar que el animal suave de tu cuerpo ame lo que ama", fragmento de Oliver.

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La poetisa estadounidense Mary Oliver, ganadora de un Premio Pulitzer, ha fallecido el jueves último a los 83 años de edad a causa de un linfona, un tipo de cáncer que ataca al sistema inmunológico, informaron medios locales. Su obra sigue alzándose y la eternizará por siempre. Aquí una apretada selección de poemas de Mary Oliver. Para arrancar una de sus obras más preciosas

«Acabo de decirte

algo

ridículo

y en respuesta,

tu gloriosa risa.

son estos los días

en los que el sol

se desliza de vuelta

al este

y la luz en el agua

parece que reluce

como nunca antes.

No puedo recordar

cada primavera,

no puedo recordarlo

todo –

¡son muchos años!

¿Son los besos de la mañana

los más dulces

o los de las tardes

o los de los intermediarios?

Todo lo que sé

es que “gracias” debería aparecer

por alguna parte.

Así que, por si acaso

no puedo encontrar

el lugar perfecto–

“Gracias, gracias”».

El Sol

¿Viste alguna vez

en tu vida

algo

más maravilloso?

la forma en la que el sol

cada tarde,

tranquilo y simple,

flota en el horizonte

entre las nubes o las colinas

o la rugosidad del mar

y se va.

Y cómo se desliza de nuevo

fuera de la oscuridad,

cada mañana

del otro lado del mundo

como una flor roja

que asciende en sus aceites celestiales,

digo, en una mañana a comienzos del verano

a una distancia imperial perfecta,

¿sentiste alguna vez un amor tan salvaje?,

¿crees que hay en algún lugar, en cualquier idioma,

una palabra tan grandiosa

para el placer

que te colma

cuando el sol

te alcanza,

cuando te calienta,

cuando estás ahí de pie,

con las manos vacías?,

¿o ya le diste la espalda a este mundo?,

¿o ya te volviste demasiado loco

por el poder,

por las cosas?

La historia de todos los perros

Tengo una cama, mi cama propia.

Es justo de mi tamaño.

Y a veces me gusta dormir solo

con los ojos llenos de sueños.

Pero a veces los sueños son oscuros, salvajes, terroríficos.

Me despierto y tengo miedo, aunque no sepa por qué.

Y el sueño se me va

y pasan demasiado despacio las horas.

Así que me subo a la cama donde la luna

brilla sobre tu cara

y sé que pronto va a ser de día.

Todo el mundo necesita un lugar seguro.

La próxima vez
 

La próxima vez lo que haría es mirar

la tierra antes de decir algo. Detenerme

justo antes de entrar en una casa,

y por un minuto ser emperador

y escuchar el viento

o el aire inmóvil.

Cuando alguien me hablase para

culparme o alabarme, o solamente por pasar el rato,

le miraría la cara, cómo la boca

tiene que trabajar, y vería cada tensión, cada

signo de lo que alzó la voz.

Y sobre todo, conocería más –la tierra

que se afirma en sí misma y se levanta, el aire

que encuentra cada hoja y cada pluma sobre

el bosque y el agua, y en todas las personas

el cuerpo que resplandece adentro de la ropa

como una luz.

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