La agricultura familiar no tiene cabida en este modelo
Para Paola de los Santos y Analía Real -despedidas en 2016 y 2018- la situación de los pequeños productores empeoró y en el último año se profundizó.
“Vivimos un neoliberalismo tan salvaje que la agricultura familiar no tiene cabida en este modelo”, sostiene Paola de los Santos. Es una de las primeras trabajadoras despedidas en 2016 de la delegación Chaco de la Secretaría de Agricultura Familiar, Coordinación y Desarrollo Territorial.
El mismo día que Jair Bolsonaro asume como presidente de Brasil afirma que en un contexto latinoamericano y regional, el desarraigo de campesinos se profundizó. Así la producción de alimentos no industrializados, en huertas periurbanas parece ser la única alternativa posible.

En una breve entrevista la repasa momentos de agravamiento de un proceso que -admite- ni durante el kirchnerismo se frenó: “Hubo políticas, pero la agricultura familiar no era parte del proyecto de país. Desde la economía social debatimos esto y vemos que sin políticas específicas no hay forma de sustentar calidad de vida”.
De los Santos es veterinaria, se desempeñó como técnica de terreno, referente de zona y acompañó a pobladores que corrían riesgo de perder la tierra donde viven y trabajan.
Antes de que se despidieran más de 300 trabajadores en el país, lamenta que no se haya podido avanzar en la consolidación institucional: la agricultura familiar fue una de las principales áreas borradas de la estructura, resumió a NORTE.

Rearmarse y seguir
Paola es una de las 43 personas despedidas de la delegación nacional en Resistencia. A dos años de haber perdido su principal fuente de ingresos asegura que se reorganizó bastante rápido, gracias a que tomó algunas horas cátedra. También reconoce que al principio debió arreglárselas echando mano a unos ahorros, que hoy percibe un 50% menos que hace dos años y que sin hijos tal vez el tránsito se facilita. Como un 70% de los despedidos eran profesionales de las ciencias agrarias con herramientas para insertarse laboralmente.

“Siento que nos ganaron”
Después de un año marcado por un proceso inflacionario, de mayor endeudamiento, despidos, tarifazos e incremento de la pobreza, Analía Real se desesperanza ante una oposición divida que haga frente al gobierno nacional en las elecciones.

Fuera de ese contexto cita un episodio alarmante. El 12 de diciembre un empleado del área forestal, se suicidó en un patio de la Secretaría de Agroindustria de la Nación. Maximiliano Tadeo Costa había ingresado el día anterior a su puesto de trabajo, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Como las autoridades no decretaron duelo, las actividades continuaron normalmente.
Analía hace una interpretación al margen de los motivos personales de Costa: “La actitud de las autoridades (ordenar que las actividades continúen con normalidad) no me sorprende en absoluto; lo que me entristeció es que los trabajadores efectivamente continúen con sus tareas, que no exijan hacer el duelo, cerrar el ministerio ese día, bajar a la vereda protestar”.
Con decepción plantea que fue una señal de quiebre en los trabajadores: “Al otro día aparecieron comunicados. Los comunicados no sirven para nada. Si un trabajador se quita la vida, lo más preciado que tenemos, y el resto no reacciona, ¿qué podemos esperar? Ese día sentí que nos ganaron”.
Momento crítico
Analía Real es antropóloga, con más de diez años de antigüedad en la temática quedó en la calle. De la provincia de Buenos Aires eligió mudarse al Chaco en 2013 como parte de una nueva etapa personal. Poco antes conoció a su actual pareja, que buscaba lo mismo: emprender nuevos proyectos en un ámbito menos urbanizado. Tuvieron un hijo y cuando parecía que los proyectos familiar y laboral se encaminaban, el 30 de abril de 2018 recibió un telegrama de despido.
Trabajo diario
La tarea de Analía consistió en rearmar el registro nacional de la agricultura familiar (Renaf), aunque su principal tarea fue centrarse en el monotributo social agropecuario, como técnica de terreno (zona 1). “Todo lo que se desmanteló y lo burocrático que es hoy el Renaf va contra el sentido de identificar y fortalecer a los pequeños agricultores”, cuestiona.
Hoy con horas cátedra en un terciario no descarta volver a su tierra en busca de otros horizontes. “Esto es un trabajo y una forma de vida”, dice.










